29/05/11 Domingo
Creo!.
Creo!.
Creo!
Rotundamente afirmo:
“EL RATONCITO PÉREZ EXISTE”.
Pero no solamente puedo decir eso.
Puedo decir muchas cosas más.
Muchas cosas que hasta la fecha desconocíamos.
Hasta ahora, dado que su forma de actuar era con niños y su comportamiento siempre ha sido igual, hemos dado por supuesto que su actuación, suponiendo que se produjera, como así ha sido en mi caso, seria de la siguiente manera:
“Dejas el diente bajo la almohada y a la mañana siguiente encuentras el regalo del Ratoncito Pérez”.
En mi caso no ha sido así.
Tal vez porque se han producido varias variantes a la que Pérez no esta acostumbrado.
A saber:
En primer lugar: la edad.
En segundo lugar: el número de dientes.
En tercer lugar: esa noche estábamos solos Pepe y yo, ya que M. Carmen estaba de guardia. Es decir el adulto que estaba en casa, a su vez era “el presunto niño”.
Si desarrollamos esas variantes obtengo:
Edad: sexagenaria.
Número de dientes: 4
Adulto disponible: de guardia.
Yo: no podía ocupar el papel del adulto. No era serio. Tenía que suceder o no. Ese era el reto.
… Pero a pesar de todo… He tenido mi regalo.
¿Como ha sido entonces?...
¿Que me ha regalado?..
… Os preguntareis…
Paso a narrar, sin más dilaciones, como sucedieron los acontecimientos:
A las 14.30 horas del sábado, llegó M. Carmen a casa después de una larga guardia.
Sin mediar palabra, sin contarme nada del trabajo realizado, me dice:
“Ayer por la noche vinieron unos emisarios a la Clínica y me dejaron esto para ti departe de algún animalucho”.
¡Al oír eso, le dije: debe de ser del Ratoncito Pérez!
Como no supo contestarme, subimos corriendo a mi habitación, ya que debajo de mi almohada seguían “los 4 dientes”.
Por “Arte de Magia”, el paquete cayó junto a los dientes y al abrirlo leo y veo el regalo. !
Aparecen un montón de “chuches” :
Dentaduras de distintos colores y sabores.
Cepillos de dientes, de distintos colores y sabores.
El papel:
Un folio en el que por un lado se ven dibujos infantiles para colorear: dos casas, un coche y una bicicleta.
Por el otro lado y de su puño y letra el siguiente escrito:
“QueridaVicky:
Aquí te dejo unos dientes de recambio para que tengas en stock (¡visto lo visto!) y unos cuantos cepillos para que conserves los que te queden.
Con cariño,
Ratón Pérez (con una preciosa rúbrica) “.
Ya os podéis imaginar la alegría tan inmensa que sentí.
Pero claro, después de eso necesitaba saber como había llegado a sus manos el regalo y fue en ese momento cuando descubrí “la manera peculiar” de trabajo del Ratoncito Pérez.
En primer lugar, firmó “Ratón”, no “Ratoncito”, porque el regalo era para un adulto, adulta, y se puso a mi altura, dándole así un toque solemne.
En segundo lugar, dado lo anómalo del caso, necesitó, como sucede con los Reyes Magos, de unos “pajes”.
Según me narró M. Carmen, sobre las 9 de la noche del viernes, aparecen en la Clínica, Elisita con sus 4 hijos (uno por cada diente), con “un paquete para Vicky”.
Al parecer nadie sabía de qué se trataba.
Solo actuaron de “pajes”.
Solo cumplieron los deseos de Pérez.
Lo que está claro es que necesitó para su Magia la ayuda de niños, de niños como las chuches: “de todas las edades y sabores”.
Niños Pequeños y Niños Adultos que consiguen día a día que la vida siga llena de sorpresas, de ilusiones y de magia.
Gracias pajes!.
Gracias por dejar que conserve todavía, la Inocencia de la Infancia…
Mañana, más.