jueves, 14 de junio de 2018

UN SAN ANTONIO MUY ESPECIAL


Jueves 14/06/18

Hacía meses que era consciente que el día de San Antonio, el 13 de junio, se iba acercando lentamente, disimuladamente, como queriendo pasar desapercibido… pero no lo conseguía.
No era un 13 de junio más, se me venía encima “el 13 de junio de 2018” y esa fecha hacía que su llegada se tradujera en una sensación muy especial: sentía, como si mil fustas perfectamente sincronizadas, emitieran al unísono “el tremendo chasquido” al que mi vida estaba a punto de pertenecer.

Me sentía como un corredor de fondo, por un sendero agradable pero angosto, arropado a derecha e izquierda por una multitud de gente todavía sin rostro que me animaba y vitoreaba mi carrera.

Corría y corría pero como a cámara lenta, dándome tiempo y percibiendo cada década vivida.

A lo lejos se vislumbraba la meta. Parecía que la cinta que tenía que sobrepasar no era difícil de romper pues apreciaba sus ondulaciones.

A diferencia de cualquier corredor sensato, no tenía ningunas ganas de llegar a esa meta. Atravesarla supondría, o así lo creía yo, formar parte de “otro grupo”, ser tal vez “algo o alguien distinto a lo que había sido antes”.
Me tranquilizaba saber que seres muy queridos por mí ya habían pasado por ese tránsito y alegres me esperaba al final de la meta. Seres queridos a los que admiro y quiero más que en décadas tempranas. Seres que demuestran día a día lo que es la nobleza y la dignidad humana que solo el que ama a la vida puede trasmitir.

Sí, me tranquilizaban pero no disipaban todas mis tribulaciones.

Tenía que seguir corriendo, tenía que esforzarme para llegar alegre hasta el final de la década.

Cuando solo me quedaban dos zancadas para romper la cinta… cerré los ojos, extendí los brazos como si fuera a volar, adelanté el pecho y… la cinta se rompió.

Noté que ya estaba dentro.

Abrí los ojos y a derecha e izquierda, la gente que me acompañaba, recobró su rostro…
Eran los mismos de siempre: Era mi familia
Esa familia que crece a golpes de  amor y amistad. Esa familia que mezcla “sangre con camino recorrido”.
Esa familia que hace de mi vida una feria de sensaciones y un laboratorio de buenos propósitos.
Esa familia a la que doy gracias a Dios por tener y al que le pido me conceda estar a la altura por tenerla.

Siempre cuando hablo conmigo misma me veo pequeña, de unos cuatro o cinco años, sentada en una mesa y balanceando los pies.
A esa niña hoy le digo: “felicidades en tu 70 cumpleaños”… pero no me abandones nunca!



Mañana, más.

lunes, 4 de junio de 2018

CONSERVAR LA CABEZA PLATEADA


Lunes 04/06/18


Al alba, tanto en invierno como en verano, salgo con mi taza de café al pequeño jardín delantero de la casa. 
Apoyo los codos en la cancela de hierro pintada de blanco, sujetando la taza con las dos manos, dejando que el aroma del café y su sabor vaya despejando poco a poco mis sentidos.

Voy mirando ese entorno familiar tan conocido, pero tan distinto cada mañana.

Veo el mar, siempre acompañado en época invernal de esa inconfundible maravilla, inundada de colores rojizos que acompañan a la salida del sol.

En verano, veo el mar, pero aunque sea “la misma hora” ya el sol ha abandonado su despertar rojizo sin dejarme por tanto que lo vea. 
A cambio me obsequia con el canto de los mirlos. 
Un canto sin estridencias, casi sin ritmo. 
Lo percibo más bien como un susurro, como un murmullo. 
Parece que hablan entre ellos y a mí me encanta creer saber, lo que se dicen.

Veo el grupo de pinos y me gusta estar tan cerca del Mediterráneo.

Justo delate, enfrente de casa, están las palmeras. 
Las hemos visto crecer. 
Están preciosas, altísimas. 
Me recuerdan a mi Alicante y quieras que no, me reconfortan. 
Mirándolas comprendo y comparto los versos de mi paisano Miguel Hernández: “alto soy de mirar a las palmeras”… y es que no puede ser de otra manera…

Y por fin llego al olivo que está en la casa de la esquina.

Desde que lo plantaron era “un señor olivo”, grande, recio, majestuoso.  
Durante más de 20 años, al mirarlo, me he dejado impregnar de ese color grisáceo, plateado de sus hojas. 
Ese color, sin color que tienen los olivos sustentados por un tronco retorcido, severo, potente.
Hará unos dos años que lo podaron totalmente.
Cada mañana, le lloraba sus hojas.
Cada mañana esperaba el milagro.
Cada mañana lo he ido mirando y mirando preocupada por su destino.
Una mañana le empezaron a salir hojas verdes, muy verdes, muy brillantes.
Mañana tras mañana iba creciendo hasta conseguir ser tan frondoso como antes.

El que no lo conozca, el que lo vea hoy, creerá que es un olivo “joven”, pero es mentira. Yo sé que es mentira. Él sabe que es mentira.

Él y yo estamos esperando que una mañana sus hojas recobren la plata perdida que solo se consigue con el paso de los años y que producen un respeto imponente.






Mañana, más.




lunes, 19 de marzo de 2018

¡MALDITA PLANCHA!


Lunes 19/03/2018


Solo un breve apunte sobre el 8 de marzo, día Internacional de la Mujer que a su vez en esta ocasión, generó una huelga feminista en España con carácter multitudinario.

Una vez más hubo una movilización, esta vez histórica, por la igualdad de las mujeres. Contra la discriminación, el acoso y la violencia.

Una vez más se pidió “lo obvio”, pero una vez más se hacía patente ante el clamor popular que aunque hemos conseguido muchísimas cosas  y ante “las leyes” casi todo, aún hay parcelas en la vida en las que no se actúa de la misma manera si eres mujer o si se es hombre.

Fui una mujer más en medio de tantas y tantas mujeres.

Escuché sin querer un montón de comentarios:

-         Aunque me viene fatal que me descuenten este día de la nómina, por bien pagado lo doy.

-         No me ascendieron porque alguien comunicó a los mandamases que estaba embarazada.

-          Aquí no tengo familia. Si se pone mi hijo enfermo, se da por hecho que tengo que faltar yo al trabajo y no mi marido. Eso me genera doble angustia, por el niño y porque me van a llamar la atención.

-         Volvía a casa de una cena. Las calles estaban solitarias. Cambié de acera cada vez que veía acercarse “a un hombre”, seguramente era una bellísima persona… pero por si acaso.
¿Por qué será que si veo a una mujer o a un grupo de mujeres acercarse hacia mí, no se activan todas las alarmas y sigo tan tranquila mi camino?
Ellos no tienen “miedo” por las calles. Nosotras sí.

-         Ya sé que es buenísimo. Si me quejo es por vicio. Pero no me cabe en la cabeza como cuando el sale antes del trabajo, a pesar de las veces que me he quejado, sigue tan tranquilo diciéndome cuando llego: “es ya muy tarde y los niños aún están por duchar…”.
“Te he esperado a cenar”. ¡Que bien!. ¿Qué has hecho?.
“Nada. Te estaba esperando para cenar…”


… Y así, otro y otro comentario…


Pero el que más “me dolió” y el que más claro me hizo ver “que esto no se arregla si no se hace un baldeo a fondo, educacional en cada una de las casas de todo el mundo”, fue este:

-         Ha sido maravilloso ver a tantas y tantas mujeres reivindicando nuestros derechos.
Me voy corriendo, que hasta que salgan los niños del colegio tengo tiempo para “ponerme al día con la plancha”…


… Me parece que el año que viene tendremos que reivindicar lo mismo…




Mañana, más.

lunes, 5 de marzo de 2018

DE ZIPI Y ZAPE A NUESTROS DÍAS.


Lunes 05/03/18

… Y como te has portado mal, te vas ahora mismo a tu cuarto y te sientas en “la sillita de pensar”. No te levantes hasta que estés arrepentida…

Ese estilo de cambios, me indigna.

Y me indigna porque pretenden “suavizar temores”.

Cuando Don Pantuflo Zapatilla envía a Zipi y Zape “al cuarto de los ratones” tras hacer una travesura, lo único que hace es mandarlos “castigados a lo que ahora llamamos la sillita de pensar”.

Da igual como lo llamemos. Los niños solo perciben “un castigo”.

No tienen edad para saber ni comprender que nuestro propósito es que “piensen lo mal que se han portado”.

Aprenderán a fuerza de repetirles que eso “no se hace”, independientemente “del sitio donde deben de cumplir su pena”.

Hoy en día “la sillita de pensar es lo mismo que el cuarto de los ratones de Zipi y Zape”.

No creo que gracias a ese cambio “suavizante”, nos salgan “niños filósofos”.

Los niños, no saben nada!, pero aprenden rápido.

De ahí lo importante de lo que ellos perciben dentro y fuera de casa.

Últimamente se escucha con mucha frecuencia dos aspectos de la vida infantil:

Por un lado, “deberes si, deberes no.”

Por otro, “estamos criando a niños blanditos”.

No es que yo sea, ni lo pretendo, “una gran pedagoga”, pero sí que esas cosas,  a modo del Guadiana que aparecen o desaparecen según les dé a “los medios “sacarlas nuevamente a relucir,  me hacen reflexionar e incluso me atrevo a opinar sobre ellas.


“Deberes si, deberes no”

Lo que está claro es que aunque seas la persona más inteligente del mundo y por consiguiente entiendes cualquier materia que te expliquen, como no estudies eso mismo que tan bien has comprendido, lógicamente lo olvidarás y no podrás decir media palabra sobre cualquier tema que te pregunten.

Si la revolución francesa fue el 14 de julio de 1789, bajo el reinado de Luis XVI… como no te lo estudies… mal vamos.

Si la fórmula de la energía cinética es ½ de la masa X la velocidad al cuadrado… como no te lo estudies… mal vamos.

Si te preguntan cuándo se forma el corazón y no sabes decir que empieza a formarse a la 5ª semana de embarazo y que los latidos del corazón se aprecian en la ecografía a partir de la 6ª semana… como no te lo estudies… mal vamos.


… Y así todo.

Hay que fomentar el estudio.

Deberes sí.  No miles de deberes pero si los suficientes para crear hábito en el estudio.

Nadie regala nada, salvo que tu máxima aspiración en tu vida sea “presentarte a Gran Hermano”, ya que en ese caso, cuanto peor, mejor.

Pero si seguimos frivolizando, hasta para OT, necesitas saber inglés, saber música, trabajar sin parar para memorizar letras y letras de canciones y horas y horas para aprender la coreografía.

Que no todo es “llegar y besar al santo”.


“Estamos criando a niños blanditos”

A los de alrededor, a los que conozco, no los veo ni los considero así.  Sin lugar a dudas porque la protección que deparan a sus hijos no consiste en cortarles las alas, sino a enseñarles a enderezar el vuelo.


Me voy a la sillita de pensar…





Mañana, más.






viernes, 2 de marzo de 2018

DE UNA CANCIÓN A PICASSO.


Viernes 02/03/18

Los que me conocen me habrán escuchado decir muchas veces, cuando el tema lo requiere, que mi canción favorita, por “lo que dice” es: Solo le pido a Dios, cuyo autor es León Gieco, aunque quien la hizo famosa fue Mercedes Sosa.

La he escuchado por otros cantantes, siendo la versión de Ana Belén con Antonio Flores de quien guardo un recuerdo especial.

Me gusta por esa frase que se repite: “Solo le pido a Dios, que el dolor no me sea indiferente”. Se lo he pedido siempre y se lo sigo pidiendo.

Se lo he pedido por mi profesión de médico y puedo decir con gran orgullo que me lo concedió.

Jamás he vivido “un caso interesante”, “un diagnóstico brillante”, “una posible publicación”. Jamás. Jamás.

Siempre me ha dolido profundamente ese “diagnóstico brillante” que a su vez tanto dolor ha provocado.

Siempre, cada día cuando empezaba las exploraciones ecográficas me decía: “ojalá no veas nada malo”.

Siempre he sido feliz “diagnosticando la normalidad”. Para mí, el mejor diagnóstico era “la rutina para otros”.

… y es que es tan difícil con los tiempos que corren, ver tantas, tantas injusticias, tantas desgracias a todas horas y que despierten en nosotros una milésima parte del dolor que la noticia provoca en tantas, tantas personas…

Por eso hoy y siempre canto: “solo le pido a Dios, que el dolor no me sea indiferente”…


Siempre que veo esas grandes devastaciones ya sean por culpa del terrorismo, las guerras o por accidentes atmosféricos, se aparece ante mí la imagen del Guernica.

No es casual que el Guernica esté pintado con toda la gama de grises.

Es que la desolación es gris.

Es que la tragedia es gris.

El dolor en su grado máximo está exento de colores. Da igual que sea de día o de noche. El dolor es gris.

Las imágenes que nos llegan después de un 11S, un terremoto, bombardeos en Siria… son “cuadros y cuadros del Guernica”.


Ojalá que algún día las noticias se llenen de COLORES.






Mañana, más.


miércoles, 21 de febrero de 2018

MIS AÑOS 20


Miércoles 21/02/18

Lo digo siempre y lo repito: la inmensa mayoría de las veces que me siento a escribir, no sé lo que voy a decir, hasta el punto de considerarme “la primera lectora de mi misma”.

Pero hay algo que no cambia nunca.

Al sentarme y como consecuencia de mi imaginación que no para de situarme en lugares cuanto más absurdos, mejor… siempre me imagino de la misma manera:

Me convierto en uno de esos periodistas de los años 20 del siglo pasado (siempre me ha fascinado esa época y muchas veces pienso que estoy viviendo yo también esos “años casi 20 de este siglo” y quién  sabe si pasados 100 años más, los que vengan, los admiren como lo hago yo) que después de conocer la noticia, salen disparados a sus redacciones para aporrear frenéticamente su máquina de escribir. 
Me pongo “la visera y los manguitos”  y ya estoy dispuesta a escribir lo que “vaya saliendo”.


Siempre he necesitado “una especie de disfraz” cuando he hecho algo que se repite continuamente, como si de esa manera desdibujara lo que estaba haciendo y a su vez que me resultara más agradable.

Lo más significativo era cuando tenía que estudiar y los exámenes estaban a la vuelta de la esquina.

Tenía “dos maneras de afrontar, con cierta diversión, tan incómodos momentos”:

-         Me ponía un sombreo blanco de cowboy. Abría la ventana de tal manera que podía “verme “reflejada en el cristal, cosa que me producía una gran paz y gran admiración hacia mi persona.

-         Otras veces, según el ánimo inicial, me transformaba en un indio, para lo cual tenía varias cintas de colores que me colocaba alrededor de la frente. La ventana siempre dispuesta para “verme”.

-         Encima de la mesa:
Una taza de café.

Un montón de rotuladores para ir subrayando los apuntes y haciendo que sus colores iluminaran alegremente mi mente. ¡Lo que hubiera dado porque en esa época existieran ya los iluminadores…! Y es que me fascinan, sobre todo el verde, el amarillo y el rosa. Hubiera podido conseguir más alegría en los apuntes, ya que más de una vez, en vez de subrayar, lo que hacía  era tachar lo escrito. Pero era lo que había y para mí los colores eran imprescindibles.

Tres clases diferentes de tabaco: 
Chesterfield sin filtro, tal vez para poder sentir esa brizna de tabaco que tenías que atrapar cuidadosamente de la lengua, ya que esa sensación con los cigarrillos con filtro había desaparecido de mi vida y no estaba dispuesta a ello.
Lark, para poder, una vez finalizado el cigarrillo, apretar con los dedos el filtro, dando movimientos de rotación, hasta que aparecía esa especie de carboncillo que llevaba dentro.
Paxton, cigarrillo mentolado para cambiar por completo el gusto del tabaco.
Un hermoso cenicero que procuraba tener limpio el máximo tiempo posible. Nunca me han gustado los ceniceros “llenos”. Mi hermana Carmela para esto era una artista. Hace tiempo que lo dejó pero aún recuerdo su rapidez en estos menesteres.

Una pistola de juguete, pero perfecta. Su misión era “poder suicidarme siempre que lo creyera conveniente”, cuando se me atragantaba un tema.

… y así, a lo tonto, a lo tonto… me hice médico.


Ahora de todo aquello me queda “un sombrero blanco de Panama Jack” que cumple en verano, todas mis expectativas.





Mañana, más.


lunes, 19 de febrero de 2018

QUE NO ME ESPEREN EN "MAESTROS DE LA COSTURA"



Lunes 19/02/18

Nunca me he planteado presentarme a un concurso de la tele.

En esta ocasión he visto claramente “al que NO podría presentarme, jamás”.

No pienso “presentarme a Maestros de la costura”.

Esta seguridad, “esta decisión tan firme”, es fruto del resultado de dos generaciones.


Mi abuela Aurora era costurera, una buena costurera.

Contaba con orgullo que le cosía a la esposa del Barón del Bosch.

La baronesa, contaba, le enseñaba figurines y le decía:

-        ""  A ver, Aurora, si puedes hacerme un traje como el de esta revista…

Y luego nos decía:

-         Se lo confeccionaba, aunque la baronesa contaba a sus amistades que lo había comprado en París…

De eso mi abuela estaba muy orgullosa y también del trato que recibía:

-         Yo no comía con el servicio. A mí me servían la comida en una salita aparte.

Pero a pesar de su buen hacer, a ella no le gustaba “la esclavitud que conllevaba el saber coser”.

Cuando se casó, decidió dejarlo, pero claro, “ella sabía coser y también lo sabían las vecinas…”

Eso implicaba que a ella y a sus cinco hijos (cuatro chicas y un chico), les hacía los vestidos y para colmo, no podía rechazar a esa vecina que le decía:

-         ¿Aurora, me puedes arreglar esta falda?

-         - ¿Aurora, me puedes coger el dobladillo de estos pantalones?

Definitivamente no le gustaba, hasta el punto que no solo no enseñó a coser a ninguna de sus hijas, sino que decía con frecuencia:
-         Solo le pido a Dios que ninguna de mis hijas sepa coser.

Y Dios… se lo concedió!

Ni mi madre ni mis tías han sabido dar un punto.

Se decantaron todas, por ese término tan amplio de “oficinistas”.

Nosotras somos cuatro hermanas y sobre nosotras también ha llegado “la Gracia de Dios”…

Mi hermana María Eugenia se salva un poco. 
Ella es “especialista en remiendos. En aplicación de parches”, pero todo de forma “bastante precaria y sui géneris”.

Me explico.

Tiene unas zapatillas de ir por casa desde hace mil años y se resiste a tirarlas a la basura. Para ello ha tenido que ingeniárselas construyendo parches en el roce producido por los años en la parte correspondiente al dedo pequeño… una auténtica filigrana que provoca la risa a todas las hermanas, pero que a la vez lo contemplamos con gran respeto.

Curiosamente es su hija, es decir la biznieta, la que de forma innata, sabe coser maravillosamente. 
Es autodidacta, pero hace unos vestiditos perfectos, preciosos a muñecas. 
Aunque en esta ocasión “disfruta” con lo que hace.

Es tal su habilidad que hizo a ganchillo un muñeco que es la reproducción exacta de su marido Raúl.

Con ella, Dios nos falló un poco…


Pero volvamos al principio de esta historia. ¿Por qué yo sé que NO concursaré en Maestros de la Costura?

Porque en el colegio yo sufría como loca en las clases de costura.

En esas clases teníamos que coser “pañitos” y presentarlos para recibir la nota correspondiente.

Los “pañitos” tenían el tamaño aproximado de una octavilla y allí tenías que plasmar lo enseñado en clase.

Recuerdo perfectamente “mis pañitos”.

Llegaban sucios y arrugados de tantas manipulaciones. De tanta corrección. (Cuando tuve algo más de cultura, comprendí que era una Penélope en pequeño).

La cadeneta, la sabía hacer pero… “los ochos” eran totalmente desiguales.
Unos flacos, otros gordos… nada homogéneos.

El festón, lo mismo. Lo hacía, pero aquello parecía más una gráfica que un festón, pues lo mismo mantenía la altura como me pasaba de ella.

Los ojales… ¡Ay los ojales!... los hacía (yo todo lo hacía…) pero de tal forma, tan a conciencia, tan bien punteados que luego no cabía el botón… y al revés, como cosiera un botón, lo apretaba tanto que el ojal no podía entrar aunque fuese amplio.


Y así fui pasando los cursos, a trompicones, hasta que apareció ante mi “EL PUNTO DE INCRUSTACION”.

Eso ya fue demasiado!. Era imposible aprenderlo!

Por mucho que me lo explicara la madre María Luisa, yo no podía con él. 
Tanto es así, que vi claramente que el suspenso planeaba sobre mi cabeza. 

Decidí, en señal de buena voluntad, proponerle a la madre María Luisa que me lo enseñara los sábados por la tarde, que estaba dispuesta a todo con tal de aprenderlo.

Fui tres sábados seguidos, al cuarto, al verme, me cogió muy cariñosa por el hombro y me dijo:

-         Victoria, ya no vuelvas más. No estás dotada para la costura. No te preocupes te aprobaré igualmente…
-          
A mi Dios, me colmó con sus bendiciones.






Mañana, más.











miércoles, 14 de febrero de 2018

ADORO. ME GUSTA. ODIO.


Miércoles 14/02/18

Siempre que inicio un escrito, hay “algo” que me ronda por la cabeza.

Hoy hay tres cosas que saltan como chispas por mi mente.


La primera es la palabra “entornar”.

Me encanta. Es tan sutil, tan precisa que me sorprende tanta perfección para querer decir algo.

-         No, no la cierres del todo. “Entorna” la ventana.

-         Solo “entorna” la puerta para que no nos vea todo el mundo que pase, pero que corra el aire.

-         Te he dicho que cierres los ojos. Estás haciendo trampa, solo los “entornas”.

Si te dicen “cierra la puerta”, es una orden y su ejecución no requiere cuidado alguno. Se cierra y en paz.

Pero si te dicen “entorna la puerta”, requiere pensar, ser cuidadoso, decidir qué grado de apertura dejas. Se suma la voluntad del que da la orden y la del que lo ejecuta.

Sencillamente la considero “una joyita del vocabulario español”.



La segunda es que no puedo obviar que es San Valentín.

Si, un reclamo de la sociedad de consumo… y qué?

… pues eso!. Que hoy es “el día de los enamorados”.

Siempre recuerdo a mi madre, en un día como hoy, cantando:
“Hoy es el día, de los enamorados…”

Y añado más: mi madre a mi padre le cambiaba el nombre según le venía en gana. Concretamente hoy cantaría:

“Hoy es el día, del BRUCIO enamorado y lo único que importa es el amooorrrrr”, para acabar riéndose por llamarlo así solo en un día como hoy.

Mi madre, cuando empecé a estudiar la carrea de medicina, fuera de casa, me escribía una carta cada día. Así me tenía al corriente de todo lo que pasaba en la familia. Cuando terminaba la carta, siempre decía: “ya sabes que te quiere tu fiel y leal… GRACIAN”

Gracián era mi madre en las cartas.

Más de una vez he pensado “que de haber sido alguien”, Gracián, sería mi seudónimo.

¡Quien pudiera en un día como hoy, abrazarme al Brucio y a Gracián!

Por estos sentimientos es por los que vale San Valentín. En un día como hoy, soy consciente de a quién quiero y de a quién he querido con toda mi alma.

Tal vez por eso me emociona escuchar a Rocío Jurado “que no daría yo, por empezar de nuevo”, en su versión flamenca.

Si, que no daría yo… por ese abrazo…!



La tercera es que no puedo comprender, como siendo tan molesto, tan entorpecedor al sacar y meter la tirilla de las pastillas, no me atrevo a tirar a la basura el prospecto del medicamento.

Odio los prospectos. Cada vez más grandes. Cada vez más voluminosos.

 Cada vez ocupando más y más la caja… y ya ni te cuento como te lo leas… el volumen crece y crece porque es imposible volver a doblarlo como estaba antes y la dificultad en el trasiego de las pastillas es tremendo.

Pero… no puedo tirarlo…


Resumiendo:
Adoro la palabra “entornar”.

Me gusta San Valentín porque aunque no quieras “sabes que es el día de los enamorados”.

Odio los prospectos.






Mañana, más.

  

miércoles, 7 de febrero de 2018

QUIERO PAN CON CHOCOLATE

Miércoles 07/02/18

Por la noticia que he leído, pienso que es imposible que con los tiempos que corren se pueda llevar a cabo.

No quiero ni pienso entrar en la “esencia del problema”. 
No estoy preparada. 
Mis escritos son cortos y hablar del tema en profundidad me llevaría a escribir un libro, cosa que no pienso, ni quiero hacer.


Pero “la noticia” en sí misma, me ha dejado como “mal cuerpo”.


No puede ser que en pleno siglo XXI se sigan aplicando castigos tan obsoletos y mezquinos, envueltos de una pátina aparentemente nimia, no por ello menos corrosiva, aunque de apariencia poco importante, pero que a mí me ha trasladado a  una novela de Dickens.

Si se aplicara a un niño, rápidamente las críticas estallarían en todas las redes sociales y lo más seguro es que no se llevaría a cabo.


Pero no, “la noticia” trata de “un castigo” que deberá cumplir un adulto.


Como el castigo es tan pueril, aun chirria más si quien lo tiene que cumplir es un adulto.


Si el castigo me lo aplicaran a mí, me daría hasta vergüenza acatarlo.


No es serio que una persona mayor, con toda una vida tan dedicada a su trabajo y tan reconocida en muchos sectores tenga que cumplir esa “especie de tontería” pero que por ser impuesta a un adulto lleva una connotación perversa.

La noticia dice:
“Estará quince días sin salir al patio”.

¿El próximo castigo será quitarle el “pan con chocolate de la merienda”?.


No me gusta.




Mañana, más.





lunes, 29 de enero de 2018

BUSCANDO JUSTICIA

Lunes 29/01/18

Empezamos la reunión.

- ¿Alguien sabe de dónde ha salido esta solicitud?

- No, señor director.

- Pero alguien la habrá puesto encima de mi mesa, digo yo!

- ¿De qué solicitud se trata?

- Perdonad, ha sido tal mi sorpresa que he lanzado la pregunta sin pensar que ninguno de ustedes tiene conocimiento de la misma.


 Coge el escrito. Lo lee nuevamente. Lo tira sobre la mesa. Se quita las gafas y tras mirar uno a uno a sus colaboradores, les dice:

-         Es la solicitud más extraña que he recibido a lo largo de mi carrera y tengo que reconocer que aun leyéndola no acabo de entender bien de que se trata. Todo esto me suena a “enigma”, o en su defecto a “broma”.
Os la voy a leer, a ver qué les parece.


“A la atención del Director de la Real Academia Española.

Querido Darío, ya ha pasado mucho tiempo desde que en Madrid bajo el reinado de Felipe V, allá por el año 1713, Don Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga fundara la RAE que actualmente tan dignamente presides.

Tiempo más que suficiente para que de una vez por todas se haga justicia a una de nuestras más preciadas letras.

Si fue bajo el reinado de Felipe V cuando se fundó, que mejor momento que este?.
Todo el mundo recordará que fue bajo el reinado de Felipe VI cuando la RAE rectificó y puso a esa letra en el sitio que siempre debió de estar.

Sé muy bien, Darío que mi carta te resultará peculiar, pero no me cabe la menor duda que he sembrado en ti una “cierta curiosidad” que espero trasmitas a tus colaboradores, ya que sin ellos tampoco mis deseos de justicia podrán llegar a buen puerto.

Solo añadir que mañana, a la misma hora, recibirás mi propuesta.
Esperaré tranquilo vuestro veredicto”.


Tras finalizar la lectura, el silencio se vio turbado por murmullos que venían de los grupos de Académicos con “letra mayúscula” y por los de “letra minúscula”.

El Director dirigiéndose hacia todos los Académicos, comentó:

-         Veo que también en vosotros ha despertado un sentimiento nuevo al que venimos sintiendo habitualmente. No estamos acostumbrados a este tipo de “solicitudes” que encima desconocemos en su totalidad.


-         Señores! Se levanta la sesión. Mañana quedará aclarado todo o… eso espero.


Jamás hasta hoy, se había visto tal puntualidad en ocupar a sus señorías sus respectivos sillones (los de la letra minúscula algo más pequeños).

Efectivamente encima de la mesa del Director había otro documento.
Se puso las gafas y lo leyó para sí. Finalizada su lectura, se quitó lentamente las gafas, las dejó con cuidado encima de la mesa, alzó la mirada y dirigiéndose hacia sus colaboradores les dijo:

-         Sí, creo que es momento de hacer justicia.
-         Paso a leeros el documento sin más dilación:

“A la atención del Señor Director y Académicos de la Real Academia Española:
Señorías, en vuestro, nuestro, Diccionario reza así:
“Letra inclinada hacia la derecha imitando la manuscrita”.
Si señorías, me estoy refiriendo a la “Letra Bastardilla”.
Creo que ha llegado el momento de recibirla en nuestra Casa como merece.
Ya desde su origen no se la consideró “Bastarda”, se la calificó de “Bastardilla”, por lo que deduzco que aunque se decidió que era “hija de padre desconocido” alguna “idea se tendría de su progenitor”, de lo contrario la hubieran denominado simplemente “Bastarda”.

Apelo a la sensatez de sus señorías, esperando pongan a disposición de dicha letra, tan injustamente maltratada a lo largo de tantos años, todos los conocimientos actuales sobre grafología y ADN.

Esperando ver en breve el resultado de sus investigaciones, me despido respetuosamente de ustedes”.

El Director se puso en pie. Dando unas breves palmadas dijo:
-         ¡Señores a trabajar!
Seguro que encontramos en nuestros archivos los datos suficientes para aclarar de una vez por todas, su auténtico origen.

Todos se levantaron eufóricos. Se sabían necesarios y orgullosos de tan delicada misión.

El Director se sentó en su sillón y como hablando para sí mismo dijo:
“No les he querido leer la P.D. para no influenciarlos”.

La P.D. rezaba:
“Creo que es Dalí”.



Mañana, más.



  





lunes, 22 de enero de 2018

LUCHANDO POR MI APARCAMIENTO

Lunes 22/01/18


Antes de entrar en el tema que hoy me preocupa quiero hacer un breve apunte de dos situaciones que hoy he vivido:

Primera, relacionada con la segunda:

Tenía que aparcar el coche. 
Me daba mucha pereza ir al parking. 
Con gran fe esperaba encontrar un sitio en la zona verde. 
Con gran alegría veo un sitio, me dirijo hacia él, cuando de forma inesperada aparece otro coche y en décimas de segundo, con una maniobra magistral, me lo quita.

Podéis imaginaros la rabia que me ha entrado.

He bajado del coche y con toda la educación que he podido le he dicho que ese aparcamiento lo había visto yo antes y que me lo había quitado con muy malas artes.
 El conductor me miraba, me escuchaba pero no decía nada.
Esperando cualquier tipo de disculpa, de escusa o de lo que fuera, veo que su coche lleva la pegatina de autorización para aparcar en sitios de minusválidos.
 Al ver el distintivo le digo: … además aquí no puede usted aparcar que no es zona de minusválido, de la misma manera que yo no puedo aparcar en la zona reservada para ustedes.
Me seguía mirando pero sin decir nada, absolutamente nada.

En eso que de forma providencial aparece un guardia urbano. Le explico lo sucedido e insisto en el detalle que él está ocupando un lugar que no le corresponde.
Como el urbano veía yo que no tenía muchas ganas de entrar en litigios, le digo lo más seria que he podido: ¿verdad que usted me multaría si estuviese ocupando un aparcamiento de minusválido?... entonces… ¿por qué no le multa a él que está ocupando un aparcamiento al que yo tengo derecho?

El conductor seguía callado. El urbano no decía media palabra aunque asistía con la cabeza como dándome la razón.

La única que seguía hablando era yo: ¡cumpla con su obligación!.

En eso que el coche aparcado delante, sale. El urbano con una gran sonrisa de alivio me dice: aparque, aparque ahí y se acabó el problema.

Aparco. Salgo del coche y le digo al urbano: si, pero usted no ha cumplido con su obligación!.

Pensativo y algo molesto me mira. Coge el talonario de multas y después de escribir en él, arranca el papel y me lo da diciendo mientras se iba: creo que esto que estoy haciendo es lo más justo.

Me quedo en medio de la calle parada, con el papel en la mano, mirando como se marcha el urbano.

Abro el papel y leo: “Vale para un aparcamiento en zona de minusválidos”.
Me ha entrado risa, pero… me ha parecido justo.


Segunda, relacionada con la primera:

Una vez el coche aparcado, entro en los consultorios pues tenía visita médica rutinaria.

Eso de estar ahora “al otro lado de la mesa”, es bastante incómodo, pero es lo que toca…

He ido contestando a todas sus preguntas. Cuando hemos llegado a la que “temía” he seguido demostrando gran naturalidad.
-         ¿Sigues fumando?
-         Ahora he conseguido fumar solo de 4 a 6
-         Si es así, está muy bien. Pero mejor 4

Menos mal que no hemos entrado en detalles. La verdad es que de 4 a 6 de la tarde me fumo “varios paquetes…”

Bueno, como me he explayado más de lo que pensaba, dejo para mañana lo que pretendía escribir.





Mañana, más.