19/04/13 Viernes
Hoy si que lo tengo mal para escribir.
Me vienen flases de inspiración, pero sin ninguna
ilación.
De momento tengo que comentar que me he tenido que meter
en el diccionario de Internet, porque he escrito “ilación, con hache, y el corrector
me ha dicho que nanai de la China, que se escribía sin hache. Efectivamente va
“sin hache”.
Me ha sorprendido porque creía que venía “de coser con
hilo un concepto a otro” y no. Ilación no necesita “hilo”, lo lleva incorporado
en si mismo.
Siempre se aprende algo.
Los flases, son más bien imágenes esperpénticas del
día a día.
Me viene a la cabeza “el pelo de Fátima Báñez” y no puedo
ser “ni graciosa”… es tal desatino…que hasta le veo su mérito. ¿Cómo es posible
conseguir ese casquete cuadrangular en una cabeza?.
Estoy por recortar su foto y con ella ir a la pelu para
que me hagan, junto a las mechas californianas, tan increíble peinado.
Con lo de “los peinados” yo tengo mis opiniones
particulares.
De todos es sabido que “si te casas” o si vas de “ceremonia”,
a la que te descuidas ¡van y te hacen un moño!
Yo, como todo hijo de vecino, he sufrido esa experiencia.
Pero solo una. Desde entonces jamás me he dejado embaucar.
Reconozco que he tenido que luchar contra viento y marea,
pero solo, solo una vez en mi vida “me he dejado hacer un moño”.
Paso a narraros mi primera y única experiencia de tal
desatino:
Se casaba mi hermana Aurora.
Era el primer y gran acontecimiento en nuestra familia.
Las cuatro hermanas junto con mi madre, sumábamos nada
menos que ¡cinco mujeres dispuestas a “darlo todo por la belleza y elegancia”!.
Jamás nos habíamos encontrado en situación parecida.
No solo había que buscar el mejor y más favorecedor traje
de novia.
Teníamos que encontrar además “cuatro modelitos
maravillosos” para no desmerecer el evento.
Por aquellos años, no era cuestión de patear tiendas
hasta encontrar el modelo adecuado.
Nada de eso.
Había que meterse en “revistas de modas con figurines”,
elegir lo que creías que te sentaría mejor, buscar la tela adecuada y después
con todo eso la modista te hacía…¡lo que le daba la gana!
Una, inocente, se dejaba llevar por esa marea, creyendo
que “solo era posible actuar así”. No olvidéis que era mi primer contacto con
esas situaciones.
Conforme se fraguaba todo ese tipo de vestimenta, nos
dimos cuenta, bueno se dieron cuenta, no olvidéis que soy la pequeña y nada
contaba, que había que llevar “pamelas” para conseguir “el colmo de la
elegancia”.
Tengo que reconocer que tanto la novia, como mi madre y
mis hermanas lo consiguieron con creces.
Pero…hete ahí que estaba la hermana pequeña: yo.
Totalmente desorientada y totalmente entregada a las
decisiones “de las cuatro mujeres”.
Para mi decidieron un traje verde.
Como era verano el traje era sin mangas.
Como la boda se celebró en la Catedral de Gerona,
oficiada por el Señor Obispo, había que “tapar esos brazos” y al traje se sumó
una torerita del mismo color y de la misma tela. Creo recordar que era de “seda
salvaje”…y tan salvaje!.
Tengo que reconocer que el vestido era “mono, muy mono”,
pero no tenía nada que ver conmigo.
Las “tres mujeres” eligieron sus pamelas, francamente
bonitas y muy apropiadas para los diferentes atuendos.
La “cuatro mujeres” llegaron a la conclusión que yo “era
demasiado pequeña para llevar pamela o algo similar” de tal manera que a mi me
compraron “una especie de chichonera” de color pajizo que yo no acababa de
“comprender sus efectos en mi persona”.
Pero yo seguía confiando en ellas.
Llegó el día de la boda.
En casa estaba la modista y la peluquera.
Después de que todas estuvieron arregladas, la peluquera
me cogió por banda.
Sin preguntar y sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo
me hizo en muy breve tiempo “un descomunal moño” en el que era muy difícil
“adaptar la chichonera”.
La “chichonera” al final se adaptó a la fuera, a base de
horquillas.
Yo me sentía “como esas mujeres que llevan cántaros de
agua a la cabeza”. Llevaba la cabeza inmóvil por temor de que en plena
ceremonia “la chichonera” rodada por el suelo.
Dado su formato, si caía podía “rodar”.
No pasó nada.
La boda fue maravillosa.
Pude bailar sin parar y sin percance alguno.
Pero…
Pero yo ese día supe que a mi no me hacían un moño en mi
vida.
Pero yo ese día supe que ir de ceremonia no es ir
“disfrazada de otra persona”.
Pero yo ese día supe que a partir de ese momento, gustara
más o menos, me tenía que gustar a mi misma y reconocerme cuando me mirara en
el espejo.
…Y así fue!
…Y así sigo!
…
…
Ahora estoy a punto de “dar otro salto”, de dar “una
pirueta de rebeldía”.
Pero esa me cuesta más.
Y es que:
¡Estoy harta de los minúsculos bolsitos de ceremonia!.
¡En esos “bolsitos”…no cabe nada!
Por no caber no cabe ni el monedero.
Tienes que coger el DNI, el carnet de conducir y la Visa.
Se te olvida el dinero.
No tienes ni una perra gorda para “dar algo” cuando pasan
el cepillo en la iglesia.
Apretando mucho consigues meter el móvil, el tabaco y
unos clínex, no sea que te emociones en la ceremonia.
Con suerte puedes cerrar “el bolsito” con esas cuatro
tonterías, aunque luego si necesitas algo y lo mueves un poco ya no habrá forma
de cerrarlo, lo pongas como lo pongas.
¡No quiero llevar bolsitos pequeños!
¡No quiero!
Ya veremos si lo consigo…
Se que esto lo tengo más crudo…
Mañana, más.