martes, 23 de abril de 2013

UN DIA ESPECIAL DE VERDAD

Sant Jordi 2013
 
 
Hoy es de esos días en los que sientes lo bonito que son las tradiciones, pero las tradiciones  “de verdad”.
Porque hoy es “un día especial de verdad”.
En toda Barcelona, en cada esquina, hay un puesto con rosas.
En toda Barcelona, en cada esquina, los libreros montan un puesto con libros y rosas.
Toda Barcelona se echa a la calle a comprar libros y rosas.
Toda la calle esta llena de gente con rosas en la mano.
Todos se acuerdan de sus seres queridos y a todos les regalas una rosa.
 
Hoy es un día precioso.
De los días más bonitos del año.
 
Por suerte hace sol y eso hace que todo luzca más y se pueda saborear mejor.
 
Los del taller de Pepe también tienen su puesto de rosas.
Pepe tiene el turno para vender de 12.45 a 13.30 h.
Allí estaremos para verlo, para comprarle y para sentirnos como siempre orgullosas de el.
Verlo en el puestecillo con todos los compañeros llamando a la gente para que les compren rosas, es algo que año tras año me emociona.
 
Ya que hoy puedo, me voy a lanzar a la calle para “sentir en vivo y en directo” todo lo que os digo.
 
Feliz día de Sant Jordi!!!!
Sin olvidar al Dragón…
 
 
 
Mañana, más.


viernes, 19 de abril de 2013

REBELDIA ANTE LAS CEREMONIAS

19/04/13   Viernes
 
 
Hoy si que lo tengo mal para escribir.
Me vienen flases de inspiración, pero sin ninguna ilación.
De momento tengo que comentar que me he tenido que meter en el diccionario de Internet, porque he escrito “ilación, con hache, y el corrector me ha dicho que nanai de la China, que se escribía sin hache. Efectivamente va “sin hache”.
Me ha sorprendido porque creía que venía “de coser con hilo un concepto a otro” y no. Ilación no necesita “hilo”, lo lleva incorporado en si mismo.
Siempre se aprende algo.
 
Los flases, son más bien imágenes esperpénticas del día  a día.
 
Me viene a la cabeza “el pelo de Fátima Báñez” y no puedo ser “ni graciosa”… es tal desatino…que hasta le veo su mérito. ¿Cómo es posible conseguir ese casquete cuadrangular en una cabeza?.
Estoy por recortar su foto y con ella ir a la pelu para que me hagan, junto a las mechas californianas, tan increíble peinado.
 
Con lo de “los peinados” yo tengo mis opiniones particulares.
De todos es sabido que “si te casas” o si vas de “ceremonia”, a la que te descuidas ¡van y te hacen un moño!
Yo, como todo hijo de vecino, he sufrido esa experiencia. Pero solo una. Desde entonces jamás me he dejado embaucar.
Reconozco que he tenido que luchar contra viento y marea, pero solo, solo una vez en mi vida “me he dejado hacer un moño”.
 
Paso a narraros mi primera y única experiencia de tal desatino:
Se casaba mi hermana Aurora.
Era el primer y gran acontecimiento en nuestra familia.
Las cuatro hermanas junto con mi madre, sumábamos nada menos que ¡cinco mujeres dispuestas a “darlo todo por la belleza y elegancia”!.
Jamás nos habíamos encontrado en situación parecida.
No solo había que buscar el mejor y más favorecedor traje de novia.
Teníamos que encontrar además “cuatro modelitos maravillosos” para no desmerecer el evento.
Por aquellos años, no era cuestión de patear tiendas hasta encontrar el modelo adecuado.
Nada de eso.
Había que meterse en “revistas de modas con figurines”, elegir lo que creías que te sentaría mejor, buscar la tela adecuada y después con todo eso la modista te hacía…¡lo que le daba la gana!
Una, inocente, se dejaba llevar por esa marea, creyendo que “solo era posible actuar así”. No olvidéis que era mi primer contacto con esas situaciones.
Conforme se fraguaba todo ese tipo de vestimenta, nos dimos cuenta, bueno se dieron cuenta, no olvidéis que soy la pequeña y nada contaba, que había que llevar “pamelas” para conseguir “el colmo de la elegancia”.
Tengo que reconocer que tanto la novia, como mi madre y mis hermanas lo consiguieron con creces.
Pero…hete ahí que estaba la hermana pequeña: yo.
Totalmente desorientada y totalmente entregada a las decisiones “de las cuatro mujeres”.
 
Para mi decidieron un traje verde.
Como era verano el traje era sin mangas.
Como la boda se celebró en la Catedral de Gerona, oficiada por el Señor Obispo, había que “tapar esos brazos” y al traje se sumó una torerita del mismo color y de la misma tela. Creo recordar que era de “seda salvaje”…y tan salvaje!.
Tengo que reconocer que el vestido era “mono, muy mono”, pero no tenía nada que ver conmigo.
Las “tres mujeres” eligieron sus pamelas, francamente bonitas y muy apropiadas para los diferentes atuendos.
La “cuatro mujeres” llegaron a la conclusión que yo “era demasiado pequeña para llevar pamela o algo similar” de tal manera que a mi me compraron “una especie de chichonera” de color pajizo que yo no acababa de “comprender sus efectos en mi persona”.
Pero yo seguía confiando en ellas.
 
Llegó el día de la boda.
En casa estaba la modista y la peluquera.
Después de que todas estuvieron arregladas, la peluquera me cogió por banda.
Sin preguntar y sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo me hizo en muy breve tiempo “un descomunal moño” en el que era muy difícil “adaptar la chichonera”.
La “chichonera” al final se adaptó a la fuera, a base de horquillas.
Yo me sentía “como esas mujeres que llevan cántaros de agua a la cabeza”. Llevaba la cabeza inmóvil por temor de que en plena ceremonia “la chichonera” rodada por el suelo.
Dado su formato, si caía podía “rodar”.
No pasó nada.
La boda fue maravillosa.
Pude bailar sin parar y sin percance alguno.
 
Pero…
Pero yo ese día supe que a mi no me hacían un moño en mi vida.
Pero yo ese día supe que ir de ceremonia no es ir “disfrazada de otra persona”.
Pero yo ese día supe que a partir de ese momento, gustara más o menos, me tenía que gustar a mi misma y reconocerme cuando me mirara en el espejo.
 
…Y así fue!
…Y así sigo!
 
Ahora estoy a punto de “dar otro salto”, de dar “una pirueta de rebeldía”.
Pero esa me cuesta más.
 
Y es que:
¡Estoy harta de los minúsculos bolsitos de ceremonia!.
¡En esos “bolsitos”…no cabe nada!
 
Por no caber no cabe ni el monedero.
Tienes que coger el DNI, el carnet de conducir y la Visa.
Se te olvida el dinero.
No tienes ni una perra gorda para “dar algo” cuando pasan el cepillo en la iglesia.
Apretando mucho consigues meter el móvil, el tabaco y unos clínex, no sea que te emociones en la ceremonia.
Con suerte puedes cerrar “el bolsito” con esas cuatro tonterías, aunque luego si necesitas algo y lo mueves un poco ya no habrá forma de cerrarlo, lo pongas como lo pongas.
 
¡No quiero llevar bolsitos pequeños!
¡No quiero!
 
Ya veremos si lo consigo…
Se que esto lo tengo más crudo…
 
 
 
 
Mañana, más.
 
 
 
 


lunes, 15 de abril de 2013

DEL ASTRO REY A LA FARMACIA

15/04/13   Lunes
 
 
Aún, sintiendo los efectos mágicos del Sol sobre mi ser.
Si, sobre mi ser.
No me he equivocado.
Digo ser, no piel.
Y es que el Sol es tan necesario en mi vida…
Siempre digo y siempre diré, aunque me digan pesada:
-         Yo no podría vivir en esos países en los que siempre llueve, o está nublado y que nunca sale el Sol.
-         Me robarían la Alegría.
 
Desde noviembre a marzo “tolero” el otoño y el invierno porque se que es el “tributo” para llegar a la primavera y al verano.
Pero mi vida, mi autentica vida, empieza con “el buen tiempo”.
Me encanta el Sol.
Me encantan los días largos.
Me gusta el calor.
 
De todo lo dicho se deduce que estoy “en ese momento” perfecto para mí:
-         Esto acaba de empezar y vislumbro días maravillosos por vivir.
-         Haremos todo lo posible para que así sea (amen).
 
Doy una media cambiada y… cambio de tercio.
 
 
Espero que con los problemas de cobro que existen en la farmacias no le quiten a las pastillas que tomo “la película” protectora.
Si lo hacen me hunden.
Ya  estoy acostumbrada a ellas y sería un auténtico fastidio.
Sobre todo ahora que “estoy con el ciclo de Woody Allen”.
La pastilla de la noche tiene el magnífico poder de disolverse de forma prodigiosa.
Sin ir más lejos ayer vi:  Match Poin
Hoy según el prospecto toca: Vicky, Cristina, Barcelona.
Me sientan de maravilla y además puedes volver a repasar películas que aunque vistas, no tienen desperdicio.
Tengo con una de sus películas una anécdota: casi me muero de risa. Y cuando digo “me muero” es “me muero”.
La película en cuestión es: Coge el dinero y corre.
Toda ella no tiene desperdicio pero fue en la escena en la que está preso, haciendo trabajos forzados en una cuneta a base de pico y pala, al lado de un negro enorme, fornido y vigoroso.
El negro para hacer más llevadero el trabajo se pone a cantar “con voz de espiritual negro”: Voy a ver a mi chica. Voy a Misisipi.
Cuando Woody Allen se pone a cantar imitándolo…
Por poco me muero de risa!
Me pasó como a los niños pequeños que se “encanan” llorando, pero a mí en risa.
Tuvieron que quitar la película y además la tengo prohibida.
La verdad es que no me importaría verla… pero claro, prefiero “susto” a “muerte”.
Todo se andará.
La semana pasada tocó: Lo que el viento se llevó y si lo llego a saber me acuesto antes. Ya que al ser tan larga me quedé sin ver el final.
Y es que la película empieza cuando empieza, no recién dormida.
Pero aún así, vale la pena.
 
Como tengo que hacerle a Pepe la comida, me despido ya de todos vosotros, con el mismo cariño de siempre.
 
Como se que mi hermana Carmela me lee y “no soporta no saber la comida que haces” os indico el menú:
-         De primero, una especie de potajito con verduras, arroz y garbanzos.
-         De segundo, pechugas rebozadas.
-         De postre, un plátano.
-         Agua y “no” vino.
 
 
 
 
 
Mañana, más.
 
 
 
 
 
 
 


viernes, 12 de abril de 2013

LAS AMISTADES SILENCIOSAS

12/04/13   Viernes
 
 
 
Una vez más he realizado el trayecto de ida y vuelta desde casa al taller de Pepe.
El trayecto durará unos 10 minutos en total.
El taller está muy cerca de casa.
El trayecto es agradable porque nuestra calle es “semipeatonal”.
 
Una vez más nos hemos cruzado con “un padre talludito llevando a sus hijos al colegio”.
El padre talludito debe de tener casi completa la década de los 40.
El niño tendrá 7 años.
La niña unos 3.
 
En ese ir y venir los he visto crecer.
Primero solo era “el padre con su hijo”.
Luego se incorporó la niña.
 
En ese ir y venir les he escuchado risas y llantos.
 
En ese ir y venir he sido testigo de consejos y reprimendas.
 
En ese ir y venir me resulta fácil imaginar como se comportan en su casa y el estilo en que allí se ejerce “la autoridad”.
 
En ese ir y venir compruebo que “sus métodos educativos” dan los frutos deseados.
El niño ya nunca llora. La niña es raro verla llorar.
Lo que menos les gusta es el lunes y… los comprendo.
 
El padre tuvo unos días “la genial idea” de llevar su bicicleta.
Aquello era incomodísimo y duró muy poco.
Yo lo veía venir.
La niña iba sentada en sillín. El padre llevaba la bici con el niño de la mano.
Arrastrar aquello de esa manera era dificilísimo.
Duró poco como imaginé.
 
Ahora el niño suele ir “solo”. Se va haciendo mayor.
La niña sigue dándole la mano a su padre.
 
En ese ir y venir reconozco en el a un hombre serio, responsable que se “esfuerza” en ser un padre agradable “intentando” ponerse a la altura de los niños.
Aunque yo se que se esfuerza, son pocas las veces que lo consigue,
Pero lo consigue.
Los he visto cantar.
Los he visto darse una carrerita.
Pero lo mejor de todo, aquí es impecable y divertidísimo, es cuando llueve.
 
Como he dicho antes, nuestra calle es “semipeatonal”. No es muy ancha.
Tiene a cada lado de las aceras una hilera de árboles “finitos” con ramas también finitas surcadas de una especie de “penachos verdes”. No es el árbol típico de ramas y hojas.
Cuando llueve, el agua se acumula “en los penachos”.
 
Cuando llueve o ha llovido, el padre se transforma en “unas castañuelas”.
Se dedica a darle al tronco finito de los árboles “una sacudida”.
Toda el agua acumulada cae sobre ellos ocasionando una gran estampida de los tres al apartarse de los árboles, dando gritos y carcajadas sin fin.
 
Tengo que reconocer que cuando eso sucede yo hago lo mismo con Pepe cuando lo voy a buscar al medio día.
También nosotros nos reímos y corremos horrorizados por la calle, ante tanta agua en cima.
El no lo sabe pero ese “juego” se lo he copiado.
 
Nunca nos saludamos. Pero nos conocemos.
A lo mejor el ahora mismo está escribiendo sobre “nosotros” en su blog.
¿Por qué no?. Yo lo estoy haciendo.
 
Solo nos hemos saludado una vez.
Nos “encontramos” un día de fiesta paseando por el Paseo de Gracia.
Nos hizo ilusión vernos fuera del trayecto habitual.
Nos miramos.
Nos sonreímos.
Nos saludamos.
 
Pero siempre pasamos uno al lado del otro como si no nos conociéramos.
Pero los dos sabemos que eso es mentira.
Lo que nos pasa es que somos, como “esos españoles que se van al extranjero” y al escuchar a tu lado hablar español te pones a hablar con ellos como si te conocieras de toda la vida.
 
Es “el cambio de escenario” lo que te hace reaccionar.
 
Yo aún recuerdo como hace muchos años, viviendo en Zaragoza, me encontré con mi hermana Carmela.
Yo salía de hacer “una visita” en la Iglesia.
Ella entraba a la Iglesia a hacer “una visita”.
Nos quedamos mudas de asombro una frente a la otra sin “saber muy bien de que nos conocíamos”.
Luego nos moríamos de risa porque a las dos nos pasó lo mismo.
Todavía nos reímos.
 
Y es que si nos cambian lo cotidiano y lo de siempre se produce en otro contexto… nuestras reacciones son totalmente distintas a las habituales.
En nuestra cabeza se produce una especie de “cloc cloc”, hasta que entendemos lo que allí está pasando. Pero hasta entonces no sabemos reaccionar.
 
¡Las cosas de la Vida!
 
 
 
 
Mañana, más.