02/02/15 Lunes
Parecerá increíble…
Juana María, la hermana de Mari Carmen… ha muerto.
Tres meses después que su hermano Paco, Juana María también
nos ha dejado, tras una corta pero feroz enfermedad, similar a la de su
hermano.
Creo que fue el 8 de noviembre cuando, tras un ingreso
precipitado, le diagnosticaron la maldita enfermedad.
Desde ese día, a pesar del tratamiento, sufrió un deterioro
físico progresivo que suplió con una silla de ruedas ya que su ánimo, su fuerza y sus ganas de
vivir quedaron intactos y en ningún momento, en lo posible, quiso dejar de
disfrutar de salidas y paseos.
Consiguió, fue ella la que lo consiguió tras “negociar con
los médicos” que le dieran el alta para poder celebrar el Fin de Año en casa de
su hermano Guillermo.
Y así fue, lo celebramos con alegría y como siempre dio la
talla, sin escuchar de sus labios ni una sola queja.
El primero de año, estuvimos paseando cerca del mar. Estaba
feliz. Completamente feliz.
Y así hasta la fatídica fecha.
Este sábado pasado fue su funeral.
Allí estábamos todos los que la queríamos.
Fue una despedida maravillosa, si se puede emplear en una
circunstancia así ese término.
Habló su hija Elisita. Hizo una espléndida y amplia
exposición de todo lo vivido, de una belleza inimaginable.
Habló su hija Carol. Plasmó su ideal de vida, fusionándola con
la de su madre. Tremendamente sentido, calando en nosotros cada una de sus
palabras.
Hablé yo.
Recitó Manolo un poema que le compuso a Juana María, lleno de
pausas, por la gran emoción, en el que quedaba una vez más patente que era la
Mujer de su Vida.
Habló su hijo Manuel. Con gran sencillez, compartió con todos
su dolor y la gran admiración que sentía por su madre.
Puede parecer que ya ha terminado todo, pero no es así.
Sigo anclada en ese momento.
Hace justo un año escribí en el blog “desempolvando los
poemas de mi vida” en el que hablaba de ella. También en “…Y todo por una
persiana”.
Es que para mí es y ha sido muy, pero que muy importante
Juana María.
Luego escribiré las palabras que le dije, pero quiero seguir
hablando de ella porque parece que siempre se queda algo por decir.
Ayer hablando con Mari Carmen llegamos a la conclusión que si
tuviéramos que describirla en una palabra diríamos que es: “Un Trueno”.
Su fuerza y personalidad no dejaba indiferente a nadie.
Después tenía una ternura y calidez que te reconfortaba.
Otra buena definición, esta de mi cosecha, es decir: “Es una
Beuter”.
Todos sus hermanos, cada uno a su manera, pero “Todos Beuter”,
han estado con su hermana hasta el último momento.
Ser testigo de ese gran amor que todos le profesaban, es un
bálsamo para este dolor insoportable.
Dejo a continuación lo que le dije.
Como en el poema de Federico García Lorca en “Cuerpo presente”.
Juana maría.
Que difícil decirte ahora lo que antes era tan fácil.
Que difícil intentar ahora en unas pocas palabras, decirte
todo lo que has significado para mí.
Que difícil resumirte teniendo esa personalidad tan grande.
Con lo fácil que era todo antes…
No necesitábamos más que una mirada, una sonrisa, un abrazo
para que tú supieras en el acto que estaba ahí y que tu compañía siempre ha
despertado en mí un bien estar inmenso.
Pero nos has dejado…
Nos has dejado en cada uno de nosotros tu fuerza, tu
entereza, tu forma especial de entregarte a los tuyos.
Nos has dejado sin querer que a tu alrededor se vertieran
lágrimas. Siempre has querido lo imposible.
Nos has dejado, sí, nos lo has dejado todo.
Ayer, en un duermevela, fui testigo de tu llegada.
Te vi abrazada a tu padre, a tu hermana Elisita, a Dolores y
a tu hermano Paco.
Incluso vi a mi madre diciéndole a mi padre: Antonio, ya
verás, ya verás cuando recite.
Cuando de repente entre la gente apareció la figura de
Federico García Lorca que decía:
-
Juana
María ¿Qué hora es?
-
Y
que tú al verlo dijiste:
-
¡Espera
Federico!
-
Te
pusiste un mantón de manila y de repente, como siempre, surgió la magia:
-
Desprendiste
ese empaque, esa fuerza, ese señorío… Eclipsando todo lo que había alrededor.
-
Mirándolo
dijiste:
-
“Eran las cinco en todos los relojes. Eran las
cinco en sombra de la tarde”.
-
Os
reísteis y os vi marcharos cogidos del hombro “recordando una brisa triste por
los olivos”.
Mañana, más.