23/01/12 Lunes
Bueno, no hace mucho que ha empezado el nuevo Año, pero 23 días ya es una buena fecha para empezar a hacer un “mini balance”.
De entrada quiero contar una cosa que a mí me hace mucha gracia:
Cuando vamos con Pepe a la tienda “especializada”, donde le compramos el pan sin gluten, Pepe siempre entra “de encantador” intentando causarle buena impresión a la chica que nos atiende que por cierto es muy guapa y siempre se alegra mucho de verlo.
Generalmente entra diciendo: “buenas tardes”, pero de forma cantarina.
Ahora, siempre que entra le sigue diciendo de lo más alegre: ¡Feliz Año!. Incluso a lo largo de su peculiar manera de comunicarse con ella, dice: “dong, dong”, hace el simulacro de comerse las uvas y finalmente brinda con ella.
Conociéndolo, creo que va a estar “todo el año” deseándole lo mejor.
A ella lógicamente le hace mucha gracia, alegrándose “que alguien” se lo desee tan a menudo.
Lo que tal vez no sepa es que “a su manera”, la está “conquistando” dejándole en su “peculiar parodia de la felicidad”, lo mejor de si mismo.
Este año a diferencia de “otros”, tiene la connotación de ser “Bisiesto”.
Eso es algo que nos encanta.
Y es que en nuestro afán de ser “obedientes y disciplinadas”, procuramos en lo posible realizar “DOS SIESTAS” al día.
Este simple detalle augura que independientemente de los acontecimientos, suceda lo que suceda, nos va a encontrar “más descansadas y sosegadas” que en los años anteriores y eso en si mismo, ya es un logro.
Cualquier hecho, aún malo, si te coge descansada, te da más fuerzas para salir airoso del percance.
¡Vivan los años bisiestos!
Siempre cuando empieza un año nuevo, uno tiene “casi la obligación” de “emprender algo”.
Ese “algo” generalmente se traduce en “apuntarse en un gimnasio”, o “salir a correr” olvidando las inclemencias del tiempo, o “iniciar una absurda colección”, o aprender “inglés” de una vez por todas.
Yo no podía ser menos, por lo que me he dedicado a “husmear” por las distintas Universidades a Distancia, las diferentes asignaturas, carreras y disciplinas que por su contenido podían estimular mis deseos de aprender cosas desconocidas en profundidad, aún por mi.
Como no me apetecía las clases que imparten de una manera generalizada, me armé de valor y me fui a hablar con el Rector de la Universidad a Distancia.
Como la Distancia era abrumadora, tardé en llegar al despacho del Rector 12 días.
12 días de Aviones, Aves, Talgos, Euromed, Autobuses…
… Pero al final llegué al Rectorado.
Me recibió su Secretaria, una mujer joven, bellísima que emanaba cordialidad por todos lados.
Me llevó a su despacho.
Tras unos suaves golpecitos en la puerta y un enérgico “¡adelante!”,
me vi transportada a una gran biblioteca en penumbra, con una gran mesa “estilo inglés”, en medio de aquella impresionante habitación.
La Secretaria, en un murmullo dijo:
- Don Ramón, acaba de llegar la alumna que esperaba.
El Rector resultó ser un hombre muy, muy mayor.
Llevaba una barba blanca que no dejaba de mesarse.
Vestía “un terno”, es decir: pantalón, chaleco y chaqueta de la misma ropa tweed, lo que me hizo pensar de forma inconsciente en las novelas policíacas de Agatha Christie.
Blandía en su mano izquierda una pipa, sin tabaco, acorde con los tiempos que vivimos.
Calzaba unos botines de dos colores aunque casi imperceptibles, dada la suavidad de las tonalidades grises.
Se levantó lentamente, bordeó la gran mesa y me condujo amablemente a que nos sentáramos en unos sillones que se encontraban al lado de un gran ventanal.
La Secretaria retiró las cortinas, dando paso a una claridad muy agradable.
Con un sencillo:
- Necesitan algo más, Don Ramón?.
La Secretaria desapareció al escuchar, una vez más de forma enérgica un:
“No, muchas gracias, Carolina”.
Fue en ese momento, al quedarme a solas con el, en aquel espacio sacado del colegio de Hogwarts de Harry Potter, cuando sentí un leve estremecimiento.
Me escuchaba a mi misma decirme:
- Pero donde te has metido…?!
- Pero de que vas a hablar con el…?!
- Pero si ni tu misma sabes lo que quieres…!
Don Ramón esperaba que yo dijera algo…
Yo esperaba que fuera el quien hablara…
En aquellos momentos que a mí me parecieron siglos y ante su silencio y su mirada azul penetrando la mía, me armé de valor y dije lo primero que se me ocurrió:
- Tiene usted un despacho precioso…
Ante su silencio… añadí con voz jocosa…
Ahora comprendo que llamen a esto Universidad a Distancia… he tardado 12 días en llegar…
Mi “gracia”, no sirvió para nada. Sin mover ni un músculo, seguía mirándome fijamente…
Hice una última intentona y le dije:
Su Secretaria es tan hermosa como amable…
¡Se puso en pié de un salto!.
Para asombro mío me dijo con su voz extremadamente enérgica:
- Si insinúa que hay algo entre ella y yo, aunque sea cierto, lo pienso negar!.
- Perdone Don Ramón, no quería ofenderle, simplemente he ido diciendo cosas para iniciar una conversación…
- Perdona, perdona Victoria. Tienes razón… pero es que ese tema me tiene consumido.
Ante tanto absurdo decidí terminar aquello lo antes posible.
Me puse yo también de pié y le dije:
- Creo que me he equivocado de sitio. Creo que la situación me puede. Creo que lo que quiero es IRME.
- No, no, por favor, no te vayas.
- Empecemos de nuevo Victoria y dime que te gustaría estudiar.
El se sentó. Yo me tragué el orgullo y también me senté.
Total ya que estaba allí porque no decirle lo que quería…?
El se reclinó hacia mí dándome a entender que le “importaba muchísimo lo que dijera”.
Me dio confianza y le solté a bocajarro:
- Querría que me impartiera clases particulares, aunque fuera a distancia de:
- Infanta de España.
- Duque de Lugo y de
- Capitán de barco.
Se quedó mirándome…
Se atusó la barba…
Se rascó la cabeza con la pipa…
Con una sonrisa que le quitó un montón de años de encima…
Cogiéndome las manos me dijo:
- Victoria, ahora mismo le pido que se case conmigo Carolina!
- Acabo de ver que lo que yo cría “un problema”, es una tontería.
- Acabo de darme cuenta que no tengo nada que ocultar.
- Ahora se que no hago daño a nadie porque ame y sea amado por una mujer más joven que yo.
...
…
…
- Quieres ser mi madrina de boda?.
- Si, Don Ramón, seré vuestra madrina.
Cogiéndome del brazo, sin dejar de sonreír, me llevó hasta la puerta.
Tocó un timbre de no se donde.
Apareció Carolina.
Le dijo:
- Tómale su dirección.
- Luego te cuento, Carolina.
Salí de allí con una auténtica sensación de irrealidad.
Irrealidad que se fue despejando a lo largo de los 12 días de vuelta a casa.
Comprendí que “hay problemas” y “PROBLEMAS”.
Dejaremos para otro día esas clases… de autenticidad…
En menudo lío se han metido, por no ser :
- Una auténtica Infanta de España.
- Un auténtico Duque de Palma.
- Un auténtico Capitán de Barco.
Todos queremos “autenticidad”.
Estamos hartos de “fraudes”.
Mañana, más.