08/07/15 Miércoles
Mi madre ya
lo decía: “tots del mateix ventre i cada u del seu temple”.
Qué razón
tenía!
Cuatro
hermanas y todas distintas.
Como en
todas las familias, “sus hijas” eran “las
más…”
Mi padre
Llegó más lejos y se atrevió a “calificarlas a todas”:
-
Aurorita:
la más vistosa.
-
Carmela:
la más fina.
-
María
Eugenia: la más guapa. Y…
-
Victoria:
la más moderna.
Por la parte
que me toca eso de “la más moderna”, no lo he tenido muy claro…
Seguro que viniendo
de mi padre, es un piropo, pero la verdad es que no he llegado nunca a
comprenderlo en profundidad.
Tal vez si
pienso un poquito más lo descubra.
Si por moderna
se entiende “estar a la última”… mal.
Si por moderna
se entiende “que pertenece al presente, al periodo actual”… tal vez lleguemos a
un acuerdo.
Todos
tenemos nuestras “vivencias”, nuestro “pasado”, nuestros “secretos”, nuestros “fracasos”,
nuestros “éxitos”, nuestros “?...”.
Si tener
todo “eso” a flor de piel.
Si tener
todo “eso” vivo como el primer día.
Si tener
todo “eso” asimilado.
Si tener
todo “eso” tal como es, sin disfraces y sin tapujos.
Si tener
todo “eso” es ser moderna,,, sí, soy moderna.
De mis
hermanas he ido hablando en este blog. Me siento muy orgullosa de ellas.
Hay un rasgo
entre mi hermana Carmela y yo que nos lanza a los polos opuestos.
La verdad es
que me hace muchísima gracia, cada vez que ese rasgo se hace patente.
A mí me
encanta que me “halaguen”.
Me encanta
encantar.
Me encanta
que si he hecho algo bien, me lo digan.
Me encantan
las “alabanzas”.
Mi hermana
Carmela, es todo lo contrario y eso también me encanta.
A mí como me
gusta “el halago”, si es de verdad, claro. Procuro hacer énfasis en las buenas
cosas que veo a mí alrededor y decirlas si se presta.
Cuando a mi
hermana Carmela le digo que es “buenísima” por tal o por cual cosa… hace un mohín,
siempre el mismo, de desagrado total.
A mí me
entra la risa porque no puedo comprender como le molestan tanto las “alabanzas”.
Y aun me río más cuando me lo intenta explicar…:
-
“Nena,
no es verdad.”
-
Yo
insisto una y otra vez, con miles de ejemplos vividos, para que vea que es
verdad. Pero vuelve el mohín y la frase:
-
“Nena,
no es verdad.”
-
Yo
insisto hasta que escucho su “diagnóstico ante las alabanzas”.
-
Creo
que tengo “el síndrome del impostor”...
-
Y
yo me sigo riendo porque si alguien tiene el “síndrome del impostor”… SOY YO.
Mañana, más.