02/06/2015 Martes
Hemos puesto
una barbacoa en el jardín.
Si una
barbacoa, no una estrella como en la canción de Mari Trini.
La estoy
mirando y es como si estuviese ahí toda la vida. Es que está en el lugar
perfecto, como si todos estos años le hubiéramos guardado el sitio.
La hemos
probado y va de maravilla.
Mari Carmen
no sabía si la iba a “dominar”. Craso error. No hay nadie que cocine como ella.
Pero
pensándolo todo tiene una explicación:
A las
múltiples barbacoas que hemos asistido en nuestras vidas, SIEMPRE EL HOMBRE es
quien la hace.
“El hombre
en general”. En su casa no fríe ni un huevo, pero con la barbacoa se crece y la
verdad es que siempre el resultado es un éxito.
Sigo
desmenuzando la idea y también es verdad que aunque todos los ingredientes los
compra la mujer… quien la hace es “El
Hombre”.
Ese “hecho”
siempre me ha intrigado.
¿Qué ancestrales
sentimientos anidan en la mente del “hombre” para que ante una barbacoa, cojan
totalmente el mando, aunque su currículum culinario sea de cero”?.
¿Creerán que
lo han cazado y por eso tienen que cocinarlo y alimentar a toda la tribu?.
¿Lo
considerarán peligroso y ellos se sienten más cómodos entre el peligro?.
Buscando en
mi mente respuestas, pienso en los leones.
Las que
cazan son las leonas. El león solo actúa cuando las leonas no pueden abatir a
sus presas. Solo las ayuda “si hace falta”.
Y sigo
pensando…
Cuando se
produce una catástrofe, son los hombres los que quitan los escombros…
Cuando vemos
en la tele esas inundaciones que anegan los parking y las casas, son los hombres
los que achican el agua… Es raro ver a una mujer con “el mocho”…
¿Será la
barbacoa el eslabón perdido?.
¿Será la
barbacoa la Piedra Filosofal que nos hará comprender de una vez por todas que
los hombres son totalmente distintos a las mujeres y nada más?.
¿Será la
barbacoa la que nos impida “reprocharles tantas cosas”?.
¿Será la
barbacoa la Piedra Rosetta para una convivencia feliz?
Dejo todas
esas preguntas en el aire…
Yo me voy
cantando:
“La barbacoa, la barbacoa, como me gusta la barbacoa…”
Y tan contenta!
Mañana, más.
Acabo de leer tus tres últimos escritos.El de los globos lo encuentro sentimental, mezclado con realismo; el de la ballena completamente imaginativo, pero el de la barbacoa ¡uf! en menudo berengenal te has metido. ¡No es nada!, querer desentrañar el por qué de los actos de los hombres... Los hombres, en general, son seres extraños, bastante poseídos de si mismos y por tanto, bastante egoístas. Actúan en la barbacoa, como en otras tantas cosas, para lucirse. No cocinan en privado porque no hay espectadores. Pero los queremos, aunque no nos comportemos como ellos y muchas veces no los comprendamos. Ya lo dijo tu madre en su canción. Yo he querido y quiero mucho a los hombres de mi vida, padre, marido, nietos...pero hay que aguantar mucho. Ellos dicen igual de nosotras. Será una ley de la naturaleza para que podamos convivir. Muy buen relato, pero hay mucho que decir todavía (ja, ja, ja,). Aparte de todo: ¡QUE DISFRUTÉIS LA BARBACOA!. Mua, mua, mua
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ResponderEliminarHola Vicky
ResponderEliminarPodría haber otras explicaciones detrás de este fenómeno tan cierto, que describes, y que tienen que ver con los automatismos que genera el lenguaje en nuestros cerebro (concretamente en el masculino). Por ejemplo, tras oír la palabra “fuego”, tanto los hombre como las mujeres tienden a salir corriendo sin cerciorarse de si el fuego es o no auténtico. De forma parecida nos agachamos o nos tensamos si alguien grita. “cuidado”. Es nuestro instinto de conservación el que ordena tal automatismo. Ahora, hay que ir un paso más allá y hacer un recuento neuronal masculino. Según la Universidad Americana de Biglie los hombres tienen aproximadamente unas tres neuronas (malas lenguas dicen que la mujer tiene cuatro –una para cada fogón- pero eso nunca ha sido demostrado). Abundantes pruebas científicas (realizadas en políticos, a guisa de cobayas) han demostrado esta teoría. Estas neuronas son las que también rigen el lenguaje en el hombre, siendo la función de cada una captar una letra, cada vez, de cada palabra escuchada. En el caso de la palabra “barbacoa”, y si esta teoría fuese cierta, la limitación neuronal del hombre origina que se quede tan solo con la sílaba “BAR” en la mollera, excluyendo el resto. No es que no escuche las demás palabras, sino que su respuesta emocional automática, de agrado o repulsa, se da sólo tras escuchar las primeras tres letras Esta palabra refuerza sus recuerdos lingüísticos habituales: -Cariño voy al bar; -Comeré en el bar con los amigos; -Voy a compra tabaco al bar; - Bajo al bar y subo enseguida. La excitación masculina al oír estas tres letras mágicas es tal, que en los test de laboratorio, los electroencefalogramas aplicados a los voluntarios masculinos , mientras se les hablaba, cambiaban súbitamente su actividad: cuando el experimentador pronunciaba cualquier palabra que empezase por “BAR” las agujas modificaban su actividad habitual (“plana”, en el resto de palabras) para dibujar frenéticamente líneas sinuosas. Estos resultados sorprendentes sólo fueron superados por la combinación de la tríada de letras F-U-T (es decir, por cualquier palabra que empiezaba de esa manera).
Por último la Universidad de Biglie aconseja realizar un experimento para corroborar su teoría. Cámbiese el nombre de “barbacoa” por otro como “limpiaelavabo” o “tiendelaropa”. La mujer podría decirle al hombre: -Cariño, hoy tenemos invitados y comeremos en la terraza. ¿quieres cocinar tú la “limpiaelavabo”? Probablemente el hombre se quede blanco y decline la invitación. Probablemente, en ese día, le surjan asuntos urgentes que le ausenten de casa: –Cariño, la oficina se ha incendiado y tengo que irme corriendo, no podré cocinar la “tiendelaropa.” Recuerdos a los amigos.
Pepe