21/09/12
Viernes
En una de mis “entregas”, no recuerdo cual, mencioné que
mi autora favorita de novelas y cuentos era Patricia Highsmith.
No se ni cuando, ni como cayó un libro suyo en mis manos
y desde entonces no he vuelto a sentirme atrapada de “esa forma” por ningún
autor.
Ese conocimiento y reconocimiento “del lado oscuro” que
llevamos dentro.
Esa ausencia total
de temor y pudor al hablar de esa “trastienda” que muchos eluden
aceptar que existe en el interior del
ser humano.
Esa verdad descarnada que aparece al mirarnos al espejo
sin ningún tipo de piedad.
Ese saber que tras una vida “honorable” puede esconderse
un ser totalmente monstruoso y
despreciable…
Todo eso y mucho más es lo que la hacen para mi, “única”.
Su personaje, Mr. Ripley, es el prototipo de esa “doble
vida”, de esa “doble moral”, pero precisamente por ser un personaje con nombre
y apellidos, con una familia propia, no es mi personaje favorito, tal vez
porque “al ser alguien” y al ser tan distinto a ti, es difícil “meterse en su
pellejo” y todo queda en “leer una novela en la que el personaje principal es
Mr. Ripley”.
Los relatos que siempre me han fascinado son los de sus
cuentos.
En los cuentos habla de personas “anónimas”.
Esa persona “anónima”, puedo ser yo.
En ellas puedo bucear sin ningún tipo de falsedad en el
torrente de su “lado oscuro” y desde allí atisbar el “mío”, sin temor y sin contemplaciones.
Ella me enseñó a “conocer lo bueno y lo malo que hay en
mí” y ese conocimiento y reconocimiento me hace sentir “segura” pues en mi no
hay cabida “al doble juego”. Se perfectamente y dicho de forma muy simple:
“cuando soy buena y cuando soy mala”, aunque nadie se de cuenta de eso.
Cuando soy “buena” siento una alegría y una paz inmensa.
Cuando soy “mala” me inunda un sentimiento absoluto de
tristeza que me obliga a reconocerlo inmediatamente, sin licencias, sin paños
calientes, sin matices, sin contemplaciones.
No acepto disculpas.
No me autoperdono.
No les echo las culpas a los demás como si me hubieran
abocado a reaccionar así.
No hay motivos, no quiero que haya motivo alguno que me
haga “ser mala”.
No hay nada que merezca “sacarme de mis casillas”.
Es un poco como desear que por lo menos, los demás, los
otros, no reciban eso que tan poco me gusta recibir a mí.
Ese es mi caballo de batalla. Y no cesa “la doma” ni un
solo día.
Que cosas! Esa larguísima introducción, nunca pensé que
fuera así, no era por otra cosa que para hablar de mi pintor favorito.
Mi pintor favorito es Edward Hopper.
No se ni cuando, ni donde vi por primera vez un cuadro
suyo y desde entonces no he vuelto a sentirme atrapada de “esa forma” con
ningún pintor.
Se perfectamente que Hopper ha estado en el Museo Thyssen
de Madrid.
Se perfectamente que no he ido a verlo.
Se perfectamente que “los números no salían nunca” lo
miráramos por donde lo miráramos.
Se perfectamente que nos lo hemos perdido pero…¡siempre
quedará…no París donde se dirige… sino Internet… que te permite contemplar una
y otra vez sus cuadros las veces que quieras…
Y no solo Internet…
En Premia tengo el cuadro “grupo de gente al sol”
En Barcelona : “habitación en New York” “habitación en
Brooklyn” y “nighthawks”.
Además tengo un montón de sus láminas pero no colgadas.
El único cuadro que “he visto de verdad” ha sido
“nighthawks” en Chicago, cuando fui con mi hermana Aurorita a ver a “los Tutos”
cuando vivían allí.
Y es con una jarra con ese cuadro, donde me tomo el café
matutino.
Ese cuadro es el famosísimo bar nocturno en el que se
observan a un hombre y una mujer, otro hombre y el camarero, como si tú fueras
andando desde la acera de enfrente.
¿Qué es lo que me gusta y me atrapa de el?
Pues el equivalente a las novelas de Patricia Highsmith.
En sus cuadros no te quedas “maravillada de lo que ves”.
Sus cuadros me maravillan por “lo que no ves”.
Mirándolos despiertan en mí un montón de preguntas.
Noto como “un suspense”, como si algo trágico fuera a
pasar.
Mastico “la soledad” de la persona sola o en compañía.
Rezuman “tristeza”.
Desprenden “aburrimiento”.
Es como ver “la vida de alguien a la deriva aunque se
empeñe en plasmarnos un momento inocente y cuotidiano”.
Soledad, mucha soledad.
Sus cuadros te invitan a pensar lo que ellos piensan.
Sus cuadros te introducen “en el lado oscuro de sus
vidas”.
Sus cuadros dejan entrever “una trastienda de desilusión
aceptada”.
Sus cuadros serán así día tras día.
Sus cuadros no desprenden ni un atisbo de que “mañana
será mejor que hoy”.
Me gusta sentir todo eso…
Me gusta quedarme mirando el cuadro de “cine en Nueva
York” y quedarme siempre en la incógnita de si es una acomodadora “aburrida por
ver la misma película” o si “su soledad y angustia le impiden mirar hacia
alguna parte”.
Me gusta sentir todo eso…
Me gusta sentir todo eso… para ¡no sentirlo!.
Pero lo que más me gusta es que ¡nunca me habría buscado
para ser modelo suyo!
Mañana, más.