viernes, 21 de septiembre de 2012

DE PATRICIA HIGHSMIT A EDWARD HOPPER





21/09/12     Viernes

 

 

En una de mis “entregas”, no recuerdo cual, mencioné que mi autora favorita de novelas y cuentos era Patricia Highsmith.

No se ni cuando, ni como cayó un libro suyo en mis manos y desde entonces no he vuelto a sentirme atrapada de “esa forma” por ningún autor.

 

Ese conocimiento y reconocimiento “del lado oscuro” que llevamos dentro.

Esa ausencia total  de temor y pudor al hablar de esa “trastienda” que muchos eluden aceptar  que existe en el interior del ser humano.

Esa verdad descarnada que aparece al mirarnos al espejo sin ningún tipo de piedad.

Ese saber que tras una vida “honorable” puede esconderse un ser totalmente monstruoso  y despreciable…

Todo eso y mucho más es lo que la hacen para mi, “única”.

 

Su personaje, Mr. Ripley, es el prototipo de esa “doble vida”, de esa “doble moral”, pero precisamente por ser un personaje con nombre y apellidos, con una familia propia, no es mi personaje favorito, tal vez porque “al ser alguien” y al ser tan distinto a ti, es difícil “meterse en su pellejo” y todo queda en “leer una novela en la que el personaje principal es Mr. Ripley”.

Los relatos que siempre me han fascinado son los de sus cuentos.

En los cuentos habla de personas “anónimas”.

Esa persona “anónima”, puedo ser yo.

En ellas puedo bucear sin ningún tipo de falsedad en el torrente de su “lado oscuro” y desde allí atisbar el “mío”,  sin temor y sin contemplaciones.

 

Ella me enseñó a “conocer lo bueno y lo malo que hay en mí” y ese conocimiento y reconocimiento me hace sentir “segura” pues en mi no hay cabida “al doble juego”. Se perfectamente y dicho de forma muy simple: “cuando soy buena y cuando soy mala”, aunque nadie se de cuenta de eso.

 

Cuando soy “buena” siento una alegría y una paz inmensa.

 

Cuando soy “mala” me inunda un sentimiento absoluto de tristeza que me obliga a reconocerlo inmediatamente, sin licencias, sin paños calientes, sin matices, sin contemplaciones.

No acepto disculpas.

No me autoperdono.

No les echo las culpas a los demás como si me hubieran abocado a reaccionar así.

No hay motivos, no quiero que haya motivo alguno que me haga “ser mala”.

No hay nada que merezca “sacarme de mis casillas”.

Es un poco como desear que por lo menos, los demás, los otros, no reciban eso que tan poco me gusta recibir a mí.

Ese es mi caballo de batalla. Y no cesa “la doma” ni un solo día.

 

Que cosas! Esa larguísima introducción, nunca pensé que fuera así, no era por otra cosa que para hablar de mi pintor favorito.

Mi pintor favorito es Edward Hopper.

No se ni cuando, ni donde vi por primera vez un cuadro suyo y desde entonces no he vuelto a sentirme atrapada de “esa forma” con ningún pintor.

 

Se perfectamente que Hopper ha estado en el Museo Thyssen de Madrid.

Se perfectamente que no he ido a verlo.

Se perfectamente que “los números no salían nunca” lo miráramos por donde lo miráramos.

Se perfectamente que nos lo hemos perdido pero…¡siempre quedará…no París donde se dirige… sino Internet… que te permite contemplar una y otra vez sus cuadros las veces que quieras…

Y no solo Internet…

En Premia tengo el cuadro “grupo de gente al sol”

En Barcelona : “habitación en New York” “habitación en Brooklyn” y “nighthawks”.

Además tengo un montón de sus láminas pero no colgadas.

El único cuadro que “he visto de verdad” ha sido “nighthawks” en Chicago, cuando fui con mi hermana Aurorita a ver a “los Tutos” cuando vivían allí.

Y es con una jarra con ese cuadro, donde me tomo el café matutino.

Ese cuadro es el famosísimo bar nocturno en el que se observan a un hombre y una mujer, otro hombre y el camarero, como si tú fueras andando desde la acera de enfrente.

 

¿Qué es lo que me gusta y me atrapa de el?

Pues el equivalente a las novelas de Patricia Highsmith.

 

En sus cuadros no te quedas “maravillada de lo que ves”.

Sus cuadros me maravillan por “lo que no ves”.

Mirándolos despiertan en mí un montón de preguntas.

Noto como “un suspense”, como si algo trágico fuera a pasar.

Mastico “la soledad” de la persona sola o en compañía.

Rezuman “tristeza”.

Desprenden “aburrimiento”.

Es como ver “la vida de alguien a la deriva aunque se empeñe en plasmarnos un momento inocente y cuotidiano”.

Soledad, mucha soledad.

 

Sus cuadros te invitan a pensar lo que ellos piensan.

Sus cuadros te introducen “en el lado oscuro de sus vidas”.

Sus cuadros dejan entrever “una trastienda de desilusión aceptada”.

Sus cuadros serán así día tras día.

Sus cuadros no desprenden ni un atisbo de que “mañana será mejor que hoy”.

 

Me gusta sentir todo eso…

 

Me gusta quedarme mirando el cuadro de “cine en Nueva York” y quedarme siempre en la incógnita de si es una acomodadora “aburrida por ver la misma película” o si “su soledad y angustia le impiden mirar hacia alguna parte”.

 

Me gusta sentir todo eso…

Me gusta sentir todo eso… para ¡no sentirlo!.

 

Pero lo que más me gusta es que ¡nunca me habría buscado para ser modelo suyo!

 

 

 

 

 

Mañana, más.

 

 

 

 
 
 


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