lunes, 29 de septiembre de 2014

NO HACE FALTA GRANDES COSAS

29/09/14  Lunes

Paco, acabo de comerme un yogur que estaba reservado para ti, solo para ti.

Un yogur que cada mañana te llevaba tu hermana Mari Carmen porque sabía que te gustaba.

Ese yogur aparentemente tan simple, tan sin importancia, me ha unido a ti de una forma tal que me resulta difícil de explicar.

Me lo he comido a conciencia, con respeto, sabiendo lo que hacía, despacito, muy despacio, haciendo mía esa sensación de frescor al tragar que estaba reservada para ti.

Hasta ahora no había llorado.

Sé que he comulgado contigo.

Ahora sé como nunca, como el afecto, el cariño, se puede demostrar, despertar, sentir, por cualquier cosa.

No precisa de grandes acontecimientos, solo de uno: quererte.







Mañana, más.

viernes, 26 de septiembre de 2014

OJALA NO ENCUENTRES EL CAMINO!

26/09/14    Viernes

No creo que sea “mala”. Es “su naturaleza”.

Tampoco creo que sea “fea”. Es que no nos atrevemos a mirarla a la cara.

No he visto en ella ropas extravagantes ni aperos de labranza.

La veo, la presiento.

No dejo de mirarla:
Con el único propósito de tenerla entretenida.
Con el único propósito de tenerla controlada.
Con el único propósito de tenerla vigilada.
Con el único propósito de tenerla sometida.

Sé que es más fuerte que yo.

Sé que está esperando mi más mínimo descuido para llevarse su alma.

Hace tiempo que la tenemos dormida en la mejor habitación de la casa.

Tanto tiempo que hoy al pasar por su lado de puntillas, me ha mirado a los ojos como queriendo decir que se acaba su letargo.

He cerrado la puerta con llave. Nunca lo había hecho.

He escondido la llave, aun sabiendo que no hay puerta ni llave que la contenga.

Le he cantado una nana.

La he escuchado moverse.

He buscado la llave.

He abierto la puerta.

¡Lo sabía! Ya estaba levantada.

Me he quedado delante de la puerta para evitar que saliera.

Le he pedido que me escuche.

Se ha sentado y con su mano me ha invitado a sentarme a su lado.

Nunca lo había hecho, tal vez porque hasta ahora no me había atrevido.

No, no es fea. Solo fría, muy fría.

No habla, solo escucha.

-         Solo quiero pedirte una cosa:
-         Si te lo llevas, llévatelo entero.
-         Que no pierda en el camino su entereza, su dignidad, su hombría.

Ha salido lenta y majestuosamente.

Ojala no encuentre el camino!

Se ha vuelto, me ha mirado y me parece haber escuchado en un susurro decir:
-         Adiós, Victoria.
-         Adiós, Muerte.





Mañana, más.






lunes, 22 de septiembre de 2014

TENDRÉ QUE CONSULTAR EL DICCIONARIO CON MAS FRECUENCIA

22/09/14   Lunes


Generalmente cuando escucho una palabra que no entiendo, recurro al diccionario y así incorporo a mi vocabulario, o a mi vida, algo que hasta entonces desconocía en profundidad.

Lo malo es que a veces lo que escuchas te parece tan obvio que puedes meter la pata de la manera más tonta.

Sin ir más lejos el otro día quedé a comer con unas amigas que de vez en cuando nos reunimos para ponernos al día y “echar unas risas”.

La verdad es que me extrañó un poco lo que me propusieron, ya que generalmente la cuenta la pagamos de forma rotatoria y me constaba que a mí no me tocaba. 
Pero lo interpreté como “una broma más del grupo” y no hice ningún comentario.

El caso es que muy en contra de mi manera de vestir, e incluso de ser, me presenté en el restaurante con una camiseta de Desigual, sin ponerme nada debajo como tenía costumbre.

Llegué sonriente y natural, a pesar de sentirme incómoda.

Cuando ya estábamos todas reunidas, me quedé de piedra pues solo yo había hecho caso de lo que dijeron.

También es verdad que al verlas pensé:
-         Bueno, paso vergüenza, pero yo no pago.

Hablamos de vacaciones, de trabajo, de hijos, de nietos, de política. Nos reímos. Casi lloramos. Arreglamos el mundo como siempre y cuando fue la hora de pagar, la que me había llamado dijo:

-         Contando la propina, salimos a 24 euros.

Yo en condiciones normales, me callo y pago.

Pero cuando ya iba a pagar, me entró una indignación y dije:

-         Yo no pago!

Todas me miraron con cara de extrañeza y una me dijo:

-         No te preocupes, si no llevas dinero, yo te lo pago y me lo das el próximo día.

-         Insistí: Yo no pago!.

La extrañeza pasó a una pregunta colectiva:

-         ¿Y por que no vas a pagar?

-         Porque “Menganita” me dijo que la comida “la pagaríamos a escote” y yo soy la única que contra mis principios llevo un escote de no te menees!!!!

Cuando todas por poco se mueren de risa… me entero entre “hipios” y frases entrecortadas que “Pagar a escote” es dividir la cuenta entre todos los comensales que hemos participado…

Aun me entró más rabia!!!

Ya estoy harta de tanto cambio en mala sombra.

Ahora resulta que pagar la cuenta entre todos, cosa que se ha hecho toda la vida,  se llama: “pagar a escote”.

Entre risas yo me subía la camiseta todo lo que podía.

Ellas se reían aún más, comentando lo raro que era verme con semejante escote.

No querían cobrarme pero mi orgullo herido no podía consentirlo.

Al final cedí.

Y muy al final, en las despedidas, me empezó a hacerme a mi “algo de gracia”.

Ahora ya sé que en todas las comidas venideras a la hora de pagar, me mirarán y nos troncharemos de risa.

Otra anécdota más.

Lo cuento como “aviso a navegadores”…

Bueno os dejo que está pitando el LAVAVAJILLAS y eso quiere decir que ya tengo hecha la comida para hoy:
-         Albóndigas a la jardinera.
-         Compota de manzana.





Mañana, más.



  





viernes, 19 de septiembre de 2014

LA CARA Y LA CRUZ DE ISABEL ALLENDE

19/09/14     Viernes

Siempre suelo escribir “en el despachito”, pero hoy me apetece escribir “en el avance que tenemos en la terraza”.

Más luz.

Más alegre.

Más bonito.

Veo las plantas.

Veo a Lucho Gatica, mi gato, durmiendo en el sillón.

Y sobre todo “veo” lo que una profesora de Pepe me dijo hace años.

Me dijo que se sorprendió al enterarse que era médico, ya que ella pensaba “que era una escritora y que me imaginaba escribiendo en un sitio muy soleado lleno de plantas y flores”.

Aquello se me quedó grabado. Me gustó. Me gustó mucho. Tal vez por esa especie de “profesión frustrada del periodismo” en donde siempre “me he imaginado escribiendo artículos y más artículos”.

Siempre me he imaginado “con visera y con manguitos”. Como ese periodista a la antigua usanza.

Ya os conté que de hecho, este blog, no es otra cosa que cumplir ese deseo que siempre he tenido por escribir.

Y si, tenía razón esa profe de Pepe.

Si me viera ahora estoy convencida que es así como me imaginaba.

Tal vez era una premonición o simplemente supo ver más allá de lo que he sido siempre en realidad.

Mari Carmen, a veces, cuando tardo tanto en escribir en el blog me “reprocha” que deje de hacerlo, pues a ella más que a nadie, “le he dado la vara de mi profesión frustrada”.

Siempre me pone de ejemplo a Isabel Allende y me dice una y otra vez lo que le escuchó contar en una entrevista:

“Todas las mañanas me arreglo como si fuera a ir a una boda y me pongo a escribir”.

Y si, tiene razón en lo “esencial”.

Debería de escribir cada día, pues sienta muy bien a la cabeza y al alma.

Ahora…eso de vestirme como para ir de boda…ya no va en mi estilo. Tal vez por tener que coger “ese odioso y bonito bolsito pequeño en el que no cabe nada y que tanto me indigna”.

Pero bueno, debería de hacerlo y ahora que lo digo “me creo que lo haré a partir de hoy, siempre”. Aunque siendo géminis…puede pasar cualquier cosa…

Lo que me tranquiliza es que “esa frase de Isabel Allende”, en lo que se refiere a la vestimenta, en mi familia está más que aplicada.

Me explico:

Mi hermana Aurorita, como todos los ginecólogos, una vez asistido el parto, pasaba cada día visita a sus pacientes hasta darles el alta.
Las pacientes, nada más verla entrar por la puerta le decían:
-         Doña Aurora, es que va usted a una boda?
-         No, decía ella. Siempre voy así.
Y era verdad!...

Excuso deciros como iba de boda de verdad…

Esto me trae a colación otra cosa, otra anécdota.

Un año fuimos a un Congreso en Madrid juntas.

Lo recuerdo con gran cariño y con gran risa interna.

No solo lo pasamos bien sino que además estuvo plagado de anécdotas típicas del binomio “mi hermana Aurorita y yo” (no olvidéis que ella es mi hermana mayor y yo soy su hermana pequeña).

Paso a narrar dos hechos concretos.

Estábamos en el ágape de bienvenida al Congreso.

Mientras hablábamos se acercó a saludarnos mi jefe. Se lo presenté y él y yo empezamos a hablar. Al cabo de un segundo de iniciar la charla, sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo me dice:
-         NenA!, tráeme unas croquetitas.
-         Yo creí morir…
-         ¿Pero que iba a hacer?. Era mi heeeerrrrmana mayooooorrrrr!
-         Total que dejé plantado a mi jefe y le fui a buscar las croquetitas…

La otra anécdota es referente a la vestimenta.

Era la cena de clausura del curso.
Me puse mis mejores galas.
Ella seguía arreglándose y pintando.
Cuando acabó me mira y me dice:
-         ¡Chica, que es muy tarde!. Arreglate!!!!
-         Yo le dije:
-         Si ya estoy arreglada!!!
Nos reímos y me dijo que iba muy bien.

 Menos mal que nunca me han afectado “esas cosas”, pues yo me veía “monísima”.

Creo que está suficientemente demostrado que mi hermana y yo somos “la cara y la cruz de Isabel Allende”.






Mañana, más.






martes, 9 de septiembre de 2014

¿COMO UN ANIMAL?, NO, COMO UN HUMANO

09/09/14    Martes

Nunca me había pasado.

Me habían pasado cosas que ahora las califico como “similares”, pero lo de ahora, nunca.

Yo creo que ha debido de ser por “un exceso de emociones” y por una falta de mecanismos rápidos de defensa por lo que me he visto así.

El caso es que el otro día me escucho decir:
-         Estoy pelechando.

Era tal la “sensación de estar pelechando” que tuve que buscar esa palabra en el diccionario, con el fin de ver si era posible humanamente sentir así o simplemente estaba incorporando a mi vida algo reservado solo a los animales.

El diccionario dice así:
Pelechar: echar un animal pelo o pluma (mi perro está pelechando y deja pelos por todos lados).
Pelechar: prosperar, mejorar una persona su salud o su situación económica  (pelechó cuando puso su propio negocio)

Eso me reconfortó, seguía sintiendo algo “raro”, pero humano.

Según eso, el resultado final es bueno, pero mientras “pelechas” lo pasas muy mal.

Hasta ahora esa sensación “similar”, se traducía en decir un día:

-          ¡Ya no puedo Más!

-         ¡Estoy harta!

-          ¡Voy a salir corriendo y gritando como las locas!

-         Venía a ser como “interpretar aquella canción de Martirio”… y ya está!.

-         Todo volvía a la normalidad y al equilibrio… ¡hasta la próxima!

-         “La próxima” tardaba en manifestarse de 6 a 9 meses.

-         Te quejabas “muchísimo”, dormías más de lo habitual y vuelta a empezar tan contenta.

Pero esta vez no ha sido así.

Esta vez me ha costado mucho, mucho, volver a la normalidad “completa”.

Y digo “completa”, porque aparentemente hacía una vida normal, pero yo sabía que “no acababa de ponerme bien del todo”.

Tenía “sensación de estar pelechando” y efectivamente, eso es lo que hacía.

También tengo que decir que no sabía si me iba a poner “bien del todo”. Pensaba que tal vez tendría que acarrear “eso” toda la vida y estaba dispuesta a asumirlo.

Pero, oh! Maravilla, se acabó el pelechar.

Puedo por tanto “dar como buena la definición humana que da la RALE”.

El resultado es “una mejora en todo”. Lo que omite es que es un proceso largo y un poquito desesperante.

Si cuento esto es porque tal vez alguien se sienta identificada conmigo y no sepa que las personas, a veces, pelechamos.

Si,  pelechamos. Pero es un proceso que tiene principio y fin.

Como siempre, lo importante en esta vida es saber lo que pasa y luego  luchar para superarlo.

AY, que a gusto estoy sin pelechar!!!





Mañana, más.


viernes, 5 de septiembre de 2014

NO PUEDO ESCRIBIR UN LIBRO

05/09/14   Viernes


También he estado en Alicante.

Mi hermana Aurorita, siempre que contamos anécdotas, o simplemente cuando hablamos de los hechos cotidianos, me dice:

-         ¿Y por qué no escribes un libro de la familia, con la de cosas que podrías contar?

Yo le respondo que soy incapaz de escribir un libro.

Soy incapaz de “contar cosas concretas de nuestra vida”.

Puedo contar “anécdotas” y puedo “plasmar sentimientos de situaciones vividas”, pero “novelar nuestras vidas o mi vida”, soy incapaz.

Tal vez por una “especie de pudor” hacia la realidad.

Supongamos que escribo una novela en que los hechos transcurren a principios de los años 20, 1920. Lógicamente no habíamos nacido y parece que por ello lo que escribo no tendría nada que ver con nosotros. Se interpretaría “como pura invención”.
Lo más lógico es que “ese libro “solo lo leyeran los más próximos a mí” y seguro que más de uno se sentiría identificado en algún personaje.

    Pues bien, eso soy incapaz de hacerlo.

Puedo decir que este verano, como manda el estar vivo, ha estado lleno de claroscuros.

De momentos de dicha y momentos de preocupación.

Y es con esa dicha y con esa preocupación con la que vivimos el día, día.

Sentir tan de cerca el dolor, el sufrimiento, la enfermedad, la superación, la impotencia, las ansias de ayuda, los deseos de ayudar… te llevan a ese punto que te resulta difícil comprender, como es posible compaginar “una vida normal” cuando ya ha anidado en ti el dolor ajeno, el dolor del otro, tan próximo a ti.

Parece imposible que te queden ganas de reír, de divertirte, de seguir “tan normal”, cuando no puedes quitarte de la cabeza que alguien a quien quieres está sufriendo.

Pero hasta esa especie de “normalidad” es lo que nos da impulso para seguir viviendo e impidiendo que el dolor lo invada, lo envenene todo.

Aurorita, soy incapaz de “contar lo que me preocupa”, solo lo nombro, paso por encima “de puntillas”, pero a la vez no puedo dejar de hablar de ello, pues lo tengo muy presente.

Mi padre empezaba así el libro que iba a escribir:

-         Días aciagos para mí, en primeros años juveniles.

Y no siguió…
Lo comprendo…
Yo también podría empezar así el libro de mi vida…
Pero no puedo seguir…

Mi padre también escribió “otro Libro” que empezaba:

-         Cualquier cosa, aun intrascendente, resultaba agradable.

Y no siguió…
Lo comprendo…
Yo también podría empezar así el libro de mi vida…
Pero no puedo seguir…

Me gusta parecerme a mi padre.



Mañana, más.