19/09/14 Viernes
Siempre suelo escribir “en el despachito”, pero hoy me
apetece escribir “en el avance que tenemos en la terraza”.
Más luz.
Más alegre.
Más bonito.
Veo las plantas.
Veo a Lucho Gatica, mi gato, durmiendo en el sillón.
Y sobre todo “veo” lo que una profesora de Pepe me dijo hace
años.
Me dijo que se sorprendió al enterarse que era médico, ya que
ella pensaba “que era una escritora y que me imaginaba escribiendo en un sitio
muy soleado lleno de plantas y flores”.
Aquello se me quedó grabado. Me gustó. Me gustó mucho. Tal
vez por esa especie de “profesión frustrada del periodismo” en donde siempre “me
he imaginado escribiendo artículos y más artículos”.
Siempre me he imaginado “con visera y con manguitos”. Como
ese periodista a la antigua usanza.
Ya os conté que de hecho, este blog, no es otra cosa que
cumplir ese deseo que siempre he tenido por escribir.
Y si, tenía razón esa profe de Pepe.
Si me viera ahora estoy convencida que es así como me
imaginaba.
Tal vez era una premonición o simplemente supo ver más allá
de lo que he sido siempre en realidad.
Mari Carmen, a veces, cuando tardo tanto en escribir en el
blog me “reprocha” que deje de hacerlo, pues a ella más que a nadie, “le he dado
la vara de mi profesión frustrada”.
Siempre me pone de ejemplo a Isabel Allende y me dice una y
otra vez lo que le escuchó contar en una entrevista:
“Todas las mañanas me arreglo como si fuera a ir a una boda y
me pongo a escribir”.
Y si, tiene razón en lo “esencial”.
Debería de escribir cada día, pues sienta muy bien a la
cabeza y al alma.
Ahora…eso de vestirme como para ir de boda…ya no va en mi
estilo. Tal vez por tener que coger “ese odioso y bonito bolsito pequeño en el
que no cabe nada y que tanto me indigna”.
Pero bueno, debería de hacerlo y ahora que lo digo “me creo
que lo haré a partir de hoy, siempre”. Aunque siendo géminis…puede pasar
cualquier cosa…
Lo que me tranquiliza es que “esa frase de Isabel Allende”,
en lo que se refiere a la vestimenta, en mi familia está más que aplicada.
Me explico:
Mi hermana Aurorita, como todos los ginecólogos, una vez
asistido el parto, pasaba cada día visita a sus pacientes hasta darles el alta.
Las pacientes, nada más verla entrar por la puerta le decían:
-
Doña
Aurora, es que va usted a una boda?
-
No,
decía ella. Siempre voy así.
Y era verdad!...
Excuso deciros como iba de boda de verdad…
Esto me trae a colación otra cosa, otra anécdota.
Un año fuimos a un Congreso en Madrid juntas.
Lo recuerdo con gran cariño y con gran risa interna.
No solo lo pasamos bien sino que además estuvo plagado de anécdotas
típicas del binomio “mi hermana Aurorita y yo” (no olvidéis que ella es mi
hermana mayor y yo soy su hermana pequeña).
Paso a narrar dos hechos concretos.
Estábamos en el ágape de bienvenida al Congreso.
Mientras hablábamos se acercó a saludarnos mi jefe. Se lo
presenté y él y yo empezamos a hablar. Al cabo de un segundo de iniciar la
charla, sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo me dice:
-
NenA!,
tráeme unas croquetitas.
-
Yo
creí morir…
-
¿Pero
que iba a hacer?. Era mi heeeerrrrmana mayooooorrrrr!
-
Total
que dejé plantado a mi jefe y le fui a buscar las croquetitas…
La otra anécdota es referente a la vestimenta.
Era la cena de clausura del curso.
Me puse mis mejores galas.
Ella seguía arreglándose y pintando.
Cuando acabó me mira y me dice:
-
¡Chica,
que es muy tarde!. Arreglate!!!!
-
Yo
le dije:
-
Si
ya estoy arreglada!!!
Nos reímos y me dijo que iba muy bien.
Menos mal que nunca me
han afectado “esas cosas”, pues yo me veía “monísima”.
Creo que está suficientemente demostrado que mi hermana y yo
somos “la cara y la cruz de Isabel Allende”.
Mañana, más.
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