LUNES 29/11/10
Es probable que ya lo sepáis. Estamos en la época de esa maravillosa y extraña fruta que es “LA GRANADA ”.
No, no voy a caer en la tentación de iniciar el escrito con la adivinanza de
“En Granada hay un convento, de monjitas más de mil y entre ciento, ciento y ciento hay una tela sin fin”. Que es?
¡ La granada!!!.
No, no pienso caer en eso.
Lo que quería decir es que la encuentro de tal belleza que me apetece introducirla en todo tipo de ensalada para ver resaltando en el verde, ese color brillante y luminoso de los granos de la granada.
Además he aprendido a obtenerlos sin romperlos y sin llenar de su jugo, todo tipo de utensilios de cocina.
A saber:
Se corta la granada con un buen cuchillo por la mitad.
Cogemos la mano del almirez.
Los diestros asirán la media granada con la mano izquierda, formando con la misma “una luna en cuarto menguante”, o lo que es lo mismo, “en C”.
Dirigirán la parte del fruto hacia la ensalada ya preparada (actuará a modo de colchón para que no salten los granos).
Con la mano derecha, los diestros, asirán la mano del almirez y golpeareis enérgicamente pero de forma mesurada, sobre la cáscara de la granada.
Cuidando de no golpearse la mano izquierda "propia" con "la mano ajena del mortero".
En este caso, solo en este caso, si es conveniente que sepa lo que hace tu mano derecha e izquierda.
Observareis con júbilo como van cayendo todos los granos sobre la ensalada.
Pensareis: “como es posible que haya pasado tanto tiempo armando tal jaleo de jugos y granos rotos, con lo sencillo que es esto.”
También advierto que la sujeción de la granada con la mano izquierda debe ser suave para no dañar los frutos.
Después, vuestros sentidos quedaran colmados ante la belleza que habéis conseguido en una simple ensalada.
Tengo que confesar algo : de la GRANADA solo me gusta su belleza.
…. Me resulta incomodísimo esas briznas que te quedan a modo de cascarilla en la boca, consiguiendo en mí un efecto similar al que obtengo al comer palomitas en el cine.
Resumiendo: disfruto más del “concepto” que de la “realidad”.
Pero como en el fondo soy una gran “romántica”, seguiré comiendo granadas y palomitas siempre que venga el caso.
Y siguiendo con el tema culinario, tengo que decir que desde hace tiempo he dejado de comer “guisantes” por culpa de las “Leyes de Mendel”, ya que copaban toda mi atención y desatendía a mis comensales.
Mañana, más.