martes, 16 de noviembre de 2010

Hay que vencer los fracasos.

Hoy, 15 de Noviembre de 2010, vuelvo a iniciar algo que en teoría había iniciado ya hace casi un mes…

Motivos? La maldita técnica.  Aunque en realidad, siendo sincera, es por mi maldita ignorancia.

Me explico: he escrito tal como me había propuesto… pero no se que tecla toqué que toda mi inspiración pasó al ciberespacio, no quedando nada guardado para la posteridad.
Como consecuencia de tal fracaso “agarré un cabreo descomunal” que me ha mantenido en el dique seco hasta ahora.

Si he podido vencer mi aversión a las nuevas técnicas (llegué a amenazar al mundo, diciendo que volvía al lápiz y papel) ha sido gracias a que Mari Carmen y Josep me han facilitado la escritura. Me han enseñado “a GUARDARLA” antes de editarla definitivamente en el blogger.
Esperemos que en esta ocasión todo transcurra sin sobresaltos y pueda por tanto dar paso a mi “Mente Jubilar”.

Quiero rescatar del ciberespacio-límbico, las sensaciones maravillosas que sentí en el primer fin de semana festivo, el de Todos los Santos.
Fuimos al Monasterio de Piedra el magnífico Quinteto formado por José y Nieves (padres de Josep, el marido de Berta, hija de Mari Carmen), Mari Carmen, Pepe y yo.
Un Quinteto perfecto, en armonía, risas y gustos.

(Un inciso: hago aclaraciones de parentesco, tal vez porque siempre echo de menos en todas las lecturas que hago, “del índice” en el que figuran los personajes que aparecen, en las novelas de Agatha Christie).

Allí se produjo el primer encuentro con mi nueva realidad:

Cuando fuimos a sacar las entradas para visitar el Monasterio de Piedra, mi gran sorpresa fue escucharme decir con orgullo:
¡ “Soy jubilada”!...
 y como consecuencia de eso ya empecé a ahorrar 4 euros.

La otra sorpresa fue que “no me pidieran el DNI para confirmar algo tan inverosímil ante tan hermosa mujer”.

Me hicieron fotos con la entrada.
Cuando aprenda más, también añadiré fotos a lo que diga.

Lo pasamos de maravilla. Nos dejamos invadir por tanta belleza.

Aquello es una puesta a punto para todos los sentidos.

Árboles. Agua en todas sus formas: cascadas, arroyos, lagos, pulverizada.
Mojándonos levemente...  sin olvidar esa “gota gorda y fría” que siempre cae en la cabeza o en el cuello, confirmándonos que estamos debajo de la cascada de la Cola de Caballo.

Andar y andar.

Subir y bajar escaleras hacia grutas angostas.

Dejarte en fin, inundar de una naturaleza insospechada que emerge de pronto como un vergel en medio de un ambiente inhóspito.

También el Monasterio de Piedra es volver a la infancia. Cuantas y cuantas veces hemos ido allí toda mi familia.
Cuantas y cuantas fotos nos hemos hecho en ese árbol caído hacia el Lago de los Espejos.
Repetida en esta ocasión una vez más.
Y aunque varía “el posado”, conforme van pasando los años, tengo que reconocer que el espíritu es similar al de entonces.

Bueno. Ya he roto el maleficio.

Mañana, más.

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