19/11/10
Ya es viernes.
Siempre ha sido un día de la semana, maravilloso.
Ahora con esto de la prejubilación ya tengo “puente” hasta el martes.
Luego vuelvo a trabajar el jueves y se inicia un nuevo “puente”.
Es decir: “de puente a puente y tiro porque me lleva la corriente”.
Yo tenía gran curiosidad de “verme” como me iba a comportar y que iba a representar en mí este cambio.
La realidad es que estoy en La Gloria.
Cambiar lo que se dice cambiar, poca cosa.
Sigo levantándome como siempre a las 6 y 15.
Sigo moviéndome de aquí para allá por la cocina, esperando que tras la dispersión matinal (sin orden: guardo un vaso, friego un plato, me tomo un café…) se produzca el milagro de la conexión neuronal al completo, lo que a la práctica representa “un orden lógico de actuación”. A veces, pocas, es el momento de sacar La Nocilla de la nevera y dejarla en su armario habitual.
Preparación de desayunos y charla matinal.
Y ya, todos con las neuronas en su sitio, cada uno, a su manera, inicia su trabajo.
Mi trabajo matinal consiste en estar informada, escribir, leer y pasear, si me da tiempo. Y es que la mañana se pasa en un suspiro.
Las tardes, igual que siempre.
Y si, estoy en La Gloria.
Mañana, más.
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