domingo, 22 de abril de 2012

EL NUMERO OCULTO DE MI TELEFONO MOVIL


20/04/12   Viernes


Esta mañana, a eso de las 8.45, tras dejar a Pepe en el taller, ha sonado el móvil.
Al ver que era “un número oculto” no he descolgado y he pensado como siempre:
“Si quieren  algo que dejen su mensaje en el contestador y según lo que sea, llamo”.
A los 5 minutos suena “la musiquita del móvil” y otra vez advierto que es “número oculto”.
En esta ocasión “domino mi curiosidad” y sigo fiel “a mi manera de proceder en estos casos”.
Como cada 5 minutos se repetía el mismo hecho, a la 6ª vez me he “comido mis principios” presa de una gran curiosidad.
He descolgado pensando que escucharía “un disco gravado” o que en su defecto, una voz femenina de allende los mares, me informaría de  maravillas aún desconocidas por mi, sobre “tarifas de móviles”.
He descolgado, ante tamaña insistencia, convertida en la persona “más maleducada y soez del mundo”.
He descolgado con el firme propósito de, tras los consabidos exabruptos más castizos que conozco, colgar inmediatamente, con un rotundo:
¡Por favor, déjeme en paz!!!!!.
Como digo, a la 6ª vez descuelgo y con el registro de voz más desagradable que he encontrado entre mis cuerdas vocales, inicio la siguiente conversación:
-         Si, dígame!!
-         Perdona que te moleste. Ya veo que debes de estar ocupada pues he tardado mucho tiempo hasta conseguir comunicarme contigo. ¿Puedes hablar ahora?
Su voz me suena desconocida pero “familiar” a la vez. Mi cerebro empieza a trabajar frenéticamente. Esa voz “grave y con acento extranjero…”, ¿a quién, a quién pertenece?.
Como me resulta imposible en esos segundos “ponerle cara a la voz”, contesto:
-         Si, si que puedo hablar ahora, pero ¿quién eres?.
Tras unos segundos de silencio… contesta:
-         Soy Sofía.
-         ¿Sofía?. Creo que te equivocas. No conozco a ninguna Sofía.
-         Si, si que me conoces.
-         ¿Eres alguna paciente mía?. Si es así perdona, pero es que soy fatal para los nombres. Dime algo más y así seguro que me acuerdo.
Tras una breve pausa, escucho, como “un chasquido en la noche” la siguiente frase:
-         Soy Sofía. La Reina de España!.
    Pasan unos segundos hasta que puedo contestar. Mi voz va acompañada con una “imperceptible reverencia”:
-         Majestad!... a que debo el honor de su llamada…
-         Ya conoces los malos momentos que esta pasando la Casa Real…
-         Si, los últimos acontecimientos perpetrados por Su Majestad el Rey con su inoportuna cacería de elefantes, han desencadenado en el gallardo pueblo español, un malestar generalizado.
-         Estamos consternados. Estamos desbordados por los acontecimientos.
-         La comprendo. Deben de ser momentos de verdadera confusión. No teniendo bastante con lo que atañe a la Infanta Cristina… Ahora se encuentra inmersa con la desaprobación del hidalgo pueblo español  ante los recientes hechos cometidos por Su Majestad el Rey. La comprendo.
-         Por eso te llamo. Sabía que me comprenderías. “Mi” Majestad el Rey ha perdido “ese humor campechano” que tanto agrada al bizarro pueblo español.
-         No debéis de afligiros más, Majestad. El noble pueblo español ha sabido captar el mensaje de Su Majestad el Rey y ha sabido valorar en profundidad sus palabras de perdón y arrepentimiento. La España de los conquistadores también sabe perdonar.
Además… y digo yo… ¿hay algún español en el mundo que no haya matado aunque solo sea una mosca?... ¡El que esté libre de pecado que tire el primer tiro al aire!.
Todos, todos… todos hemos matado a algún ser vivo… y a mayor pieza… mayor alcurnia… que menos que el Rey mate a un elefante…
Majestad, no le de más vueltas, lo hecho, hecho está: Ici factum est.
Tras unos segundos de silencio… la Reina prosigue:
-         “Mi” Majestad y yo…
-         Prosiga, Majestad…
-         “Mi” Majestad y yo somos muy distintos. Siempre ha sido así, lo se. Pero ahora… ahora es como si se hubiera abierto un abismo bajo nuestros pies…
-         A propósito de “pie”: ¿Cómo esta Froilan?.
-         Bien, bien… ya sabes como son los niños, traviesos pero fuertes como rocas… y más este que lleva por sus venas sangre real.
-         Perdón Majestad por el inciso… prosiga, prosiga…
-         Cada vez son más evidentes nuestras diferencias. De todos es sabido que soy vegetariana… ¡Hasta en las comidas somos diferentes1. Mientras yo disfruto comiendo un hervido de verduras, “bollitori” creo le llamáis en Alicante…
-         Si, Majestad, “bollitori”.
-         El Rey en cambio disfruta con las carnes rojas. Cuanto más rojas, mejor.
          Mientras yo disfruto con la música, el Rey disfruta con deportes violentos y arriesgados.
Mientras yo cultivo amistades con directores de orquesta, el se dedica a relacionarse con jeques árabes, deportistas y cazadores…
¡Somos tan distintos…!.
-         Majestad… no se aflija. El inteligente pueblo español sabe de ello y no le importa.
-         Me tranquilizas. Me siento mejor. Me veo capaz de todo. Estoy muy animada y con ganas de afrontar esta nueva etapa.
-         ¡Cuánto me alegra Majestad que mi humilde persona le haya servido de algo!.
-         Ahora ya solo te voy a pedir un último favor.
Como quiero agradar al Rey ¿podrías darme la receta de “Elefante en Pepitoria?.
-         Faltaría más… Apunte.
-         ¡Espera que cojo la pluma de ganso y un papiro!.
-         ¡Apunta, Reina!:
Se pelan 1000 kilos de tomates. 750 kilos de pimientos. 200 ristras de ajos. Todo esto se sofríe en 800 litros de aceite de oliva. Cuando coja un color acaramelado, se aparta en una fuente de Trevi.
Se coge el elefante, previamente pelado y chamuscado. Se trocea empleando una sierra eléctrica.
Se guardan vísceras, orejas, trompa y patas para cocinar en otra ocasión “callos a la boutsuanesa”.
A “infierno lento” se va friendo el elefante. Cuando ya este frito se añade el sofrito y sin parar de mover durantes unos 4 días, para que no se pegue, se obtendrá un suculento “elefante en pepitoria”, propio de un Rey.
Seguidamente se emplatará en un platillo volante y… ¡listo para comer!.
Como ve Majestad, es fácil de hacer y está muy sabroso.
A Tarzán le encantó cuando vino a cenar la otra noche.
-         Muchísimas gracias Victoria. Ya te contaré. Si quieres pásate por la Zarzuela y te llevas un tuper de elefante en pepitoria.
-         Gracias Majestad. Así lo haré.
          Adiós, Reina.
-         Adiós, querida súbdita.

Al colgar he tenido una agradable sensación de bienestar.
El bisoño pueblo español puede estar orgulloso de sus Reyes.
Tenemos justo lo que nos merecemos.



 

Mañana, más.

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