20/04/12 Viernes
Al ver que era “un número oculto” no he descolgado y he pensado como siempre:
“Si
quieren algo que dejen su mensaje en el
contestador y según lo que sea, llamo”.
A los 5
minutos suena “la musiquita del móvil” y otra vez advierto que es “número
oculto”.
En esta
ocasión “domino mi curiosidad” y sigo fiel “a mi manera de proceder en estos
casos”.
Como
cada 5 minutos se repetía el mismo hecho, a la 6ª vez me he “comido mis
principios” presa de una gran curiosidad.
He
descolgado pensando que escucharía “un disco gravado” o que en su defecto, una
voz femenina de allende los mares, me informaría de maravillas aún desconocidas por mi, sobre
“tarifas de móviles”.
He
descolgado, ante tamaña insistencia, convertida en la persona “más maleducada y
soez del mundo”.
He
descolgado con el firme propósito de, tras los consabidos exabruptos más
castizos que conozco, colgar inmediatamente, con un rotundo:
¡Por
favor, déjeme en paz!!!!!.
Como
digo, a la 6ª vez descuelgo y con el registro de voz más desagradable que he
encontrado entre mis cuerdas vocales, inicio la siguiente conversación:
-
Si, dígame!!
-
Perdona que te moleste. Ya veo que debes de estar ocupada pues he tardado
mucho tiempo hasta conseguir comunicarme contigo. ¿Puedes hablar ahora?
Su voz
me suena desconocida pero “familiar” a la vez. Mi cerebro empieza a trabajar
frenéticamente. Esa voz “grave y con acento extranjero…”, ¿a
quién, a quién pertenece?.
Como me
resulta imposible en esos segundos “ponerle cara a la voz”, contesto:
-
Si, si que puedo hablar ahora, pero ¿quién eres?.
Tras
unos segundos de silencio… contesta:
-
Soy Sofía.
-
¿Sofía?. Creo que te equivocas. No conozco a ninguna Sofía.
-
Si, si que me conoces.
-
¿Eres alguna paciente mía?. Si es así perdona, pero es que soy fatal para
los nombres. Dime algo más y así seguro que me acuerdo.
Tras una breve pausa, escucho, como “un chasquido en la
noche” la siguiente frase:
-
Soy Sofía. La Reina de España!.
Pasan
unos segundos hasta que puedo contestar. Mi voz va acompañada con una
“imperceptible reverencia”:
-
Majestad!... a que debo el honor de su llamada…
-
Ya conoces los malos momentos que esta pasando la Casa Real…
-
Si, los últimos acontecimientos perpetrados por Su Majestad el Rey con su
inoportuna cacería de elefantes, han desencadenado en el gallardo pueblo
español, un malestar generalizado.
-
Estamos consternados. Estamos desbordados por los acontecimientos.
-
La comprendo. Deben de ser momentos de verdadera confusión. No teniendo
bastante con lo que atañe a la Infanta Cristina… Ahora se encuentra inmersa con
la desaprobación del hidalgo pueblo español
ante los recientes hechos cometidos por Su Majestad el Rey. La
comprendo.
-
Por eso te llamo. Sabía que me comprenderías. “Mi” Majestad el Rey ha
perdido “ese humor campechano” que tanto agrada al bizarro pueblo español.
-
No debéis de afligiros más, Majestad. El noble pueblo español ha sabido
captar el mensaje de Su Majestad el Rey y ha sabido valorar en profundidad sus
palabras de perdón y arrepentimiento. La España de los conquistadores también
sabe perdonar.
Además… y digo yo… ¿hay algún español en el mundo que no
haya matado aunque solo sea una mosca?... ¡El que esté libre de pecado que tire
el primer tiro al aire!.
Todos, todos… todos hemos matado a algún ser vivo… y a
mayor pieza… mayor alcurnia… que menos que el Rey mate a un elefante…
Majestad, no le de más vueltas, lo hecho, hecho está: Ici
factum est.
Tras
unos segundos de silencio… la Reina prosigue:
-
“Mi” Majestad y yo…
-
Prosiga, Majestad…
-
“Mi” Majestad y yo somos muy distintos. Siempre ha sido así, lo se. Pero
ahora… ahora es como si se hubiera abierto un abismo bajo nuestros pies…
-
A propósito de “pie”: ¿Cómo esta Froilan?.
-
Bien, bien… ya sabes como son los niños, traviesos pero fuertes como rocas…
y más este que lleva por sus venas sangre real.
-
Perdón Majestad por el inciso… prosiga, prosiga…
-
Cada vez son más evidentes nuestras diferencias. De todos es sabido que soy
vegetariana… ¡Hasta en las comidas somos diferentes1. Mientras yo disfruto
comiendo un hervido de verduras, “bollitori” creo le llamáis en Alicante…
-
Si, Majestad, “bollitori”.
-
El Rey en cambio disfruta con las carnes rojas. Cuanto más rojas, mejor.
Mientras yo disfruto con la música, el Rey disfruta con deportes violentos
y arriesgados.
Mientras yo cultivo amistades con directores de orquesta,
el se dedica a relacionarse con jeques árabes, deportistas y cazadores…
¡Somos tan distintos…!.
-
Majestad… no se aflija. El inteligente pueblo español sabe de ello y no le
importa.
-
Me tranquilizas. Me siento mejor. Me veo capaz de todo. Estoy muy animada y
con ganas de afrontar esta nueva etapa.
-
¡Cuánto me alegra Majestad que mi humilde persona le haya servido de algo!.
-
Ahora ya solo te voy a pedir un último favor.
Como quiero agradar al Rey ¿podrías darme la receta de
“Elefante en Pepitoria?.
-
Faltaría más… Apunte.
-
¡Espera que cojo la pluma de ganso y un papiro!.
-
¡Apunta, Reina!:
Se pelan 1000 kilos de tomates. 750 kilos de pimientos.
200 ristras de ajos. Todo esto se sofríe en 800 litros de aceite de
oliva. Cuando coja un color acaramelado, se aparta en una fuente de Trevi.
Se coge el elefante, previamente pelado y chamuscado. Se
trocea empleando una sierra eléctrica.
Se guardan vísceras, orejas, trompa y patas para cocinar
en otra ocasión “callos a la boutsuanesa”.
A “infierno lento” se va friendo el elefante. Cuando ya
este frito se añade el sofrito y sin parar de mover durantes unos 4 días, para
que no se pegue, se obtendrá un suculento “elefante en pepitoria”, propio de un
Rey.
Seguidamente se emplatará en un platillo volante y… ¡listo
para comer!.
Como ve Majestad, es fácil de hacer y está muy sabroso.
A Tarzán le encantó cuando vino a cenar la otra noche.
A Tarzán le encantó cuando vino a cenar la otra noche.
-
Muchísimas gracias Victoria. Ya te contaré. Si quieres pásate por la Zarzuela
y te llevas un tuper de elefante en pepitoria.
-
Gracias Majestad. Así lo haré.
Adiós, Reina.
-
Adiós, querida súbdita.
Al
colgar he tenido una agradable sensación de bienestar.
El bisoño
pueblo español puede estar orgulloso de sus Reyes.
Tenemos
justo lo que nos merecemos.
Mañana,
más.
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