7/06/13 viernes
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Estoy a punto de llegar. Si estás allí no te muevas que me verás.
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Lo he dejado todo a punto. Solo tienes que ponerlo a calentar. Si en el
microondas.
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Viste!, yo tenía razón pero se puso tan pesado que hasta yo le di la razón para no oírlo más.
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Se me ha estropeado el ordenador y por eso no he podido mandarte lo que me
pediste.
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Si, a estudiar toda la tarde.
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Mira, no es momento ni lugar para comentar lo que pasó ayer..
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No, no me he vuelto loca ni mis neuronas inician un
patinaje prematuro.
Simplemente que de vez en cuando cojo el autobús y
conversaciones como esas están a la orden del día.
Ahora no se escucha “el tráfico”. Ahora el sonido de un
autobús es un montón de frases entremezcladas, porque todo el mundo habla por
el móvil sin el menor pudor a sentirse escuchado.
Al principio me creía que seria divertido.
Al principio prestaba atención a la conversación más
cercana.
Jugaba a imaginarme sus vidas con lo que escuchaba.
Ahora es un martirio escuchar tanta tontería sin comerlo ni
beberlo.
Es un mareo estar en medio de tantas conversaciones en
las que imperan los tonos elevados, sin ningún miramiento hacia la privacidad.
Yo creo que de seguir así se tendrá que imponer una nueva
ley en la que se prohíba la entrada en
algunos sitios con móvil.
A saber:
Eventos y reuniones familiares, ya que se habla más con
los que no están que con los que tienes a tu lado.
En Navidad y Fin de Año se emitirá un bando que diga:
“A las casas se tiene que ir con todo el mundo ya
felicitado”.
Es probable que a la larga se invente un mueble que se
instalará en el recibidor y que dispondrá de un montón de cajoncillos en los
que se deposite el móvil nada más entrar.
De no empezar a pensar en esto es probable que a la
larga, hasta con los de casa, nos comuniquemos solo por whatsapp.
Bueno después de hacer ese tipo de observaciones en los
que se vislumbra lo negativo del abuso de las nuevas técnicas, tengo que
reconocer que es maravillosa esa facilidad que tenemos hoy en día a estar
totalmente comunicados e informados de cualquier cosa que ataña a tus seres
queridos.
Tengo que reconocer que “ya no podría vivir sin móvil”.
Es maravilloso recibir una foto o un mensajito sin venir
a cuento.
En una palabra, es maravillosa la facilidad que tenemos
hoy en día de decirnos que “nos acordamos unos de otros” mil veces al día.
Mañana, más.
La misma sensación se tiene cuando se entra al Twitter y se leen conversaciones totalmente públicas de gente (muchos de ellos adolescentes) que sin pudor comenta sus desengaños amorosos, lo que harán esa tarde, o qué pasó el último día que salieron de fiesta. Me gustaría pensar que tanta exposición pública de intimidad es sólo temporal, pero mucho me temo que no será así.
ResponderEliminarUn abrazo fuerte