04/10/13 Viernes. San Francisco
Felicidades
antes de nada a todos los Pacos.
De forma muy
especial a “mis Pacos”. En ellos incluyo al Papa Francisco.
Que paséis
un feliz día.
Casualmente
hoy es también el día Internacional de la Sonrisa.
Feliz día
sonriendo.
Aunque yo
soy más de la risa y a ser posible de la carcajada.
Pero así se
empieza.
La sonrisa
no deja de ser la antesala de la risa y esta de la carcajada.
Os deseo por
tanto un día que empiece “sonriendo” y que finalice “a mandíbula batiente”.
Una vez
dicho esto, paso a comentar una de las últimas noticias del día.
Hoy mi mente
se queda anclada en los múltiples terremotos que asolan a nuestras costas mediterráneas.
Tengo que
contaros a los que aún no lo sabéis que yo viví en primera persona el terremoto
de Sevilla.
Corría el
año 1969. Mes de febrero. Yo estaba en Sevilla. Estaba en la Residencia de
estudiantes.
A eso de las
tres de la madrugada, todos dormíamos.
La habitación empezó a tambalearse.
Me desperté
con un fuerte golpe en la cabeza: el libro de Anatomía que estaba en la estantería
se precipitó sobre mi cabeza.
Me levanté
en seguida pero me caía porque el suelo se movía como los de esas casetas de
feria.
Todas las
compañeras se pusieron a gritar y se fueron a la calle en bata y camisón.
A mi bajar
así no me pareció correcto y me vestí.
Recuerdo que
me puse una camisa de rayas azules que por aquel entonces era “la camisa más
bonita del mundo”.
Me aseé. Me
peiné y tranquilamente bajé también a la calle.
Recuerdo que
hice todo aquello porque sabía que estaba viviendo “algo especial, diferente” y
tenía que estar a la “altura de la historia”.
Siempre he
sido muy novelera y en “mi novela no entraba ni el descontrol ni el miedo”.
Cuando bajé
a calle… jamás podré olvidar esa imagen:
La calle
estaba llena, pero llena de gente. Era casi difícil abrirte paso.
La inmensa mayoría
iba en pijama, camisón y bata.
Todo el
mundo era amigo.
Todos hablábamos
como si nos conociéramos de toda la vida.
Cada uno de
nosotros narraba como habíamos vivido el terremoto.
Nadie sabía
si lo correcto era estar allí o si tendríamos que ir a algún sitio determinado.
Todos temíamos otra réplica que no se produjo.
Ante tal
desconcierto yo opté por “pasear por el
barrio”. Al que conozca Sevilla diré que estaba en el Barrio de los Remedios.
Lo que más
me impactó a parte de esa “multitud amiga”, fue ver cómo la gente buscaba desesperadamente a sacerdotes y como la calle se transformó en un gran
confesionario. Había colas para confesarse.
… Y no
recuerdo más.
Luego todo
se fue normalizando y el día dejó de ser especial dejándose engullir por la
rutina.
No sé a día
de hoy cómo reaccionaría.
No es lo
mismo estar sola que tener una familia.
Lo que sí
que tengo claro es que me pondría la camiseta negra que compré en Sevilla que
lleva unos zapatos de gitana rojos con
topos blancos. Es mi camiseta favorita y
la ocasión lo merecería.
Veo que no
he cambiado mucho… sigue mi espíritu novelero intacto.
Bueno…
retomo la noticia que me ha hecho evocar vivencias pasadas.
… Las gentes
de Vinaroz, Peñíscola y demás, están en un sin vivir por la multitud de
temblores que se producen.
Todos temen
que los terremotos vayan a más.
Las
autoridades han dado instrucciones por si se produce lo peor.
Todos piden
explicaciones a los técnicos sobre las inyecciones de gas que se han producido
en la Planta Castor.
Lógicamente
dicen que todo estaba perfectamente estudiado y que nadie podía sospechar una
reacción así.
Creen que la
causa es un movimiento de la falla de Amposta.
¡Y digo yo!
:
¡Cómo es posible, sabiendo los geólogos como
saben que los movimientos de las fallas pueden desencadenar un terremoto, se les
ocurre hacer eso tan cerca de “las fallas de Valencia y Alicante!”!
¡Y menos mal que estamos en el mes de octubre!
¡Esto pasa
en marzo, por San José, o en junio, por San Juan y…No lo contamos!!!!!!
Mañana, más.
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