lunes, 19 de febrero de 2018

QUE NO ME ESPEREN EN "MAESTROS DE LA COSTURA"



Lunes 19/02/18

Nunca me he planteado presentarme a un concurso de la tele.

En esta ocasión he visto claramente “al que NO podría presentarme, jamás”.

No pienso “presentarme a Maestros de la costura”.

Esta seguridad, “esta decisión tan firme”, es fruto del resultado de dos generaciones.


Mi abuela Aurora era costurera, una buena costurera.

Contaba con orgullo que le cosía a la esposa del Barón del Bosch.

La baronesa, contaba, le enseñaba figurines y le decía:

-        ""  A ver, Aurora, si puedes hacerme un traje como el de esta revista…

Y luego nos decía:

-         Se lo confeccionaba, aunque la baronesa contaba a sus amistades que lo había comprado en París…

De eso mi abuela estaba muy orgullosa y también del trato que recibía:

-         Yo no comía con el servicio. A mí me servían la comida en una salita aparte.

Pero a pesar de su buen hacer, a ella no le gustaba “la esclavitud que conllevaba el saber coser”.

Cuando se casó, decidió dejarlo, pero claro, “ella sabía coser y también lo sabían las vecinas…”

Eso implicaba que a ella y a sus cinco hijos (cuatro chicas y un chico), les hacía los vestidos y para colmo, no podía rechazar a esa vecina que le decía:

-         ¿Aurora, me puedes arreglar esta falda?

-         - ¿Aurora, me puedes coger el dobladillo de estos pantalones?

Definitivamente no le gustaba, hasta el punto que no solo no enseñó a coser a ninguna de sus hijas, sino que decía con frecuencia:
-         Solo le pido a Dios que ninguna de mis hijas sepa coser.

Y Dios… se lo concedió!

Ni mi madre ni mis tías han sabido dar un punto.

Se decantaron todas, por ese término tan amplio de “oficinistas”.

Nosotras somos cuatro hermanas y sobre nosotras también ha llegado “la Gracia de Dios”…

Mi hermana María Eugenia se salva un poco. 
Ella es “especialista en remiendos. En aplicación de parches”, pero todo de forma “bastante precaria y sui géneris”.

Me explico.

Tiene unas zapatillas de ir por casa desde hace mil años y se resiste a tirarlas a la basura. Para ello ha tenido que ingeniárselas construyendo parches en el roce producido por los años en la parte correspondiente al dedo pequeño… una auténtica filigrana que provoca la risa a todas las hermanas, pero que a la vez lo contemplamos con gran respeto.

Curiosamente es su hija, es decir la biznieta, la que de forma innata, sabe coser maravillosamente. 
Es autodidacta, pero hace unos vestiditos perfectos, preciosos a muñecas. 
Aunque en esta ocasión “disfruta” con lo que hace.

Es tal su habilidad que hizo a ganchillo un muñeco que es la reproducción exacta de su marido Raúl.

Con ella, Dios nos falló un poco…


Pero volvamos al principio de esta historia. ¿Por qué yo sé que NO concursaré en Maestros de la Costura?

Porque en el colegio yo sufría como loca en las clases de costura.

En esas clases teníamos que coser “pañitos” y presentarlos para recibir la nota correspondiente.

Los “pañitos” tenían el tamaño aproximado de una octavilla y allí tenías que plasmar lo enseñado en clase.

Recuerdo perfectamente “mis pañitos”.

Llegaban sucios y arrugados de tantas manipulaciones. De tanta corrección. (Cuando tuve algo más de cultura, comprendí que era una Penélope en pequeño).

La cadeneta, la sabía hacer pero… “los ochos” eran totalmente desiguales.
Unos flacos, otros gordos… nada homogéneos.

El festón, lo mismo. Lo hacía, pero aquello parecía más una gráfica que un festón, pues lo mismo mantenía la altura como me pasaba de ella.

Los ojales… ¡Ay los ojales!... los hacía (yo todo lo hacía…) pero de tal forma, tan a conciencia, tan bien punteados que luego no cabía el botón… y al revés, como cosiera un botón, lo apretaba tanto que el ojal no podía entrar aunque fuese amplio.


Y así fui pasando los cursos, a trompicones, hasta que apareció ante mi “EL PUNTO DE INCRUSTACION”.

Eso ya fue demasiado!. Era imposible aprenderlo!

Por mucho que me lo explicara la madre María Luisa, yo no podía con él. 
Tanto es así, que vi claramente que el suspenso planeaba sobre mi cabeza. 

Decidí, en señal de buena voluntad, proponerle a la madre María Luisa que me lo enseñara los sábados por la tarde, que estaba dispuesta a todo con tal de aprenderlo.

Fui tres sábados seguidos, al cuarto, al verme, me cogió muy cariñosa por el hombro y me dijo:

-         Victoria, ya no vuelvas más. No estás dotada para la costura. No te preocupes te aprobaré igualmente…
-          
A mi Dios, me colmó con sus bendiciones.






Mañana, más.











3 comentarios:

  1. Soy Lola,
    Me ha encantado tu relato de la costura. Realmente eres una gran narradora... A partir del título de un reality televisivo has ido hilvanando recuerdos y vivencias formando una perfecta cadeneta.
    A pesar de que Dios te colmó de bendiciones, creo que la insisténcia de la madre Mª Luisa tuvo sus triunfos
    Continua así...

    ResponderEliminar
  2. Todo eso que cuentas yo no lo sabía. De todas sus nietas debo ser la más "despistada" o la menos "informada".
    Lo único referente a ese tema que he sabido siempre, es que cuando quedó viuda se negó en redondo y nunca volvió a coser. Cosa que jamás llegué a entender, porque en esa época, sin pensiones, creo, debió ser muy dificil sobrevivir con cinco hijos sin trabajar... Muuua

    ResponderEliminar
  3. Vicky, yo tampoco sabía esas historias, salvo la de la gracia para coser de Eugenia...., me ha encantado leerte, como siempre,y saber un poco más de mi bisabuela...abrazo fuerte!!!❤

    ResponderEliminar