martes, 22 de febrero de 2011

INVENTOS QUE OCULTAN LAS CARENCIAS

22/02/11         Martes



Por la noche suelo leer en la cama.
Cuando empiezo siempre pienso “hoy me va a costar dormirme”.
Y al cabo de un segundo cuando noto que voy “inventando” lo que leo, empiezo a sospechar que Morfeo me visita y si me descuido no me da tiempo ni de quitarme las gafas.
La verdad que es una suerte eso de no tener el más mínimo problema en ese tema.

El otro día hablando con mi hermana Carmela, pensábamos “que curioso y que raro es dormir”.
Por la noche nos acostamos muy serios y pasamos horas en ese limbo reparador que es el sueño.
Es necesario, pero no por eso deja de ser curioso e incluso misterioso.

Una de las cosas que me gusta hacer cuando leo es “quitarme las gafas” y comprobar “que no veo nada”.
Sin gafas la página se convierte en unas rayas negras horizontales más o menos largas, pero ya sin sentido.
Entonces me las pongo y oh! Milagro, vuelvo a ver.
¡Que invento!.

A veces pienso que de haber nacido en una tribu india, a mí ya me habrían abandonado en el bosque para cerrar el círculo de la vida y servir de comida a los lobos.
Y no me quejo!, sería lo normal.
Ya no podría morder las pieles ni coser los mocasines… Es que no puedo!.
Y lo aceptaría porque tendría que ser así.

Y luego pienso “que gusto vivir en esta época llena de inventos que camuflan nuestras carencias fisiológicas”.

Y es que eso de perder facultades es algo que sucede, como se producen las mareas, poquito a poco pero con espectaculares resultados.
¡Quien no se ha sorprendido de ver un montón de barcas varadas en la arena y al cabo de un rato verlas meciéndose tan tranquilas y tan contentas en el mar!.

Pues eso… poquito a poco… y dando gracias a Dios por los maravillosos inventos que nos permiten ser como siempre hemos sido.

Como esto está tomando un cierto cariz trascendental… quiero decir que estoy muy contenta porque me ha llamado desde Alicante mi hermana Maria Eugenia.
Le han realizado una mamografía y todo está bien.
Me llamaba porque había un párrafo que la intranquilizaba.
Al leérmelo a mi no me ha dado miedo.
Pero jamás actúo de médico, salvo que esté relacionado con mi especialidad.
La suerte que tengo es que sé quien sabe más que yo en ese tema y encima es mi amigo.
Lo he llamado y me ha dicho que no tiene importancia, que es un hallazgo frecuente y sin importancia.
Rápidamente la he llamado y le he dado la buena nueva.
Hemos terminado la conversación diciéndonos cuanto nos queremos.

También el tener amigos en quien confiar es como poder disponer de “gafas para el alma” y tengo que decir que soy muy afortunada.





Mañana, más.




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