25/02/11 Viernes
Ya han pasado 30 años del 23 F .
Es la perspectiva, es la visión desde la atalaya del tiempo, lo que hace a esa fecha, a ese terrible y rocambolesco acto, tener la magnitud e importancia que merece.
Aquel día mi hermana Carmela esta escuchando Radio Nacional y lo vivió en directo sin dar crédito a lo que estaba escuchando y sin entender bien lo que estaba pasando allí dentro, en el hemiciclo.
Podría tratarse de otra manera de narrar “la guerra de los mundos”, como en su día realizó Orson Welles.
Pero no, era real y nos estaba pasando a todos nosotros.
Yo solo fui realmente consciente de lo que podría representar aquello, cuando recibí una llamada telefónica de mi padre en la que me decía alarmado: “Milans del Bosch ha decretado estado de queda en Valencia y hay hasta tanques por la ciudad”.
Me recomendó que no saliera a la calle.
Había que esperar acontecimientos para ver como evolucionaba todo.
“Pon la radio y la televisión, aunque solo se escuchan marchas militares”.
Le pregunté que podría desencadenar esos hechos y me dijo que más valía que no lo pensáramos, pues podría haber otra Guerra Civil.
Seguí sus consejos.
Finalmente “El discurso del Rey” puso otra vez todo en su sitio y se volvió a respirar nuevamente una bocanada de Democracia.
Lo que más recuerdo fue “el día después”. Cuando Landelino la Villa, en el Congreso de los Diputados, daba un “discurso navideño”, en el que todos “nos queríamos mucho”.
Pensé “a ver cuanto dura”.
Pero la normalidad es esa:
Que cada uno vaya a la suya.
Que la oposición, se oponga.
Que todos crean que lo hacen mejor que el otro.
Esa es la normalidad: “todos contra todos”.
… Y aún que nos pese, esa es una buena noticia.
Pero luego viene La Enfermedad… y quien la padece pierde todos sus atributos de “líder”, de “contrincante”, de “intocable”.
La Enfermedad nos convierte en “PERSONAS” y ante una “persona” desaparece la saña, desaparece la ira, desaparece la confrontación.
Eso lo sabe muy bien Esperanza Aguirre.
Daba las gracias a todos pero recalcaba las muestras de cariño que ha recibido “de la oposición”.
Y es que la enfermedad nos hace a todos iguales y despierta los buenos sentimientos que cada uno tenemos cuando nos transformamos en “persona”.
Seguro que para Esperanza habrá “un antes y un después”.
Yo espero que ninguno de nosotros pierda la “esperanza” de dar cada día lo mejor de nosotros.
Así podremos con todo lo que nos echen.
Mañana, más.
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