martes, 18 de octubre de 2011

CUANDO TE ALCANZA EL DOLOR DE LA NOTICIA

17/10/11 Lunes


Cuando el dolor, el horror, la tristeza, la incomprensión, toma forma en una cara, en una persona concreta…
Cuando la terrible noticia pasa de ser escuchada, a ser sentida…
Cuando oyes el llanto…
Cuando conoces detalles  de cómo la vida ha truncado el feliz transcurrir del día a día, en una familia normal como la de cada uno…
Es cuando haces tuyo el dolor, el horror, la tristeza…
Es entonces cuando no comprendes nada y necesitas más que nunca del bálsamo del cariño de los que te rodean.

Ayer escuchábamos por televisión la terrible noticia:
“En Alicante ha muerto un niño de 8 años al desplomarse sobre el, un muro”.

Ayer llamé a mi hermana Aurorita como tantas veces, simplemente para “hablar”. Para “hablar” de todo y de nada.

Estaba rota, destrozada.
Sentí su dolor y se metió en mí.

El niño del terrible accidente es Javi.
Es el hijo de unas personas muy próximas a mi hermana y a mi sobrina Maria Eugenia.
Es el amigo de sus nietos.
Es el compañero del campus de verano en la hípica.

¡Cuánto dolor!.
¡Que pena tan grande!.

Un niño no debería morir nunca.

Un niño es como un “boceto”, como una “idea” que necesita tiempo para transformarse en una realidad, en una individualidad.

Un niño no debería morir nunca.



Aunque lo sepamos… nadie está preparado para la muerte.



Últimamente el “sentimiento de pérdida”, lo tengo a flor de piel. Convivo con el.

Cuando a un ser querido su edad avanzada, desdibuja toda su realidad, toda su personalidad, toda su capacidad de comunicación…
Cuando a un ser querido su avanzada edad, le hace perder todos sus recuerdos…
Cuando a un ser querido su avanzada edad, le impide reconocer lo que ha sido “el motor de su vida”, “el motivo de su lucha”, “la causa de su alegría”, “el porque de su orgullo”…

Es en ese momento cuando más necesita del amor y de la generosidad 
de los que hasta entonces “llenaban su vida” y que la edad “ha vaciado de sentido”.

Ahora necesita de ellos para atisbar, allá a lo lejos, una luz conocida, una luz familiar, que aún le de fuerzas para seguir queriendo estar entre nosotros.
Yo estoy convencida que si se “rompiera el cordón umbilical” de su entorno, de sus cosas, de las voces que siempre le han acompañado, su desorientación sería tal que se perdería en el laberinto de una vida sin sentido y nos dejaría de una forma precipitada.



Cuando la enfermedad es “irreversible”…
Cuando ya no existe la posibilidad de “una mejoría”…

Tengo la sensación de “estar en una estación de tren”.
Tengo la sensación de “estar esperando la salida”.

Pero al igual que el tren… no siempre hay “puntualidad en la salida”.
Y al igual que en el tren… es desesperante “permanecer en la estación esperando la salida”.

Sentimos con dolor y con algo de vergüenza que deseamos “que salga el tren lo antes posible porque la espera en una estación sin billete de ida y vuelta es insoportable”.

Situaciones como esta nos hacen conocer nuestro “lado oscuro”, aunque este sea perfectamente comprensible.
El no reconocerlo solo indica que es “tan oscuro” que nos negamos a verlo, idealizado en la autocomplacencia.

“El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.

La vida es tan inesperada cuando sale del cauce de la monotonía, que más de una vez nos hace “revisar el pasaje del viajero” y entonces descubrimos que se ha “borrado la fecha de la partida”.
Comprendemos nuevamente que no tenemos nada que ver en las cosas esenciales de la vida y que aquello que creíamos que se iba a producir, no sucede.

Me viene nuevamente a la cabeza la palabra: “generosidad”.
Mejor dicho, me viene a la cabeza la palabra “generosidad” y “justicia”.

“Generosidad” para seguir dando ya sin esperar nada a cambio.
“Justicia” porque nosotros aun seguimos teniendo memoria y sabemos cuanto le debemos.

Actuando así, estoy convencida que cuando su cabeza atisbe un poquito de lucidez, seguirá sintiéndose orgullosa de nosotros.




Un niño no debería morir nunca.





Mañana, más.












1 comentario:

  1. .
    Vicky aunque no sé de quién hablas ni conozco a ese niño tampoco he de decirte que se me han humedecido los ojos, porque son cosas que yo también he visto cercanas a mí...y porque tienes razón, toda la razón. Un beso...

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