07/10/11 Viernes
Ahora que de verdad y desgraciadamente se están produciendo los últimos coletazos del buen tiempo, ya empiezo a mirar con nostalgia todo lo que el Verano representa y la cantidad de buenos momentos que nos depara.
Yo viviría en un Verano eterno.
Ya se que hay muchísimas personas que no están de acuerdo con eso, pero aun así, si pudiera, lo impondría a modo de “decreto ley”.
Me encantan los días largos.
Me encanta que siga siendo de día “a las 9 de la noche”. En Huelva podíamos leer “a las 10 de la noche”.
Me encanta creer que hay cosas que hacer después de “las 7 de la tarde”.
Me encanta poder ir a la playa y disfrutar en ese estado de ocio, de la belleza del mar, de la belleza de un cielo azul, de la belleza de la arena, de color arena…
Echaré de menos “el poner las piernas encima de la mesa de la terraza”.
¿Os habéis fijado que subir una pierna encima de la mesa, solo se te ocurre cuando estás en la terraza?.
Jamás me he visto ni a mi, ni a nadie poner las piernas encima de la mesa del comedor con la naturalidad que todos lo hacemos con la mesa de la terraza, aunque luego comamos en ella…
Echaré de menos “la expectación que despierta en todos los comensales, el abrir un melón o una sandia”.
Echaré de menos esa confrontación de léxico, para definir las bondades o no, del melón o la sandia:
- Le falta dulzor.
- Si estuviera más fría yo creo que estaría mejor.
- Esta bien de dulce, pero es jabonera.
- La textura perfecta, pero está desabrida.
- Pues yo lo encuentro bueno!.
- Ya no tienen ese sabor que tenían antes.
- Si le pones un poquito de limón está mejor.
Y yo no podré decir por enésima vez:
“¡Jamás he vuelto a comer una sandía perfecta como la que comí en Grecia!”.
Ni escuchar la misma réplica:
“¡No sería tan buena!. Lo que pasa es que tendrías mucho calor y eso hizo que la idealizaras!”.
Ni podré indignarme ante tal aseveración.
Ni podré contraatacar replicando:
“Era tan buena que volvimos al día siguiente para comerla otra vez y ya no era lo mismo”.
Estamos en Otoño y las hojas de los árboles caen sin parar y… y no siento ninguna sensación especial.
Para sentir “algo” tengo que concentrarme mucho y pensar en la belleza de una arboleda, he imaginar en sus hojas esos colores dorados, ocres, granates…
Bueno, todo se andará…
Será cuestión de dejarse invadir por los acontecimientos y…
Y…
¡Vaya estafa de melón!
¡Y eso que tenía garantía!
¡Toda la propaganda es mentira!.
Y…
Y…
¡Que voy a hacer si me gusta el Verano!
Mañana, más.
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