15/05/12 Martes
Me he despertado tarde, muy tarde.
Eso de no tener “obligaciones” se ha visto reflejado en
que he dormido de un tirón hasta las 10 y 20.
Me he despertado “INDIGNADA”.
Debe de ser porque hoy es 15 M… O no?.
Estoy “indignada” porque he tenido un sueño, al parecer
inocente e intranscendente, pero que me ha dejado un terrible desasosiego.
Resulta que a mi subconsciente le ha dado por soñar la
tontería más grande del mundo… y sin embargo he acabado “arruinada y en
prisión”.
Os lo cuento.
Eran las 10 ó las 10.30 de la noche cuando a modo de
“excursión nocturna” me dirigía plácidamente con mi bolsa de basura a
depositarla como siempre en los contenedores que tenemos cerca de casa.
Nada más echarla, me veo rodeada por un comando armado
hasta los dientes, con las caras ocultas por pasamontañas y azuzando a sus
perros contra mi.
Los perros llevaban petos de distintos colores:
Amarillo.
Azul.
Verde claro.
Verde oscuro.
Todos los perros, excepto el del peto Verde claro, se
abalanzaban hacia mí, siendo el más agresivo el que portaba el peto Verde
oscuro.
El jefe del comando gritaba:
¡No lleva vidrio!. ¡No lleva vidrio!
¡Predominio de materia orgánica! ¡Predominio de materia
orgánica!.
¡Cuerpo a tierra!, ¡Cuerpo a tierra!.
Al grito de ¡Cuerpo a tierra!, me veo rodeada por cuatro
hombres del comando que primero me inmovilizan y que luego sin contemplaciones
me tiran al suelo boca a bajo.
Siento en mi espalda la presión de una enorme bota
militar y escucho atónita el chasquido de sus armas que apuntan todas hacia mí.
Desde la posición en la que estaba solo veía botas y
patas de perros excitados que se acercaban incesantemente hacia la bolsa de
basura que aun tenía en mi mano.
Mi cara sentía el frío y la sensación pegajosa del
adoquinado.
Mi garganta seguía sellada por el pánico.
Solo escuchaba gritos y ladridos entremezclados con los
latidos de mi corazón desbocado.
El jefe del comando ordena:
¡Con cuidado! ¡Con mucho cuidado, recoged el alijo de
basura!
Desde mi precario campo de visión veo acercarse “otras
botas” que se acuclillan a mi lado y con voz grave y severa me susurra:
-
Ahora suelte lentamente el alijo de basura y no le pasará nada.
Obedezco. Abro la mano. La bolsa de basura descansa
mansamente a mi lado.
Advierto “otras botas” que rápidamente se acercan y como las
“manos de un robot” teledirigido cogen lentamente la bolsa.
Era tal el silencio en aquel momento que solo se
escuchaba el murmullo metálico emitido por el robot.
Escucho de nuevo la voz de mando:
¡Abrirla!
¡Así!
¡Eso es!
¡Muy bien!
¡Separarlo todo!
…
…
¡Los perros no han fallado!
¡El alijo contiene muchos restos de pollo a l´ast, un
envase de leche, varios papeles de periódico y propaganda inofensiva!
¡No hay vidrio!. ¡Bien por el perro del peto verde
claro!.
¡Levantad a la antisistema!
¡Llevarla al coche patrulla!
¡Esposarla!
Desde las rejas de la ventanilla del coche advierto un
maravilloso paisaje verde, idílico.
Desde las rejas de la ventanilla del coche leo en el
cartel de la autopista: Gipúzoa.
De repente y por arte de “BILDU Birloque”, me veo en una
celda y en la mano una multa que asciende a 7.434 euros.
Como se que no los puedo pagar me animo pensando:
“No te preocupes, mañana pedimos un préstamo a Bankia y
todo resuelto”.
Dingdondag, dingdondag, dingdondag…
Me despierto!.
Es la primera vez que “adoro la musiquita del despertador”.
Mañana, más.
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