lunes, 28 de enero de 2013

OJO CON LAS COMPRAS POR INTERNET

28/01/2013    Lunes
 
IMPORTANTE:
Cualquier dato que aquí se exponga es fruto de la fantasía.
No quiero llamadas después de este relato.
Mi salud está a prueba de “bomba”.
Cualquiera relación con  la verdad es puramente casual.
Apartar a los niños de este relato.
 
 
Como ya sabéis los que me siguen, he tenido y tengo revisiones periódicas por el cardiólogo, afortunadamente sin sobresaltos.
 
Lo peor que le puede pasar a un médico, es ser médico y a la vez un ser humano la mar de corriente que oye campanas como todo el mundo y no acude al especialista para que le explique lo que de verdad quiere decir y en que medida y casos se puede aplicar cualquier conocimiento al que todo el mundo tiene acceso.
 
De todos es sabido que mi especialidad no es la de cardiología.
De todos es sabido que mi imaginación puede dar lugar a cualquier tontería aunque en este caso sea demasiado seria.
 
Como consecuencia de mis arritmias, llevo un tratamiento.
Como consecuencia de cualquier anomalía cardiaca uno teme un infarto de miocardio.
Como consecuencia de las películas, de lo que uno oye y de lo que uno sabe, uno se imagina siempre en el pastillero de un candidato al infarto, unas pastillitas de nitroglicerina para que llegados los síntomas de tan fatal situación pueda disponer de ellas antes de ser atendido en el Hospital correspondiente.
Al menor síntoma: pastillita sublingual ya que al producirse en nuestro organismo Oxido Nítrico (NO), se conseguirá un aumento en el aporte de Oxigeno y una disminución de su demanda por el miocardio. Pero siempre caminito al Centro correspondiente.
 
Pues bien! Como en mi pastillero no dispongo de esa pócima, decidí  “vía Internet” conseguirla.
Después de unas gestiones recibo en casa la ansiada nitroglicerina.
Por fin la llevo en el pastillero!
 
El otro día creí sentir “alguno de los síntomas indeseables” y ni corta ni perezosa vi que era el momento ideal para usar mis pastillas “milagrosas”.
Me puse debajo de la lengua la nitroglicerina.
Cogí un taxi camino del Clínico.
Al primer bache, se escucha una pequeña explosión.
Al segundo bache se escucha una explosión más fuerte.
El taxista mirándome por el espejo retrovisor me pregunta:
-         ¿Qué ha sido eso?
-         Yo con cara de póker le digo que no lo se.
Como con el siguiente bache el estruendo es enorme, se para el taxi y el taxista con cajas destempladas me dice:
-         Ya esta bien de bromitas!. Parece mentira a su edad!
-         Creo que ha sido la nitroglicerina.
-         ¿Qué lleva nitroglicerina?.
Al ¡sálvese quien pueda!, abandona el taxi  corriendo como alma que lleva el diablo.
 A mi se me ocurre mirarme por el espejo retrovisor y me veo sacando humo por la nariz y la boca como un fumador en sus buenos tiempos.
 
Empezando a sospechar que en “el tratamiento” algo ha fallado, yo también salgo de coche mezclándome entre la multitud para pasar desapercibida.
Sin parar de sacar humo, creo que hasta por las orejas.
Llego a casa, me meto en el cuarto de baño, me miro en el espejo, abro la boca y … veo una boca negra, como boca de lobo, cuando de repente se produce ¡la gran explosión!.
Al tener la boca abierta compruebo que cual fakir lanzo una llamarada seguida de tres explosiones muy flojitas.
Petrificada ante el espejo, compruebo por mi cara que realmente las pastillas me han ido de maravilla.
Si después de lo vivido no me dio un infarto… es que funcionan.
 
De todas formas consultaré a mi médico.
 
Ah! La boca ya blanca después de la lejía y el aguarrás.
 
 
 
 
Mañana, más.
 
 
 
 
 
 
 
 


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