lunes, 13 de enero de 2014

LAS IMÁGENES DE LAS MONTAÑAS TAMBIÉN PARECEN DE MENTIRA

13/01/14   Lunes

El otro día, en el concurso “Saber y Ganar” de tv 2, se hizo una pregunta aportando una imagen.

La imagen presentaba un derroche de colorido, una policromía perfecta de una belleza fascinante.

Pensé que se trataba de un cuadro.

Resultó ser: “montañas multicolores en China”.

Os invito a todos a buscarlas en Google.

Nadie quedará indiferente.

Son de una belleza indescriptible e imposible de imaginar.

Lo que me ha extrañado es que siendo algo único, insólito y de tal belleza no se conozca o no se haya difundido como para que la mayoría de personas lo conozcamos.

Que por mí no quede.

El resto depende de ti.



Cambio de tercio.

Esto de las rebajas es un arma de doble filo.

Hay que llevar cuidado incluso en la cuantía de la rebaja.

La máxima de que “nadie da duros a cuatro pesetas” aquí también tiene vigencia.

No es lo mismo “una rebaja en unos grandes almacenes, es decir en El Corte Inglés”, que “una rebaja en un mercadillo o en los chinos”, aunque estemos comprando lo mismo.

Aunque el precio era “sospechoso”, pensé:
-         ¿Por qué no?
-         Lo han rebajado porque con esto de la crisis ya no hay “nadie” que compre cremas de La Prairie.

Pero me volví a decir ante tamaña oferta:
-         ¿Pero tanto?

Mi repuesta final fue:
-         ¡Chica, cómpralo!
-         ¿No querías una rebaja?, pues más que esta no la encontrarás.

Total que ni corta de perezosa me compré de La Prairie “la crema de caviar” por cuatro perras.

La dejé en el estante del baño esperando “una buena ocasión” para estrenarla.

¡Qué mejor día para acicalarme que el Primero de Año?!

Así lo hice.

Quería estar espléndida ese día.

Abrí el precioso bote de crema de caviar y lo que primero me llamó la atención es que aquella crema era “negra como la pez”.

Después de sorprenderme “lo vi lógico”, ya que el caviar al que estamos acostumbrados es negro.

Además, como nunca había comprado con anterioridad esa crema, todo me iba pareciendo bien, aunque todo me extrañaba al principio.

Una vez abierto el bote, todo el cuarto de baño se inundó e impregnó de un fortísimo y nauseabundo olor a pescado que atribuí a los huevos de esturión.

Cuando ese olor desapareció o yo me acostumbre a él, procedí a darme una buena cantidad de crema por la cara.

Temía en un principio que la cara se me pusiera negra, pero no fue así.

Bueno “algo tostada”, si, pero como me gusta “el moreno”, no me preocupó.

Lo que si me llamó la atención fue que la cara se me puso, brillante, brillante, brillante, brillante.

Recordando a Carmen Cervera, la Baronesa Thyssen, sentí un gran sosiego ya que me brillaba casi tanto como a ella y vi en aquello como la prueba inequívoca de que estaba utilizando “La Prairie, autentica”.

A renglón seguido ya no se bien cómo explicar lo que me pasó y sobre todo lo que sentí.

Es difícil expresarlo ya que fue un aluvión de sensaciones extrañas que yo nunca había experimentado.

Noté recorrerme a lo largo de mi cuerpo un terrible escalofrío que se acompañó rápidamente por una gran tiritera con alguna convulsión entremezclada.

A la tiritera dio paso a un desequilibrio emocional, total.

Todo me daba pena.

Gemía, gemía y gemía pensara lo que pensara, recordara lo que recordara.

Todo me daba pena.

Lógicamente llegué a pensar a que “esa crema me estaba matando”.

Entre pucheros y llantos lastimeros, pensé que cuando “se vende un producto falso, siempre hay algo que el comerciante cambia para que llegado el momento de una queja, él pueda decir que ya lo explicaba en el prospecto”.

No necesité buscar el prospecto.  La caja de crema de La Prairie lo decía bien claro.

Entre sollozos, con la cara cada vez más brillante, pude leer entre lágrimas:

-         Para pieles SENSIBLERAS.


Me duró todo el día “la pena”.

Hablaran de lo que hablaran yo me echaba a llorar.

Tiré la crema a la basura.

Otra vez se cumplió la máxima.
-         “Lo barato sale caro”





Mañana, más.






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