lunes, 19 de mayo de 2014

UNA ENTREVISTA QUE CONMOVERÁ AL MUNDO

19/05/14   Lunes


Aunque con tres años de retraso, decidí por fin marchar a El Cairo.

Tres años en los que cada día era consciente que lo tenía que hacer.

Hace tres años que fue su cumpleaños.

Hace tres años que cumplió 40.

40 años es una de esas fechas de inflexión en la vida de cada uno.

A los 40 años, la vida ya está encauzada, por lo que uno ya sabe o imagina cómo será su futuro, ya que el presente está fraguado.

Si, tenía que hacerlo.

Sabía que estaría muy sola a pesar de su gran fama.

He consultado todo lo escrito sobre ella, pero jamás nadie ha podido conseguir una entrevista que nos permita conocer sus auténticos sentimientos.
Sabía que sería difícil pero tenía que intentarlo.
Hablar con ella era ya para mí una auténtica obsesión.

Preparé cuidadosamente todo lo relacionado con mi viaje a El Cairo.

Visado, alojamiento, planos, intérprete…

Vía diplomática conseguí lo más importante: un interlocutor en la embajada que estaba dispuesto a ayudarme a conseguir la entrevista que durante tanto tiempo había planeado.

Por fin tras cuatro horas de vuelo que me sirvieron para volver a poner en orden mis ideas, desembarqué en El Cairo.

Supe en ese momento que no había marcha atrás.

Empezaba la auténtica aventura.

Deseaba con toda mi alma conseguir todo lo hasta entonces soñado y regresar con un montón de información que el Mundo agradecería.

Tengo que reconocer que tenía miedo.

Miedo a lo desconocido.

Pensé que allí me sentía tan sola como ella y curiosamente esa sensación, en vez de amedrentarme, me dio un vigor infinito que hasta entonces desconocía.

En el aeropuerto y como vemos en las películas, un hombre de unos 37 años, alto, moreno, con bigote, apoyaba sobre su pecho un cartel con mi nombre.

Me dirigí a él,  me presenté, cogió mi pequeña maleta e iniciando la marcha me dijo con una amplia sonrisa:

-         Espero haya tenido un agradable vuelo. Ya verá cómo se encontrará aquí como en su casa. Hoy hace un día espléndido.

Me tranquilizó su perfecto español y su camaradería.

Después de una conversación totalmente informal y distendida le pregunté a donde me llevaría.

-         Dentro de media hora la recibirá el Director del Penal de Mujeres.

-         ¿Lo conoce?

-         Si, llevo varios años trabajando con él. Le gustará.

Es una persona muy afable que se ha tomado muy en serio su petición y que está dispuesto a facilitarle todo hasta conseguir la entrevista.

Además habla perfectamente el español y me consta que está dispuesto, si lo desea, ser su interlocutor, aunque la persona a la que entrevistará, domina varios idiomas.

Subimos en un Mercedes negro.

Me dijo que en unos 20 minutos llegaríamos al Penal.

Durante el trayecto me preguntó si pensaba conocer Egipto o si mi viaje era solo de trabajo.

Como no lo sabía, le respondí que todo dependía del humor con el que saliera después de la entrevista.

Solo hizo un gesto, pero creo que comprendió lo que le decía.

Efectivamente, el Director del Penal de Mujeres era un hombre de una amabilidad exquisita.

Tras cuatro palabras de bienvenida entró de lleno en el tema que nos ocupaba.

Con una gran sonrisa que reflejaba el éxito en sus gestiones me dijo cogiendo mi mano con las suyas:

Esta tarde a las 4, podrá por fin entrevistar a La Presa de Asuán.


Fue tal mi alegría que de forma espontánea me lancé a sus brazos para separarme rápidamente, disculpándome de mi espontaneidad.

-         No, no se disculpe. Yo también soy consciente y partícipe de su alegría.

-         Hoy usted y yo entraremos en la Historia.

-         Después de 43 años la Presa de Asuán ha concedido una entrevista que conmoverá al Mundo.


El tiempo pasó muy lentamente.

Aun así, escuchamos por fin las cuatro campanadas.

Junto al Director vi ante mi algo indescriptible.

Montañas de agua apiladas como en celdas.

Las compuertas se abrían a nuestro paso quedando las aguas aprisionadas a los lados.

No pude más que sentir algo similar a lo que sintió Moisés.

Por fin la vi.

Se dirigía hacia mí como una gran ola a una velocidad que daba miedo.

A unos cinco metros se paró y a borbotones me dijo:

-         Soy La Presa de Asuán, hasta hoy no he podido gozar de la más mínima libertad.

-         Pregúntame lo que quieras.


Aún sobrecogida pero con gran respeto le dije:

-         Antes de nada quiero agradecer de parte del pueblo español que dejaras sacar de tus aguas el Templo de Debod del siglo VII A.C. y que lo podamos admirar en Madrid desde que tuviste a bien permitir su rescate.

-         Creo que me sonrió.

-         Creo que se sentó.

-         Por fin me dijo:

-         Pregunta lo que quieras.

-         Le pregunté por su vida, por sus sentimientos.

-         A todo me respondió.

Próximamente saldrá todo publicado en una Revista Científica que conmoverá al Mundo.

He vuelto a Barcelona hace pocos días.

He vuelto tranquila.

He vuelto feliz.

La Presa de Asuán ya no estará nunca más sola.





Mañana, más.    










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