28/03/11 Lunes
Hoy si podemos decir eso de “los lunes al sol”.
Hace un sol esplendido.
He dado un paseo mañanero, muy agradable y con “gafas de sol”.
Ya sabéis de mi gran admiración hacia las “gafas” que nos permiten seguir viendo y disfrutando de ese maravilloso sentido que es la vista.
Pero como todo tiene “un pero”, tengo que hacer una observación ante la “injusticia humana” ante hechos similares.
De todos es sabido que el que lleva gafas se expone desde pequeño a la burla infantil de sus queridos compañeros de colegio.
De todos es sabido que pueden llamarte desde tu más tierna infancia: “cuatro ojos” a “el gafotas” de la clase.
Todo porque ven en esas gafas, una prótesis o una merma en tu condición física.
Desgraciadamente la burla se produce atacando lo que consideran “tu punto flaco” y eso de llevar gafas sigue siendo causas de conflicto.
Pero como cualquier problema, mucha culpa la tiene el que las usa ya que el mismo lo considera una tara, hasta el punto de preferir “no ver nada” a tener que llevarlas todo el día.
La prueba está que ante una foto, más de uno se las quita.
Pienso que es el rechazo personal ante cualquier situación lo que te transforma en “carne de cañón”.
¿Dónde está pues la injusticia humana?.
La injusticia humana está en que “las gafas de sol” son aceptadas por todo el mundo y encima tienen “un punto de glamour”.
El hacer esa observación lleva a reafirmar también la otra teoría.
Que todo depende de cómo vendas el producto.
Con gafas de sol “estamos guapos y glamorosos” y con gafas “de ver” estamos “feos y mermados”.
Como os podéis imaginar yo me veo guapísima con ambas gafas, disfrutando en cada momento de sus ventajas.
Aunque tengo que reconocer que todo es un aprendizaje, fruto de desmenuzar cualquier situación, considerada adversa, para seguir teniendo la moral y autoestima bien alta.
Que nadie nos coma la moral!
Y si alguien te la come… apártate de esa persona. No te interesa.
Lo maravilloso de esta vida es que quienes te rodean actúen sobre ti como “catalizadores” que hacen sacar de uno mismo lo mejor que lleva dentro.
Que nadie te corte las alas.
No desaproveches la menor brisa que aparezca en tu vida para volar lo más alto que puedas.
Para gustar primero hay que gustarse uno mismo.
Y el gustarse uno mismo no es otra cosa que aceptarte tal como eres y mirarte desde fuera con cariño, pues nadie mejor que tu sabe lo que has vivido para llegar a esas conclusiones.
Yo cuando me miro “desde fuera” veo a una niña pequeña, sentada en una silla, con las piernas colgando y moviéndolas lentamente.
Más de una vez, abrazadas, hemos llorado juntas.
Mañana, más.
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