viernes, 25 de mayo de 2012

UN REGIMEN COMO DIOS MANDA

25/05/12     Viernes



¡Que gran verdad cuando nos informan que hay que llevar cuidado con “las dietas” que realizamos para perder peso!
¡Que gran verdad cuando nos recomiendan que tenemos que pedir consejo al médico dietista para no poner en peligro nuestra salud!
¡Que gran verdad cuando nos avisan una y mil veces que no hay que  fiarse de las “dietas milagro”!
Todos por estas fechas, el que más y el que menos, desea desembarazarse de “esos kilitos” que hasta ahora pasaban más o menos inadvertidos al quedar ocultos bajo los abrigos y las chaquetas.
La necesidad de perder kilos de forma rápida es lo que se considera “poco sano” o incluso “peligroso”.
Por ese motivo y en esta ocasión pensé que lo más sensato sería consultar con “un médico” y que el me diera las pautas adecuadas para adelgazar sin tentar contra mi salud.
Así lo hice.
Una doctora amiga, me puso en contacto con otra doctora amiga suya, tras hablar de ella “maravillas” en el campo de las dietas.
Me dirigí a su consulta feliz, imaginándome ya los buenos resultados que obtendría tras su visita.
Nada más llegar a su consulta quedé sorprendida “del lujo” que allí se respiraba. No pude por menos pensar “la cantidad de dinero” que allí se manejaba. También eso me dio una especie de  confianza y tranquilidad, pensando que sería “muy buena”, de lo contrario no tendría tanto éxito.
La “enfermera” que me recibió, parecía sacada de una “revista de modas”.
No era guapa, ¡era bellísima!
Pensé en esta ocasión “que tan poco hay que pasarse”, pues la sensación que recibí en ese momento, no es buena ya que me sentí  ante su presencia “más gorda de lo que de verdad estaba”.
Me condujo a la sala de espera.
Era una sala inmensa, luminosa, agradablemente decorada.
No era “una sala de espera al uso”.
Había muchas mesas redondas rodeadas de cómodos silloncitos.
Las mesas estaban lo suficientemente separadas entre si como para sentir una cierta “privacidad”.
La sala también disponía de distintos niveles que dejaban ver alegres sofás.
Al comentario de: “siéntese donde quiera, doctora”.
Di un rápido repaso a la sala y me dirigí a la mesa que estaba al lado de un inmenso ventanal por el que se divisaba un jardín muy agradable.
Me senté en el silloncito.
El silloncito era alto y amplio, muy amplio.
Comprendí en ese momento que estaban hechos “para la ocasión”.
Altos para facilitar el ponerte en pie sin dificultad, independientemente “de tus kilos”.
Amplios para dar cabida a todo tipo de “posaderas”.

Una vez sentada me fijé, dando una mira panorámica, que estaríamos allí unas 25 ó 30 personas.
Allí se reunían “todos los pesos”:
Peso mosca.
Peso gallo.
Peso pluma.
Peso ligero.
Peso pesado.
Predominaban los “pesos pesados”, pero también vi varias “moscas” y varios “gallos”. Pensé que estos últimos estarían “de mantenimiento”.
Al poco tiempo de estar instalada, otra “enfermera” no menos “escultural” que la anterior me ofreció “una carta” de zumos y sándwich.
 Me sentía tan a gusto que cuando al cabo de un tiempo prudencial vino a preguntarme que deseaba, le dije:
-         Mira si. Me traes por favor un zumo de tomate con el frasco de pimienta a parte y… ¡este sándwich!, pero… en vez del huevo duro me haces un par de huevos fritos y en vez del atún me pones dos tiras de bacon (le dije “beicon” en vez de “tocino frito” por la elegancia del sitio).
-         Faltaría más, en seguida se lo traigo.

Me pareció escuchar cuando se marchaba: “¡no me extraña que esté tan gorda!”. Pero en seguida pensé que “eran manías mías”. Era imposible que una persona tan bella hubiera pronunciado tales palabras.
Me lo comí tranquilamente. Estaba buenísimo.
Luego me distraje leyendo artículos científicos sobre las distintas dietas más conocidas.
Tras leerlas, me sentía “dispuesta a todo”.
Al cabo de un rato escucho por megafonía:
-         Doctora Penalva diríjase a la puerta 3
 A pesar de que estaba allí precisamente para que me visitaran. Sentí al oír mi nombre un gran sobresalto.
Al grito de “doctora Penalva”, salté como un resorte del silloncito, tirando por el suelo la revista, el bolso y la chaqueta. Menos mal que no rompí nada.
Busco con la mirada “la puerta 3” y hacia ella me dirijo.
Llamo suavemente con los nudillos al tiempo que muy despacito abro la puerta dejando ver la mitad de mi cara y pronunciando un:
-         ¿Se puede?
-         ¡Pasa, pasa, Victoria!
Abro la puerta y entro.

Lo que allí vi…!!!!
Lo que sentí en un solo segundo…!!!!
… No se si seré capaz de contarlo tal como fue.

Lo intento:
Hacia mí se dirige con los brazos abiertos la doctora exclamando:
-         ¡No sabes las ganas que tenía de conocerte! ¡He oído tantas cosas de ti!... No, no te preocupes… todas buenas!
-         ¡Menos mal!. Yo también he oído muchas cosas de ti y también buenas!
Hasta aquí todo parece “normal”.
Hasta aquí no hay nada “extraordinario” .

Lo asombroso fue que la doctora, “otra escultural mujer sacada de la alfombra roja más exquisita”, iba “vestida” con un “biquini blanco” y a modo de bata llevaba “un pareo blanco”.
¡Eso si! Tanto el biquini como el pareo llevaban bordados el nombre de la doctora.

De entrada empezó a hablar sin parar de lo que le costó llegar “al peso ideal” y que ahora dada su experiencia quiere que todas consigamos alcanzarlo.

No paró de hablar de ella ni un solo segundo.
Al final me dijo:
-         Mira, como eres médico, no quiero aburrirte con mis consejos. Tú ya sabes perfectamente lo que hay que hacer.
Lo realmente importante es que comas 5 veces al día y bebas como mínimo 2 litros de agua.
Salí de su consulta “estupefacta”, “atolondrada”, “atarantá, como dicen en mi tierra”.
Eso si, con las ideas muy claras.

Ahora como 5 veces al día:

Desayuno: huevos revueltos con queso fundido. Tiras de bacon. Pan integral. Tres churros. Tostadas con mantequilla y mermelada. Agua mucha agua.

A media mañana: bocata de tortilla de patatas y un cruasant. Agua mucha agua.

Comida: ensalada. Alubias con chorizo. Carne rebozada. Pan integral. Agua mucha agua.

Merienda: sándwich de jamón y queso. Dos madalenas o dos ensaimadas.
Cuatro galletas integrales. Agua mucha agua.

Cena: ensalada. Cochinillo al horno. Puré de patata. Puré de manzana. Pan integral. Agua mucha agua.

Sin olvidar que siempre puedo añadir a la dieta una pieza de fruta o un yogurt descremado.
  
Si después de hacer este régimen como Dios manda, no pierdo peso…
Ya no se que voy a hacer!!!!




Mañana, más.




  










1 comentario:

  1. Buenísimo Victoria,...lo recreas tan bien que me he imaginado esa sala de espera con todo tipo de detalles, como si la estuviera viendo, qué gran imaginación la tuya, genial.
    Un beso grande

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