17/06/11 Viernes
Espera un momento.
Ya lo tengo todo a punto pero me apetece otro café.
Espera que bajo a hacérmelo.
Ya!.
Hace tan buen tiempo que apetece estar en la playa.
Ya falta menos para el ocio vacacional.
El otro día me sorprendí pensando en “La Ley de la Gravedad” de Isaac Newton.
Me sorprendí pensando por que Newton eligió la palabra “Gravedad”, como nombre que le damos “a la fuerza de atracción que se ejerce entre los objetos”.
Me sorprendí pensando que en realidad lo que hizo fue completar y ampliar lo que Galileo decía:
“Todos los objetos caen sobre la superficie de la Tierra con la misma aceleración y que esta aceleración es independiente de la masa del objeto”.
Me sorprendí pensando que ningún “descubrimiento” se alcanza sin el estudio y la participación de miles de antecesores.
Me sorprendí pensando que la vida es como los “Castells de Valls”.
Me sorprendí pensando que para alcanzar cualquier cosa se necesita primero, saber lo que quieres conseguir y después emplear horas de trabajo.
Me imaginé los “Castells”.
Vi esa base sólida de tantos y tantos anónimos para que “se luzcan los otros”.
Pensé como desde esa base, unidos unos a otros, se va levantando el castillo.
Pensé que para coronar el castillo se precisa de un niño o de una niña (enxaneta), totalmente entrenado para culminar la proeza.
Pensé que para alcanzar una meta, todos nos necesitamos, sin olvidar nunca al niño real o al niño que fuimos.
… Isaac Newton fue “l´enxaneta” de “la Ley de la Gravedad”.
¿Pero por que eligió la palabra “Gravedad”?.
No he encontrado en ningún tratado, en ningún estudio, en ninguna bibliografía, el menor comentario que de respuesta a mi pregunta.
¿Pero por qué eligió la palabra “Gravedad”?.
En Medicina la palabra “Gravedad”, nos alerta de un “peligro inminente sobre la vida”.
¿Por qué entonces “Gravedad”?.
Para encontrar una explicación me tengo que “meter en la piel de Newton”.
Me imagino sentada a la sombra del manzano.
Me imagino pensando en miles de teorías ya conocidas.
Me imagino sin encontrar la salida, a las miles y miles de ecuaciones que corretean por mi mente.
…
…
Me imagino en medio de esa aparente ociosidad, dando vueltas y más vueltas a todo lo que intuyo, pero que no puedo demostrar.
…
…
De repente, sin previo aviso, sin darme cuenta..
¡Cae sobre mi cabeza una manzana!.
Y… Oh! Maravilla… se despejan todas mis dudas.
Cojo lápiz y papel.
De forma frenética empiezo a escribir fórmulas que explican lo inexplicable hasta ese momento.
Acabo de ser consciente que he hecho un gran descubrimiento.
¿Por qué la palabra “Gravedad”?.
Pienso hacia mis adentros:
“¡Menos mal que lo que me ha caído en la cabeza ha sido “una manzana”.
De haberme caído “un piano” no lo cuento.
Tal vez estaría muerto o con mucha suerte “Grave”!”.
Ah!, ya se!, le llamaré “La Teoría de la Gravedad”, aunque no pienso contarle a nadie “lo del piano”, perdería romanticismo.
Solo contaré:
“Estando una tarde sentado a la sombra de un manzano…”
Mañana, más.
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