31/10/11 Lunes
Ya se ha producido el cambio horario!.
Ayer domingo a las 3 horas, por arte de birlibirloque, ya no eran las 3, sino otra vez las 2 de la madrugada.
Ayer domingo por arte de birlibirloque, nos dijeron que era “una hora menos” y todos sin rechistar lo creímos.
Ayer domingo por arte de birlibirloque, nos trasladamos todos por arte de magia, aunque solo fuera un segundo, “a Canarias”.
Sucede cada año y a todos nos encanta “armarnos un lío en ese cambio de hora”, como si fuera “algo dificilísimo de comprender”.
Sucede cada año y nos encanta seguir haciéndonos un lío los días siguientes, pensando: ahora son las 10 que representan las 11 horas de ayer… o eran las 9?... para que a continuación, aunque ya lo sepas, te corrijan diciendo: eran las 10 horas. Nos encanta hacernos “los tontos”, los días siguientes al cambio horario.
Para los que no viajamos, para los que no cruzamos el charco, es nuestro único momento al año para “sentir en nuestras carnes el famoso jet lag del que tanto presumen los viajeros más inquietos que nosotros”.
Verdaderamente siento un “mini jet lag” que se traduce en que no se bien si tengo hambre o sueño a deshora. Aunque en realidad cualquier hora es buena para dar un bocado o una cabezadita.
Como todo este tipo de cosas me gusta, he llegado a la conclusión que la “noche del 30 de octubre” es una especie de “noche de Navidad, en la que Papa Noel es sustituido por Relojeros”.
Los Relojeros mágicos, esa noche, se suben en sus corceles negros, para no ser vistos, y van casa por casa, ayuntamiento por ayuntamiento, iglesia por iglesia, torre por torre, cambiando las agujas de todos los relojes para que al día siguiente nos lo encontremos todo en orden.
Como sucede con Papa Noel, los “incrédulos creerán que han sido los padres quien han cambiado la hora”… Pero eso ya no me interesa. No me gustan los incrédulos.
Parece que nos “han regalado una hora” y así ha sido a la mayoría de mortales.
Pero siempre hay una minoría olvidada a que el regalo colectivo le ha costado por el contrario, dar una hora más sin ningún tipo de compensación.
Me estoy refiriendo a los que “trabajan de noche”. Los que hacen guardias de noche.
Esos olvidados, han trabajado una hora más sin que nadie se lo agradezca.
El que no haya hecho “guardias”, no puede imaginarse la rabia que da que te toque ese día.
Tampoco pueden imaginarse la desilusión que sufres en el cambio de guardia, cuando compruebas “lo bien informados” que están los que te relevan.
Nadie es tan “despistado” como para hacer el cambio “con el horario de ayer”.
Pero la ilusión no debe perderse nunca y siempre esperas “el despiste”.
Recordando mis guardias, aunque ya hace muchos años que no las hago, podéis imaginaros, si me vais conociendo, como tenía que luchar durante tantas horas por dar una “imagen de seriedad y profesionalidad”, cosa que conseguía, aunque con mucho esfuerzo.
Recuerdo que cada “receta” que daba a las pacientes era fruto de una lucha interna en la que siempre ganaba afortunadamente la “seriedad”.
A mí cuando “escribía una receta”, lo primero que se me ocurría era:
- “Si le parece bien le daré la receta de cómo mi madre hace la carne con tomate”…
Pero afortunadamente nunca lo hice.
Plasmaba en el papel un medicamento y nada más.
También recuerdo cuando daba “una baja” que pensaba:
- “si en vez de una “baja”, le doy una “enana”, pensará que está grave. Y por no asustar… le daba la “baja”.
Algo similar se producía cuando daba “el alta” y la paciente que tenía enfrente de mi no medía más de metro y medio…
Me escuchaba desde dentro decirle:
- Es imposible darle “el alta” con su estatura..
Pero vencía una vez más la tentación y cumplía con mi obligación como una profesional seria.
El colmo del dominio personal se producía cuando tras la biopsia de corion o la amniocentesis, venían las pacientes a recoger los resultados del cariotipo.
Siempre que el resultado era de normalidad y se trataba de una niña, es decir siempre que ante mis ojos veía: 46 XX, tenía que decirme “no seas tan graciosa y di simplemente que todo está bien y que tendrán una niña “.
Y así lo hacía.
Cual era mi tentación?
Mi tentación era la siguiente:
- Ya tengo los resultados (frase dicha con una gran sonrisa para enseguida disipar los temores de mi paciente).
- ¿Cómo han salido?.
- Todo perfecto. Todo ha salido bien y van a tener una niña. (Sin perder la sonrisa).
- Ay! que tranquilos nos deja. Aunque mi marido y yo pensábamos que todo saldría bien… hasta que no te lo dicen…
- Además les puedo afirmar que tendrán una niña grande, muy grande, pero que muy grande…
- ¿Y como sabe doctora que la niña será grande?.
- Es que el cariotipo de la niña es: 46 XXL
Menos mal que siempre he dominado mi lado “jocoso”…
Mañana, más.
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