28/11/11 Lunes
En Barcelona, de noche, por supuesto, la Guía Michelín de la Gastronomía, ha concedido las prestigiosas Estrellas.
Cantabria ha sido la gran ganadora. Ya dispone en el firmamento de esa bella tierra, 6 Estrellas.
España cuenta con 144 Restaurantes, con esa luz especial que le concede la Estrella Michelín.
La Guía Michelín es ya una anciana de 105 años, pero todos quisieran ser distinguidos con su mirada luminosa.
El cumplir años a lo imperecedero, le da solera y curiosamente juventud, ya que siempre se están renovando.
El número máximo, el número mágico, al que uno puede aspirar es a 3 Estrellas.
Buscando el “significado de cada Estrella”, me encuentro lo siguiente:
- 1 Estrella: muy buena cocina en su categoría.
- 2 Estrellas: vale la pena desviarse.
- 3 Estrellas: justifica el viaje.
También he leído que algunos se convierten “en esclavos de su Estrella”, hasta el punto que dos cocineros franceses se suicidaron al “perder su restaurante una Estrella”.
Eso me lleva a pensar lo importante que es saber incorporar “el éxito” en la vida de quien lo ostenta.
El éxito, como no se entienda como algo “pasajero que hay que disfrutarlo solo cuando lo tienes…” puede ser “lo peor que te ha pasado en tu vida”.
El éxito como no lo asimiles en su justa medida, puede llegar a destruir tu vida y la de los que te rodean.
Yo doy gracias a Dios “por saber llevar mi éxito de una manera natural y humilde a la vez”.
El éxito, no solo depende de ti. Depende de las modas del momento.
Eso lo se y estoy preparada para cuando desaparezca mi popularidad, no mi “éxito” que ya es cosa mía.
Seguiré en el anonimato siendo la misma.
No te digo que no echaré de menos ese “clamor cuando salgo a la calle”, pero como lo se ya me estoy preparando para ello y espero que no me coja desprevenida.
Para que veáis que realmente “soy humilde”, os contaré “de verdad” por que hoy el tema de conversación versa sobre “las Estrellas de la Guía Michelín”.
Como sabéis siempre soy invitada a los grandes eventos.
En esta ocasión fui invitada al Hotel Palace de Barcelona donde tuvo lugar la adjudicación de las prestigiosas y anheladas Estrellas Michelín.
En realidad todo ese “gran rodeo”, ese “gran preámbulo” que he dado, ha sido en realidad para ocultar el “bochorno” que sentí cuando mi nombre fue pronunciado desde megafonía, llegando a oídos de todos los que ocupábamos el gran salón.
Al escuchar mi nombre, lógicamente pensé que se trataba de un error.
Luego cuando vi que todas las miradas iban dirigidas hacia mí y que el moderador del evento, mirándome también, iniciaba una salva de aplausos atronadores, comprendí que no había error alguno.
Me puse en pié. Sonreí.
En el trayecto que iba desde mi mesa al escenario, pensé que tal vez había llegado a oídos de los organizadores, “aquel mes que sustituí a Mari Carmen en la cocina” y que “aquellas lentejas y paellas que hice”, merecían una mención especial.
Algo tenía que ser…
Cuando subí al escenario me besó el organizador y seguidamente salió “un gran muñeco Michelín” que me abrazada y saltaba alegremente a mi alrededor.
Sin perder la sonrisa, mis cejas arqueadas y la mirada insistente hacia el organizador, delataban mi perplejidad y mis deseos de conocer por fin de que se trataba aquella mención.
Fue el muñeco Michelín el que habló:
- En esta ocasión no vamos a dar Estrella alguna. Mirándome añadió.
- En esta ocasión vamos a dar “una llamada de atención A LA LORZA MICHELIN”.
- En esta ocasión solo le daremos “UNA LORZA MICHELÍN”.
- En esta ocasión solo es una advertencia de que de seguir así le daremos el año que viene “LAS TRES LORZAS MICHELÍN”.
El moderador cogiendo entre sus dedos “MI MICHELÍN”.
Dijo a los asistentes que la mejor manera de perderlos era :
- Ir a comer a los Restaurantes con Estrella.
- Los Restaurantes con Estrella de hoy en día se caracterizan por servir en un gigantesco plato blanco, una bolita de hidrógeno con sabor a limón y un pedacito de bacalao con textura del antiguo pan frito. Todo rociado con un hilillo de vinagreta con aroma de caviar.
Los aplausos fueros ensordecedores.
Todos los asistentes me rodeaban.
Todos querían “cogerme el Michelín”.
Yo les dejaba hacer…
Entre 10 personas me sacaron a hombros y en limusina me llevaron a casa.
Aún no se bien como tomármelo…
Aún no se si lo que siento es “bochorno” o “admiración a los michelines”.
Con este estado de confusión he perdido “algo” el apetito.
Tal vez no me viene mal el haber recibido “la lorza Michelín” y empezar otra vez a cerrar “el pico”, sin esperar al verano.
Lo dicho:
El éxito tiene muchas caras.
Mañana, más.
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