08/04/11 Viernes
… Y entonces…!!!
La verdad es que no se bien como seguir…
A ver, espera un momento a que la neurona de imaginar se ponga en marcha.
Ah!, si.
… Y entonces… en el Vaticano se hizo una reunión en la que participaban todos los Cardenales, con la finalidad de descubrir, tras el estudio concienzudo de las biografías de todos los Papas, cuales de ellos se habían destacado por haber podido “conciliar el sueño”, a pesar de las grandes preocupaciones que generan el dirigir a todas las almas de una manera justa.
Como ya no se puede fumar, decidieron cambiar “la fumata”, por el sencillo “pizarrín”, y así ir anotando, con “una cruz”, por supuesto, el número de votos obtenido cada uno de ellos.
Fabricaron un enorme panel con casillas.
En ellas figuraba el nombre de todos los Papas, desde San Pedro hasta Benedicto XVI.
Más tarde y a instancias del Secretario del Papa reinante, se decidió quitar del panel el nombre de Benedicto XVI, ya que el Papa desde que vio su nombre al lado de todos “los Santos Difuntos”, dejó de “conciliar el sueño”, pensando que aquello traería “mal fario”.
En un principio las votaciones fueros muy dispersas.
En un principio solo obtuvieron “una cruz” los siguientes Papas:
Paulo III
Inocencio III
San Silvestre.
Pío IX
Juan XXIII
Tras la verificación y anotación de los votos, se pasó a deliberar, el por que habían sido elegidos esos Papas.
La respuesta fue unánime:
Paulo III por el Concilio de Trento.
Inocencio III por el Concilio de Letrán.
San Silvestre por el Concilio de Nicea.
Pío IX por el Concilio Vaticano I.
Juan XXIII por el Concilio Vaticano II.
Al escuchar los organizadores del evento los motivos de las votaciones, reflejaron en sus rostros, un rictus de “la santa ira”.
Tras tragar sus santas gargantas los miles de sapos que querían aflorar por sus bocas, pasaron a volver a explicar que lo único que allí se votaba era a los Papas que habían podido “conciliar el sueño”, no los “concilios” más recordados de la historia.
Seguía por tanto expuesto “el pizarrín negro”, tras el fracaso de la primera votación.
Tras las largas horas transcurridas, pasaron los Cardenales a tomar un refrigerio preparado por las Monjas Clarisas.
De allí se recogieron en sus aposentos, con capilla privada, para encontrar, ayudados por la oración, el nombre o nombres de Papas que merecieran dicho reconocimiento.
A la hora sexta tuvo lugar la siguiente reunión.
El reencuentro fue acogido con un cambio de comentarios entre los cardenales.
Los murmullos cesaron ante la llegada del Gran Chambelán.
Los Diáconos volvieron a repartir nuevas octavillas con el nombre de todos los Papas.
En esta ocasión los votos fueron contundentes y unánimes.
Los Papas elegidos fueron:
Pío IX, por Pío NONO.
Juan XXIII por RONCALLI
Tras la algarabía.
Tras las felicitaciones que unos y otros se hacían.
Tras agradecer con sus oraciones la ayuda recibida por el Espíritu Santo…
Apareció por fin en el gran panel el “pizarrín blanco”.
Todos los Cardenales se abrazaban.
Todos los Cardenales no cabían en su gozo.
De repente reinó el silencio.
Sin previo aviso, y tras un sonido ensordecedor, se abrieron las enormes puertas de caoba que habían sido precintadas durante las deliberaciones.
Ante ellos estaba el Papa Benedicto XVI.
Lo vieron “más blanco que nunca”.
Todos pensaban: “parece de nácar”.
En medio de todos, unas alegres monjitas le cambiaron sus hábitos blancos por la vestimenta de las grandes solemnidades.
Llamó la atención como siempre:
La mitra.
El báculo.
La casulla, blanca por la solemnidad.
El alba.
El anillo del Pescador.
Y sobre todo esos zapatillos color vino.
Majestuosamente se colocó en el sitio más visible del gran salón y dijo:
¡¡¡“Habemus Bello Durmientus”. !!!.
En medio de una gran ovación, el Papa fue bendiciendo a cada uno de los cardenales.
Cada Cardenal recibió un ósculo del Nuncio de su Santidad y unas “yemas de Santa Teresa” para que su regreso a las respectivas diócesis, fuera lo más agradable posible.
Aquella noche todo el clero, sin distinción de jerarquías, “durmió a pierna suelta” como regalo de los Papas elegidos.
Mañana, más.
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