05/04/2011 Martes
Esto es el colmo de la crisis y de la desfachatez.
He recibido un mensaje en el móvil, de Automóviles Fernández, los concesionarios de la Mercedes aquí en Barcelona, a los que en su día puse como hoja de perejil ante el trato nefasto que tuve en su momento y que como sabéis, fueron los causantes de romper mis ilusiones.
El mensaje dice así:
“Tenemos 10 unidades de Mercedes Benz Clase C con un descuento mínimo de 7.000 €. Llámenos, etc, etc”.
Los he llamado y para que vieran que no soy tonta y que me mantengo firme en mis decisiones, les he dicho y les he hecho la siguiente contraoferta:
Les he dicho que deben de estar muy apurados para hacerme esa oferta precisamente a mí, después de que acabáramos como el Rosario de la Aurora, como consecuencia a su malísima gestión y ante el pésimo trato que recibí como cliente.
Tras recibir una “especie de disculpas”, entran de lleno a exponerme la maravillosa oferta por la compra de dicho Mercedes.
Yo sigo en mis trece y les comento que lo deben de estar pasando fatal y que deben de tener montones de coches sin salida para que se atrevan a intentar contar conmigo nuevamente, después de que como les dije, “jamás compraría otro Mercedes”.
Intentan nuevamente exponer las excelencias de la oferta.
Sin dejar que siguiera le digo que escuche mi contraoferta y que así, tal vez lleguemos a algo.
Mi contraoferta es la siguiente:
Ya que ustedes me ofrecen un descuento de 7.000 € como mínimo por dicha compra, yo les propongo que me den solo 5.000 € y se queden con el coche. Así ustedes cumplen con su oferta y yo cumplo con mis principios.
¿Qué les parece?.
Ante unos segundos de silencio por la desconcertante “contraoferta”, reacciona diciéndome que eso no es serio.
Yo le replico que serio o no, solo de esa manera entro nuevamente en tratos con ustedes. Y que para mí tiene toda la lógica del mundo.
Sin dejarle hablar le digo: “mire, esto me ha recordado un chiste”. ¿Se lo cuento?.
Si, cuente, cuente.
Va un hombre a un bar y pregunta:
· ¿Cuánto vale un café?
· 1 euro.
· ¿Y el azucar?
· Nada.
· Pues póngame un kilo de azúcar!!!.
Eso es lo que yo le estoy proponiendo, ni más, ni menos.
Se ha reído. Yo también.
No creo que me manden más mensajitos…
Mañana, más.
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