27/04/11 Miércoles
Siempre he pensado que los días van pasando mansamente, sin estridencias, sin grandes sorpresas, sin importantes cosas que hacer.
Pero… ¡Ay del día que “tengas que hacer algo diferente”!.
Ese día, te acosan por todos los lados.
Ese día, te invitan a miles de sitios.
Ese día, tienes que decir “no” a un montón de personas.
Ese día, tienes que quedar mal con todo el mundo.
Entonces pienso: “creerán que me estoy haciendo la interesante o que no me apetece quedar con ellos”.
Y no!. Solo siento rabia porque nunca pasa nada … pero el día que tengo algo diferente que hacer me llueven las citas.
Entonces me pregunto: ¿Por qué no surgen las cosas de una manera escalonada?.
Nosotras nos divertiríamos más y no tendríamos que quedar mal con nadie.
La experiencia me dice que aparentemente no tiene explicación, pero mi mente intuye que debe de haber algo turbio, no se por donde, que desencadena siempre situaciones similares.
Yo le llamo “el maleficio de las citas”.
En esos momentos, como en muchos otros, echo de menos “el Don de la Ubicuidad”. Así no me perdería nada.
Solo Dios posee ese Don. Solo El está Omnipresente.
Nosotros, tenemos que elegir.
Nosotros solo podemos hacer las cosas “de una en una”.
Y… es una pena pensar que siempre te pierdes algo.
Estoy pensando que ya es curioso haber inventado una palabra: “ubicuidad” que solo tiene sentido para “EL Ser Supremo”.
Una palabra que ningún “Ser Humano”, puede emplear ni disfrutar.
Pero bueno… que se le va hacer!.
Porque luego viene el reencuentro con las personas “que les has dicho: NO” y empiezan a contarte las miles de cosas maravillosas que allí se hicieron y dijeron y… tú… desearías tanto ser “un poquito Dios” en momentos puntuales! que te dan ganas de “hacer una novena”, para ver si la próxima vez puedes ir a todos los sitios y no perderte nada.
Si pienso en “las invitaciones”, todas ellas transcurren alrededor de una mesa con unas viandas y buenos vinos.
Dependiendo del anfitrión las viandas y los vinos cambian sustancialmente.
No es lo mismo “que te invite un flaco convencido” o “que te invite un amante de la delgadez como meta”.
A mi me gustan más las invitaciones de los “segundos”.
Siempre “temen quedarse cortos en las cantidades de las comidas” y la variedad y opulencia están aseguradas.
Además con “los opulentos”, si tienes mucha confianza, puedes llevarte a casa “los restos de la comida” y así al día siguiente “no tienes que hacer nada”.
Pero para que “te den algo”, tienes que conocer a tu anfitrión.
No es lo mismo que digan abiertamente:
· “Te preparo un tuper ahora mismo”.
O que te digan:
* “Llévate lo que quieras”.
Si tienes la suerte de que nombren “el tuper”, el éxito está asegurado. Te llevas algo a casa.
Si solo te dicen “llévate lo que quieras”, tienes que actuar con inteligencia.
Si no nombra “el tuper”, es porque sabe “que no se lo devolverás” y ya sabemos todos “lo que amamos a nuestros tupers”.
En ese caso tú, con toda la naturalidad del mundo, tienes que decir:
· ¡ Pués ahora que lo dices, me encantaría llevarme ese trozo de quiche lorena, que estaba buenísimo!. ¿Donde tienes el papel de plata?.
La clave está “en el papel de plata”. Te lo dará y le encantará que te lo lleves, porque no has ni siquiera pensado en la posibilidad de pedirle “su amado tuper”.
Siempre hay que actuar con inteligencia y con grandes dosis de psicología sobre el ser humano.
Es fácil!.
Todos en el fondo somos iguales.
Es muy probable que en esas “invitaciones”, ya independientemente de quien las realice, suceda “algo” que siempre me ha chocado.
Pongámonos en situación:
· Final de comida.
· Risas.
· Postres.
· Risas.
· Cava.
· Más risas.
Entre risa y risa la anfitriona levanta un poquito la voz y pregunta:
· *“¿Alguien quiere café?”.
En ese momento, ante esa frase que actúa como un resorte, todos dejan de reír y contestan al unísono:
· “Si lo tienes que hacer por mi, NO”.
· *” Pero si lo hago en un momento!”.
Todos enloquecidos siguen diciendo:
· No, no… que es mucha molestia.
· *”Pero si es un momento…”…
· …
· …
· …
· Bueno, si no es molestia yo me tomaría uno…
· *”Ahora mismo te lo hago”.
· Si lo vas a hacer, yo también me tomaría uno…
· Y yo…
· Y yo..
· Y yo…
· *”A ver, que levanten la mano los que quieren café”…
· …. …
· *”Siete, ocho…”. Tú no?
· Si lo tienes descafeinado, también…
· Vuelven las risas.
El que sepa que pasa cuando se nombra “al café”… que me lo diga!.
Mañana, más.
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