29/04/11 Viernes
Recuerdo, hace ya muchos años, yo tendría entonces 15 ó 16 años, cuando vivíamos en Gerona, que siempre escuchaba un programa por la radio en el que se relataban “anécdotas”.
Recuerdo que ese programa siempre empezaba diciendo (más o menos):
“Las anécdotas buenas no importa demasiado si se ciñen a la verdad. A veces son una bella fantasía que representan lo que pudo ser o debió de ser y no lo que fue”.
A mi me encantaba que me contaran anécdotas. Me daba igual el personaje. Me gustaba lo que decían de el. Nunca recordé a quien pertenecían.
Siempre me ha gustado “la anécdota”, “el relato corto”, “el cuento”.
Siempre he recordado esas frases al inicio de aquel programa de radio, porque estoy totalmente de acuerdo con ellas.
Siempre una “anécdota tiene un gran núcleo de verdad”, pero cuando la cuentas siempre introduces algo “que pudo ser o debió de ser”.
Pero esa “introducción”, sale de una forma natural.
En ningún momento tienes sensación de “mentir” o de “fabular”.
Creo que va inherente al ser humano.
Otra cosa que a mi me pasa al escuchar “anécdotas” es que de tanto oírlas me creo que yo las he vivido de una forma consciente y que “yo también las recuerdo en primera persona”.
El otro día hablando del Día de la Mona, decía que siempre en nuestras reuniones familiares “contábamos las anécdotas de toda la vida”.
Mi hermana Aurorita siempre cuenta que el día que nací yo, un 13 de junio de hace muchos años, en Alicante, ella “estuvo haciendo cola en una fuente para recoger agua en un cubo”.
Seguidamente mi hermana Carmela añade “era domingo y llovía. Yo me fui andando, de la mano de mi padre, a dar la noticia a la yaya Tonica. Claro!, entonces no habían móviles ni nada…”
Bueno, pues lo dicho: “yo VEO a mi hermana Aurorita en esa cola y a mi padre con Carmela de la mano yendo a dar “la buena nueva”.
También “me veo dando mis primeros pasos el día de San Fernando”. Ese día mi hermana Aurorita siempre me llama para recordarlo.
Creo que eso le debe pasar a todo el mundo ya que cuando nos reunimos los amigos “de toda la vida de La Maternidad” y recordamos las fiestas que allí montábamos a la menor oportunidad, siempre recuerdan cuando “Mari Carmen y yo nos poníamos a tocar la guitarra y cantábamos”.
Yo jamás he tocado la guitarra, Mari Carmen si.
Cantar, cantaba y sigo cantando a la menor oportunidad.
Pero jamás se me ha ocurrido “rectificar el recuerdo de las dos tocando la guitarra”. Es bonito y además, podría haber sido así.
No se donde quiero ir a parar con todo esto…
Tal vez quiera decir que la vida “son recuerdos puntuales de algunos momentos”.
Que tal vez la vida “está llena de paja” y que solo tiene cabida en la memoria “hechos puntuales” que bien por dicha o por dolor podemos contarlos siempre.
Aunque quiera, soy incapaz de recordar “un día en el colegio”, “un día en la universidad”, “un día de trabajo”, “un día en casa”.
Recuerdo algunas cosas del colegio, de la universidad, del trabajo y de casa.
Recuerdo cuando mi madre me enseñó a atarme los cordones de los zapatos. “Había que hacer un ocho”.
Recuerdo ir al colegio de la mano de mi padre y que me decía:
· “¿ Crees que podrás saltar de aquí a allá?”.
· “¡Claro!”.
· “Cógete de mi mano”.
Yo con mis dos manos me cogía de la suya y me llevaba en volandas hasta la meta establecida.
Siempre creí ser yo la que daba el salto.
Tanto es así que en el colegio decía:
· “Si quiero puedo saltar de aquí a allá”
· “Es imposible”.
· “Yo salto eso y mucho más”.
· “¡Pues salta!”
· “A mi solo me gusta saltar con mi padre”.
Y era verdad. Solo quería saltar con mi padre. Jamás pensé que no lo pudiera hacer, simplemente “no me apetecía dar esos saltos si no estaba mi padre”.
Ahora añado: ¡Menos mal!. Me hubiera quedado hecha polvo ante tal fracaso.
De la universidad recuerdo ir por uno de esos pasillos largos, en semipenumbra y ver de lejos a una china de mi edad (cuando ver a un chino era anecdótico, no como ahora) que se acercaba a mi muy sonriente…
Tengo que aclarar que de jovencita, tenía de forma acentuada “los ojos achinados”.
Como no era la primera vez que me sucedía, al verla venir tan sonriente, yo pensaba “vaya chasco te vas a llevar cuando te diga que soy de Alicante…”
Y así fue… Pero nos hicimos amigas.
De mi trabajo recuerdo con cariño dos anécdotas similares que en ningún momento “aclaré su equivocación a las pacientes”.
La primera fue en una Ecografía Obstétrica.
Las pacientes siempre traen el papel de la petición de la ecografía, escrita por su médico, informando del caso y solicitando la prueba.
Entra la paciente, se sienta frente a mi y al no darme ningún papel le digo:
· “¿Trae la petición?”
Tras unos segundos de nerviosismo, de hacer caras, como pensando más de la cuenta, me dice:
· “Bueno… yo solo pido que venga todo bien…”
Aquella ecografía la hice “sin papel de petición.
La otra fue en una Ecografía Ginecológica.
Antes de cada exploración les pregunto las cosas que pueden ser importantes de conocer, para intuir lo que puedo encontrar o lo que debo descartar.
La paciente era menopáusica.
De todos es sabido que una de las causas que requieren visita ginecológica es cuando una mujer menopáusica tiene pérdidas hemáticas.
Por ese motivo siempre empiezo preguntando:
· “¿Ha tenido recientemente alguna pérdida?”.
· “Bueno… reciente, reciente… no”.
· “Pero la ha tenido…?”
· “Si”.
· “¿Cuánto tiempo hace?”
· “Hace 8 meses que falleció mi padre”.
· …
· …
· “Lo siento. Estará pasándolo mal”… Bueno, ahora empezaré a realizarle la prueba…
Que decir tiene que no se me ocurrió hablar de “las pérdidas hemáticas”.
Seguro que otro día seguiré recordando.
Mañana, más
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